

Así es el barco pirata que estuvo perdido por 1000 años y ahora apareció con los mayores tesoros de la historia
Los restos de una barcaza andalusí hallada en Sevilla revelan una pieza única para entender la navegación medieval en el Guadalquivir.
Un barco de madera del siglo XI, localizado hace 45 años bajo la Plaza Nueva de Sevilla, vuelve ahora al centro de la atención científica. Su historia tiene todos los ingredientes de un hallazgo extraordinario: apareció durante unas obras, quedó conservado durante décadas y hoy se estudia con tecnología 3D para reconstruir cómo fue construido y utilizado.
La embarcación, de unos siete metros de largo, fue encontrada en junio de 1981 durante los trabajos preliminares para la construcción del Metro de Sevilla. Bajo sus restos apareció también un ancla cruciforme.
Aunque el título remite al imaginario de los barcos piratas y los tesoros ocultos, el verdadero botín está en su valor arqueológico: se trata de una barcaza andalusí única en Europa.

El barco perdido durante 1000 años que apareció bajo Sevilla
Los restos fueron descubiertos en un gran pozo excavado en la Plaza Nueva, en pleno corazón de Sevilla. Aquella aparición no fue una excavación arqueológica planificada, sino una operación urgente en medio de una obra pública. Desde el Museo Arqueológico lo resumieron con una frase precisa: “Más que una excavación fue un rescate”.
La extracción fue tan difícil que los especialistas la calificaron como “casi milagrosa”. Los equipos tuvieron muy poco tiempo de reacción y debieron meterse en el pozo para recuperar los elementos que habían salido a la luz.
En total se extrajeron al menos 400 fragmentos de madera y metal, en buen estado de conservación, que representan aproximadamente el 30% de la embarcación original. Más de la mitad del pecio quedó sepultada al otro lado del perfil del pozo de la obra.
Durante décadas, esas piezas permanecieron custodiadas primero en el Museo Arqueológico de Sevilla y después en el Centro Logístico de Patrimonio Cultural de Andalucía.
A comienzos de la década pasada fueron estudiadas, limpiadas y catalogadas por el arqueólogo Carlos Cabrera Tejedor, una tarea que abrió el camino para la investigación actual.
Por qué este hallazgo andalusí es único en toda Europa
La relevancia del hallazgo no depende de joyas, monedas ni cofres. Su valor está en la información que puede aportar sobre la navegación andalusí, la vida comercial del Guadalquivir y las técnicas de construcción naval de hace casi mil años. La consejera de Cultura, Patricia del Pozo, definió la investigación como de “gran interés social y patrimonial”.
El motivo es claro: según la Junta de Andalucía, son los únicos restos de un pecio andalusí del siglo XI hallados en todo el registro arqueológico europeo. Del Pozo señaló que el estudio contribuirá “a ampliar el conocimiento de estos bienes, siendo claves para el desarrollo de estrategias innovadoras que implementen su protección y contribuyan a su difusión entre todos los andaluces”.
Las pruebas de radiocarbono permitieron establecer su origen andalusí y su cronología. Cabrera Tejedor determinó que el barco “probablemente fue construido y utilizado durante la segunda mitad del siglo X o el primer cuarto del siglo XI, último período en el que el antiguo cauce del Guadalquivir era navegable”.
Ese dato cambia la escala del descubrimiento. La embarcación no era una nave oceánica ni un barco de guerra. Cabrera la describió como “un barco ligero o de servicio, aproximadamente de siete metros de eslora por dos metros de manga, utilizado para transportar mercancías desde barcos más grandes, anclados en el Guadalquivir”.
En otras palabras, era una pieza de trabajo dentro de una red fluvial que conectaba comercio, ciudad y puerto.
Qué revela la investigación sobre la barcaza medieval de Sevilla
La investigación actual está a cargo de Marta del Mastro Ochoa, dentro de un proyecto financiado por el Institute of Nautical Archaeology de la Universidad de Texas, Texas A&M, y coordinado junto con Carlos Cabrera Tejedor y el profesor John P. Cooper. El equipo trabaja con fotogrametría y modelaje en 3D para estudiar las piezas conservadas.
El análisis de las cuadernas aporta información clave sobre su proceso constructivo. Del Mastro Ochoa determinó que se trataba de una barcaza construida en el entorno local por carpinteros de ribera, lo que permite conocer mejor cómo se fabricaban estas embarcaciones en una zona de tráfico fluvial durante el periodo andalusí.

La investigadora fue más allá al dimensionar el alcance del hallazgo: “El hallazgo y conservación de la barcaza de la Plaza Nueva es un prodigio de la arqueología sevillana porque es la única embarcación de periodo andalusí, concretamente del siglo XI, que se conoce en la península Ibérica”.
También afirmó: “Me atrevería a decir que, de hecho, es la única del Mediterráneo, porque solo se han descubierto dos más en Marsella, aunque en muy mal estado, siendo la de Sevilla la única hallada en su contexto social y local, construida por carpinteros de ribera locales y en una zona de tráfico fluvial”.
Ese es el verdadero tesoro: una embarcación modesta, rescatada de una obra y capaz de contar cómo se movía Sevilla cuando el Guadalquivir todavía marcaba el pulso de la ciudad medieval.














