Así como Javier Milei prometió, en una frase que se volvió célebre, pasarle la motosierra al abultado Estado argentino, su aliado de extrema derecha en el vecino Brasil, Flávio Bolsonaro, viene agitando una tijera gigante en los actos de campaña.

Muy bien posicionado para ganar la presidencia más adelante este mes, tras quedar sorpresivamente dos puntos adelante en la primera vuelta, el hijo del encarcelado expresidente Jair Bolsonaro hizo del equilibrio de las cuentas públicas el eje de su plataforma favorable a las empresas.

De cara al balotaje contra el presidente de izquierda Luiz Inácio Lula da Silva, el equipo del senador de 45 años se comprometió a enfrentar el elevado endeudamiento y los altos costos de financiamiento mediante reducciones del gasto equivalentes a 1,5% del PBI (alrededor de u$s 40.000 millones).

“Voy a empuñar la gran tijera a partir de enero del año que viene. Va a haber recortes de impuestos, recortes de burocracia, recortes de corrupción”, dijo en un acto en agosto.

La deuda pública de la mayor economía de América latina trepó a 83% del PBI bajo el gobierno de Lula, un nivel relativamente alto para un país en desarrollo que, según advierten algunos economistas, corre el riesgo de volverse insostenible. El déficit presupuestario de Brasil está entre los más amplios del G20.

“Es muy urgente”, afirmó Alberto Ramos, economista jefe para América latina de Goldman Sachs. “Es una bomba de tiempo si no se la aborda”.

Los críticos de Lula sostienen que el aumento del gasto y los déficits presupuestarios obligaron al banco central a mantener una política monetaria restrictiva para contener la inflación. Pese a los recortes de este año, la tasa de interés de referencia está en 13,75%, lo que impone costos de financiamiento gravosos al gobierno, a los consumidores y a las empresas.

Bolsonaro prometió reducir la cantidad de ministerios y combatir los privilegios del sector público y el fraude en la seguridad social. Pero, más allá de eso, todavía no detalló por completo cómo lograría el ambicioso ajuste fiscal, que según los analistas podría ser políticamente difícil de concretar en un contexto de desaceleración económica.

Aunque los recortes que propone Bolsonaro son más modestos en términos porcentuales que la terapia de shock de Milei en la Argentina, sus promesas de rectitud fiscal fueron bien recibidas por los inversores. Las acciones locales y el real brasileño se dispararon después del resultado de la primera vuelta del domingo.

“Creemos que el shock positivo de confianza que generaría un triunfo de Flávio Bolsonaro podría derivar en una baja de las tasas de interés en el mediano plazo y, de ese modo, ayudar a mejorar la dinámica fiscal de Brasil”, dijo Jared Lou, gestor de carteras de William Blair.

Los planes de Bolsonaro incluyen una meta de deuda sobre PBI no especificada que, de no cumplirse, podría activar restricciones presupuestarias. Su equipo también prometió revertir las subas de impuestos de Lula.

Sin embargo, pese a todo el entusiasmo del mercado, hay dudas sobre la viabilidad de impulsar una austeridad impopular en momentos en que un período de crecimiento sólido bajo Lula pierde impulso. Las partidas obligatorias, como la seguridad social y los salarios, consumen alrededor de nueve décimas partes del presupuesto de Brasil, lo que le deja al gobierno poco margen de maniobra sin cambios legislativos.

La abultada factura de intereses del país es otra carga para las arcas públicas. Se prevé que su déficit primario, es decir, antes del pago de intereses, sea de 0,4% del PBI en 2026. Pero al incluir el costo de la deuda, la brecha se dispara a 8,9%, por encima de la mayoría de las principales economías del mundo.

Para evitar que la deuda siga aumentando, algunos economistas estiman que se necesita un superávit primario de alrededor de 2,5%.

“Voy a empuñar la gran tijera a partir de enero del año que viene. Va a haber recortes de impuestos, recortes de burocracia, recortes de corrupción”EFE

Aun así, los fuertes avances de la derecha en las elecciones legislativas del domingo reforzaron la confianza de los inversores en la agenda económica de Bolsonaro. Su Partido Liberal amplió su presencia como la mayor fuerza individual del Congreso y debería poder construir mayorías en ambas cámaras con el apoyo de otros partidos conservadores y de centro, según los analistas.

Se podrían encontrar ahorros apuntando a áreas como los llamados “supersalarios” del sector público, que superan un tope constitucional, y eliminando una regla que ata ciertos beneficios y jubilaciones a los aumentos del salario mínimo.

No obstante, esas medidas enfrentarían la resistencia de los grupos afectados y el lobby, y algunas de ellas, como las privatizaciones o la eliminación de exenciones impositivas a las empresas, requerirían aprobación parlamentaria.

“No creemos que Flávio vaya a poder cumplir con todo lo que está poniendo sobre la mesa, sobre todo con el recorte completo del gasto de 1,5% del PBI”, dijo Leonardo Meira Reis, analista político de la consultora Eurasia Group. “Pero, en términos más amplios, va a poder aprobar un nuevo marco fiscal... El Congreso va a respaldar con fuerza su agenda económica desde el primer momento”.

Advirtió, sin embargo, que ni siquiera un Poder Legislativo más conservador sería automáticamente disciplinado en lo fiscal. En los últimos años, los legisladores se quedaron con una porción creciente del gasto discrecional para proyectos clientelares, algo que podría resultar difícil de controlar.

El Partido de los Trabajadores de Lula advirtió esta semana que las políticas sociales y los servicios públicos podrían verse afectados por su rival de derecha, y señaló que el financiamiento de cosas como los comedores escolares y los medicamentos gratuitos se recortó o se congeló bajo el gobierno del padre del candidato. El padre de Bolsonaro fue criticado a nivel internacional por desmantelar los organismos de control ambiental.

Marcelo Kayath, un banquero que actuó como intermediario entre Bolsonaro y el sector financiero, afirmó que el candidato está comprometido con mantener los programas de asistencia social en un país profundamente desigual, y calificó ese enfoque como una “derecha compasiva”.

“[Bolsonaro] no tiene ninguna intención de recortar los programas sociales ni de hacer recaer el peso del ajuste fiscal sobre las clases más pobres”, dijo Kayath, ex titular de Credit Suisse en Brasil.

Pero advirtió que recortes serios en otras áreas son inevitables: “No tenemos alternativa. O es esto, o podríamos enfrentar una crisis dentro de unos meses”.

“Si no hacemos el ajuste de manera coordinada y constructiva, lo va a hacer el mercado... de forma descontrolada. [Eso] desataría una recesión mucho más aguda y severa de lo necesario”.