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Alerta envidia profesional: está en todos los trabajos y puede destruir una organización

Comparar nuestros propios logros con los de los demás puede alimentar nuestra ambición o provocar caos

Una compañera mía acaba de anunciar en las redes sociales que, además de su trabajo diario, ha publicado un libro de ficción y que pronto asumirá otro papel de alto perfil. Pero al leer la lista de felicitaciones, mis propias felicitaciones se atoraron en mi garganta.

¿Cómo puede ser que esta mujer más joven, más alegre y estúpidamente realizada esté impulsando esta existencia tan acelerada? Y aunque debería haberla felicitado por lograr otro (¡otro!) hito importante en su carrera, me envolvió un miasma de amargura y el monstruo de los celos se apoderó de mí.

¿Es la envidia profesional algo tan terrible? Todos debemos compararnos inevitablemente con los demás y, con toda probabilidad, nos comparamos con aquellos cuyas trayectorias profesionales podrían considerarse paralelas a las nuestras. No envidio a los neurocirujanos, a los activistas medioambientales que salvan el mundo ni a los artistas ganadores de un Oscar (bueno, no demasiado), pero cuando un colega publica una novela exitosa, escribe un artículo para el New Yorker, o consigue una oportunidad para hacer algo que parece más interesante de lo que yo estoy haciendo, siento surgir un profundo resentimiento.

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Ya que estamos condicionados - o al menos yo lo he estado - para imaginarnos a nosotros mismos en una línea de tiempo, escuchar acerca de los logros y realizaciones de otras personas es un cruel recordatorio de todas esas ambiciones que no he podido lograr. Ese sentimiento se profundiza cuando, como mujer, sientes que debes avanzar en la línea de tiempo y al mismo tiempo programar el momento perfecto para procrear: existe una esfera especial de envidia para aquellas personas que parecen acertar en todos los logros mientras mantienen relaciones y crían varios niños.

Medir tus logros en comparación con los demás es una ocupación desagradable, pero es una en la que todos participamos. Especialmente ahora, cuando las oportunidades parecen más abundantes mientras nuestra estabilidad financiera está disminuyendo. En un artículo reciente en el Atlantic, Rainesford Stauffer examinó las presiones que enfrentan los veinteañeros modernos y cómo los logros sociológicos que una vez reconocieron el paso a la edad adulta - "terminar la escuela secundaria, ingresar a la fuerza laboral, mudarse de casa, casarse, y tener hijos" - han cambiado irrevocablemente. Aunque la ironía de que la propia Stauffer todavía tenga solamente veintitantos años es algo irritante, desmantela elegantemente la mitología popular de que los veinte son una "edad de oro".

Del mismo modo, Thanks for Waiting (Gracias por esperar), un nuevo libro de Doree Shafrir, describe con un detalle un tanto interminable su experiencia de alcanzar sus metas de forma tardía, destacando la tiranía de su línea de tiempo y su preocupación por terminar sola.

La envidia es corrosiva, fea y debilitante. Es lo opuesto a ser encantador, fraternal o generoso, pero al menos permite cierta honestidad sobre dónde sientes que deberías estar en tu vida

Pero mientras me pregunto si la envidia es el combustible perfecto para impulsar nuestra producción creativa o profesional, la psicoterapeuta y consultora empresarial Naomi Shragai responde a mi llamada por teléfono. "La envidia está en todas partes en el lugar de trabajo", reconoce la entrenadora ejecutiva y autora del próximo libro, The Man Who Mistook His Job for His Life (El hombre quien confundió su trabajo con su vida). "Pero si bien puede ser saludable (si se reconoce), también puede ser increíblemente destructiva. La envidia en el lugar de trabajo es natural, ya que es mucho más probable que sientas envidia hacia las personas más cercanas a ti profesionalmente. Pero pocas personas reconocen que están sintiendo envidia y, por lo tanto, la manifiestan de otras formas hostiles".

Shragai, quien generalmente trabaja con profesionales que buscan ayuda para formación de liderazgos y lidian con actitudes tóxicas, no es fanática del comportamiento envidioso. "Puede ser catastrófico dentro de una organización", continúa. "La retención de información, la falta de comunicación, la negativa a ayudar con una presentación"; todas estas cosas pueden paralizar un lugar de trabajo, pero son tan sutiles que incluso el agresor puede no reconocer la raíz de donde proviene el problema.

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Shragai tampoco tiene mucha paciencia con la línea de tiempo, un conjunto de objetivos que, según ella, sirven para hacer que la gente "se sienta mal" consigo misma. Esto no me ayuda mucho, ya que yo seguramente necesitaría una docena de consultas psicológicas para deshacerme del conjunto de logros que creo que están grabados en mi cerebro.

Pero voy a intentar abrazar la buena suerte de mi colega. Se lo merece, aunque me parece que es ridículamente joven. O sea, espero que no se sienta sobrecargada con toda esta responsabilidad adicional. ¿A quién engaño? Sigo increíblemente envidiosa.

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Comentarios

  • RF

    Roberto Farias

    02/07/21

    TARDE ME DI CUENTA DE ESTO....PERO SI.................Y ESTA POR TODOS LADOS

    INCREIBLE QUE HAYA TANTA GENTE METIENDOSE EN TU VIDA Y TRATE DE DERRIBARLA,,,,,SOLO PORQUE GANAS UNA LUCA MAS QUE EL O TENES EL ASIENTO MAS MULLIDO DE LA OFICINA

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