

Durante años, la construcción fue uno de los motores económicos de España. Sin embargo, hoy el sector enfrenta un problema que pocos imaginaban: faltan trabajadores para levantar viviendas y ejecutar obras.
Mientras las ciudades no dejan de crecer y las casas necesitan reformas, cada vez resulta más difícil encontrar a personas que quieran aprender los oficios que hay detrás de cada obra.
Cristina, más conocida como Kiki, eligió ese camino hace dos décadas, cuando todavía era mucho menos habitual ver a mujeres en una obra. Desde entonces ha aprendido distintos oficios y ha visto cómo cambiaban las cosas, pero también cómo persiste uno de los grandes problemas del sector: la falta de interés por el oficio.

De aprender el oficio a hacerse un hueco en la obra
Kiki tenía unos 23 años cuando decidió dedicarse a la construcción, sin ningún antecedente familiar que la acercara al sector. Lo suyo, asegura, fue pura vocación. “Yo no tengo a nadie en mi familia que sea albañil. Quería aprender como fuera”, explica en entrevista con El Español. Para lograrlo, pasó dos años formándose en una escuela hasta convertirse en oficial de construcción.
El problema llegó al buscar trabajo. “Esto no es un trabajo normal. Es llegar a la obra, pedir trabajo y, si necesitan profesionales, te llaman”, recuerda. Su juventud y el hecho de ser mujer jugaron en su contra en una época en la que la presencia femenina en los tajos era aún más excepcional.
“Hace 20 años, en el país en el que estamos, por ser mujer no te dejaban entrar en la obra, pero eso con los años ha cambiado”, cuenta. Su estrategia fue empezar poco a poco, trabajando para amigos y familiares, hasta demostrar que sabía hacer el trabajo.
Una mujer en un sector de hombres
La trayectoria de Kiki refleja un cambio lento pero real. En 2023, las mujeres representaban el 11,2% de los trabajadores de la construcción, frente al 7,6% de 2008, y en 2025 alcanzaron el 11,5%, el porcentaje más alto desde 2014. Aun así, el desequilibrio sigue siendo enorme: nueve de cada diez trabajadores del sector siguen siendo hombres.
Ella distingue, además, entre estar en la construcción y hacerlo directamente en la obra. “En los últimos años he visto más mujeres en construcción como arquitectas o de prevención de riesgos, pero de las que se ensucian las manos... muy pocas”, señala.
Y reconoce que ha tenido que lidiar con el machismo: “Me ha pasado de llegar a alguna obra y que haya algún jefe de obra un poco machista que te hace la vida imposible. No quieren a mujeres en una obra y no entiendo el porqué”.
Su respuesta ha sido siempre la misma: seguir trabajando. “Defiendo la igualdad haciendo el trabajo como un hombre. Soy la única mujer donde hay 50 o 100 hombres, y lo demuestro cada día”, afirma.
Su preocupación por el relevo generacional
Si la presencia de mujeres es un problema que Kiki cree que mejorará con el tiempo, hay otro que, a su juicio, va en la dirección contraria: el relevo generacional. Cada vez ve menos jóvenes dispuestos a aprender un oficio que exige tiempo, esfuerzo y experiencia. “La generación nueva es la generación nini, que no quiere nada, ni estudiar ni trabajar”, afirma, una opinión contundente fruto de sus años en las obras.
Los datos respaldan al menos una parte de su preocupación: según un estudio de la Universidad Pompeu Fabra, solo uno de cada diez trabajadores de la construcción tiene menos de 30 años.














