Jill Mather planeaba un retiro tranquilo tras décadas de jornadas de hasta 80 horas semanales en la industria gastronómica. Pero la pandemia cambió sus planes y, sin buscarlo, la convirtió en la líder de un movimiento ambiental.
Seis años después de empezar a recoger basura ella sola durante sus paseos matutinos por California, la red de voluntarios que encabeza ha retirado, según ha confirmado Times of India, casi 750.000 libras, equivalentes a 340 toneladas, de desechos de las vías públicas.
Todo comenzó en 2020, cuando el confinamiento interrumpió de golpe sus planes de descansar y viajar. Para sobrellevar las restricciones, Mather empezó a caminar cada día unos seis kilómetros por su vecindario.
Al ver la constante acumulación de latas, botellas y plásticos en las aceras, decidió actuar: “Al menos puedo dar un buen paseo”, se dijo una mañana antes de salir provista de bolsas, según relató en 2022 en entrevista para el medio estadounidense Patch.
De caminar sola a movilizar a los vecinos
La iniciativa individual dio un salto cuando Mather decidió convocar a sus vecinos a través de la red social comunitaria Nextdoor: “Camino todas las mañanas y recojo basura. Si quieres unirte, nos vemos frente a la cafetería a las 8 de la mañana”.
Al día siguiente, una docena de personas acudió a la cita. Tras limpiar un parque cercano y compartir un café al terminar, aquella experiencia dio origen a la organización sin ánimo de lucro Volunteers Cleaning Communities (VCC).
Con el tiempo, las operaciones del grupo se extendieron a nuevas zonas: calles principales, parques regionales, tramos del río Los Ángeles y las inmediaciones de un refugio de vida silvestre.
La organización adoptó incluso un tramo de más de cinco kilómetros de una autopista, en colaboración con el Departamento de Transporte de California. Mather asume esa labor como “una responsabilidad para toda la vida”.
El modelo de Jill se replica barrio a barrio
Para ampliar su alcance, VCC lanzó el programa Adopt 1 Street, que facilita chalecos de seguridad, pinzas y bolsas a más de 250 voluntarios encargados de mantener limpios sectores concretos de sus propios barrios.
Cada persona decide con qué frecuencia sale a recoger residuos. Además, Mather visita con regularidad institutos para animar a los jóvenes a participar a cambio de créditos de servicio comunitario, buscando implicar a las nuevas generaciones.
El valor del proyecto va más allá del impacto ambiental y se ha convertido en un motor de cohesión social. “Son mi nueva familia”, resumió Emilie Koster, exvoluntaria de la Universidad de California en Los Ángeles (UCLA).
Su testimonio refleja el vínculo que ha nacido en torno a una iniciativa que empezó como un hábito individual y terminó transformando a una parte de la comunidad. Su organización se consagró como Entidad sin Ánimo de Lucro del Año 2022 en California.