

La navaja apareció de repente entre la multitud y se hundió en el rostro de Park Geun-hye, provocándole una herida que se extendió desde su oreja hasta la mandíbula derecha. Mientras se agarraba su rostro en agonía, los observadores se preguntaban si Park correría la misma suerte que su padre, el dictador asesinado tres décadas antes. Díez días después, Park Geun-hye estaba de vuelta en la carrera electoral - y camino a convertirse en la primera líder del noreste de Asia.
Para los seguidores de Park, su estoica respuesta ante el ataque que sufrió en 2006 refleja la resistencia y dedicación, que la convirtieron en la nueva presidenta de Corea del Sur. Su victoria es un hito en una región en la que las mujeres son relegadas de la esfera empresarial y política.
"Me han permitido comenzar una nueva era", Park declaró ante una multitud reunida en la plaza central de Seúl, después de que la victoria fue confirmada el miércoles por la noche. Sin embargo, mientras se prepara para asumir su cargo en febrero, Park analiza cómo ganarse a los muchos surcoreanos que no la ven como un símbolo de cambio, sino como el vestigio de un pasado político que quisieran olvidar.
La historia está arraigada en el discurso público en Corea del Sur, que en cuestión de décadas ha pasado de la pobreza y la dictadura a la democracia y la prosperidad. El padre de Park, el general Park Chung-hee sentó las bases para el crecimiento mediante el direccionamiento de fondos a los fabricantes exportadores que siguen siendo el corazón de la economía, ahora la cuarta más importante de Asia. Pero el general erosionó las libertades civiles y muchos disidentes políticos fueron intimidados, torturados o asesinados.
Cuando Park se postuló a la presidencia, sus oponentes decían que la negación a criticar a su padre dejaba ver que ella gobernaría con un estilo autoritario similar al del general. En septiembre, la recién elegida presidenta se disculpó en público por "el dolor y el sufrimiento" durante el gobierno de su padre. Pero no lo condenó. "No creo que el pueblo de Corea quiera que yo, su hija, escupa sobre la tumba de mi padre", afirmó haciendo referencia a las reglas confucianas de respeto filial.
Nacida en 1952, Park se instaló en la Casa Azul a la edad de 9 años, después del golpe militar de Park Chung-hee en 1961. Allí pasó el resto de su niñez, antes de mudarse a París para estudiar francés. Regresó en 1974, después de que su madre fuera asesinada, alcanzada por una bala que iba dirigida a su padre, en un atentado perpetrado por un norcoreano. Park Geun-hye asumió entonces el rol de primera dama y tuvo que entretener a hombres de estado extranjeros y asistir a ceremonias estatales - hasta que también el general fue asesinado de un balazo, durante la cena, por su jefe de inteligencia.
Cuando la despertaron en medio de la noche para darle la noticia, Park dice que sus primeras palabras fueron: "¿Es segura la frontera con Corea del Norte?" A pesar de esta frialdad aparente, la muerte de su padre la afectó mucho y tomó distancia de la vida pública. Durante 19 años trabajó en una fundación de caridad y leyó extensamente sobre filosofía y espiritismo.
En 1998, cuando Corea del Sur fue golpeada por la crisis financiera asiática, Park decidió entrar a la política. Rápidamente se transformó en una de las principales figuras del Gran Partido Nacional, conservador y dominado por hombres, del que luego se convirtió en presidenta. A principios de este año, lo renombró el Partido de la Nueva Frontera y realizó una campaña que resultó en una sorpresiva victoria en las elecciones parlamentarias de abril. Logró ascender a pesar de ser una oradora terrible.
"No es una gran comunicadora, pero tiene un gran talento para la gestión de crisis", señaló Ahn Byung-jin, autor de un libro sobre Park. "El liderazgo decisivo es su principal atributo - de tal palo, tal astilla", agregó el escritor.
Sus oponentes prefieren vincularla con las características menos atractivas de su padre. "Conduce su partido en forma autoritaria y antidemocrática", dijo Lee Hae-chan, ex líder del partido opositor Democrático Unido.
Una clara diferencia con su padre es su postura con respecto a Corea del Norte, con quien prometió fomentar el diálogo - al mismo tiempo que mantiene la presión para que Pionyang abandone su programa nuclear.
Para muchos surcoreanos, sin embargo, las apariciones públicas tan controladas de Park y su tan resguardada privacidad hacen que sea difícil acceder a ella. Una mujer con voz suave, que nunca se casó ni tiene hijos, Park tiende a evitar la publicidad y prefiere pasar tiempo leyendo o practicando yoga. Shim Jae-hoon, un comentarista político, dice que las apariencias pueden engañar: "Es mucho más fuerte de lo que parece - creció en circunstancias muy difíciles".
Su estilo reservado le ha valido acusaciones de arrogante. Este año, Jun Yeo-ock, ex vocera del Gran Partido Nacional, recuerda en sus memorias un incidente que tuvo lugar en un acto político: "Estaba sentada detrás de Park cuando comenzó a llover. Un legislador me dijo que le pusiera la capucha del piloto. Me sentí incómoda - ¿por qué no se la ponía ella misma? Lo hice, pero ella no dijo nada".
Lee Chung-min, asesor de Park, la defiende de las acusaciones de insensibilidad: "Es una muy buena oyente - escucha todas las campanas. Y lo que dice en público es lo mismo que dice en privado", agregó el asesor.
Sus pronunciamientos públicos no han sido lo suficientemente explícitos para algunos votantes. "A la generación mayor le gusta, pero yo no la escuché delinear políticas claras", comentó una mujer de 32 años al salir del cuarto oscuro en Seúl.
Su campaña se centra en controlar los conglomerados chaebol, aumentar el gasto público y respaldar a las pequeñas empresas. Cada vez son más los surcoreanos que sienten que el modelo económico del país, dependiente de las exportaciones y basado en el crecimiento, debe ser modificado para ayudar a aquellos que han quedado rezagados en la racha de prosperidad.
Algunos escépticos sostienen que Park, al ser una política conservadora que proviene de una familia con poder, hará poco más que preservar el status quo. Si cumple sus promesas de crear una sociedad más justa, podría demostrar que los incrédulos se equivocan - y escapar de la sombra de su padre.
Traducción: Natalia Alvarez










