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La historia de Carolina Elías refleja las dificultades que afrontan algunas mujeres migrantes con formación universitaria que trabajan en el sector doméstico y de cuidados en España.

Llegó desde El Salvador hace 12 años, con experiencia profesional como abogada, pero encontró empleo como cuidadora de personas mayores y limpiadora.

Según su testimonio, durante años afrontó jornadas extensas, falta de tiempo libre y situaciones de desprecio y humillación. “Yo entendí muy pronto que aquí no importaba lo que hubiera sido en mi país”, afirma. “Importaba mi acento, mi color de piel y mis papeles”.

¿Por qué Carolina terminó trabajando como cuidadora después de ejercer como abogada?

Carolina llegó a España con una carrera universitaria y experiencia como abogada en El Salvador. Sin embargo, asegura que su formación no tuvo el mismo reconocimiento en el mercado laboral español y que las oportunidades que encontró se concentraron en el trabajo doméstico y los cuidados.

“Había días en los que trabajaba de sol a sol. Dormía en la casa donde trabajaba y prácticamente no salía. No tenía vida”, recuerda sobre una etapa en la que ejerció como cuidadora interna. A esas condiciones, según su relato, se sumaron episodios de desprecio y situaciones que considera abusivas.

Carolina sostiene que muchas mujeres migrantes aceptan condiciones laborales que otras trabajadoras no aceptarían porque necesitan ingresos.
Carolina sostiene que muchas mujeres migrantes aceptan condiciones laborales que otras trabajadoras no aceptarían porque necesitan ingresos.Shutterstock

En 2012 se acercó a la Asociación del Servicio Doméstico Activo (SEDOAC), donde comenzó a conocer historias similares a la suya. Con el tiempo, Carolina asumió la presidencia de la organización y centró su actividad en la defensa de los derechos de las trabajadoras del hogar y los cuidados.

¿Qué dificultades enfrentan las trabajadoras migrantes del hogar en España?

Carolina sostiene que muchas mujeres migrantes aceptan condiciones laborales que otras trabajadoras no aceptarían porque necesitan ingresos, envían dinero a sus familias o afrontan situaciones administrativas que dificultan la denuncia. “Estas condiciones no las aceptan las mujeres españolas”, afirma. “Las aceptan las migrantes porque no tienen alternativa”.

Carolina considera que determinadas situaciones pueden constituir una forma de explotación laboral extrema. Fuente: Shutterstock.
Carolina considera que determinadas situaciones pueden constituir una forma de explotación laboral extrema. Fuente: Shutterstock.

Uno de los casos que señala como especialmente problemático es el de las trabajadoras internas, que viven en el domicilio donde prestan sus servicios. Según su testimonio, algunas permanecen disponibles durante gran parte del día y disponen de poco tiempo para su vida personal. Carolina considera que determinadas situaciones pueden constituir una forma de explotación laboral extrema.

El miedo a perder el empleo también aparece como uno de los principales obstáculos para denunciar

“Hay compañeras que prefieren aguantar golpes o humillaciones antes que ir a una comisaría”, asegura. La Organización Internacional del Trabajo ha advertido sobre la persistencia del trabajo forzoso y otras formas de explotación laboral a escala mundial, con especial impacto sobre colectivos vulnerables.

Para Carolina, la principal contradicción está entre los derechos reconocidos por la legislación y la posibilidad real de ejercerlos. “Sobre el papel tenemos derechos. En la realidad, muchas no pueden ejercerlos”, resume.