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El momento de despertar y levantarse de la cama, aunque parece rutinario, esconde riesgos circulatorios significativos, especialmente para personas mayores o con ciertas condiciones. El reconocido médico y divulgador Alberto Sanagustín ha popularizado un consejo sencillo pero de vital importancia que puede marcar la diferencia entre un día normal y un evento grave.

Sanagustín afirma de manera tajante: “Un vaso de agua junto a la cama es un seguro de vida para activar la circulación”. Esta recomendación, lejos de ser un mito, se fundamenta en mecanismos fisiológicos claros que ayudan al organismo a gestionar el cambio brusco de postura al iniciar la jornada.

La mejor manera de despertarse a la mañana, según el experto. (Fuente: archivo)

El riesgo oculto de levantarse demasiado rápido

La transición del estado horizontal (durmiendo) al vertical (de pie) exige un ajuste rápido de la presión arterial por parte del cuerpo. Si este mecanismo falla, se produce lo que se conoce como hipotensión ortostática, un descenso brusco de la tensión que puede provocar síncopes (desmayos), caídas o, en casos más graves, desencadenar eventos cardiacos.

Es un dato conocido que una gran parte de los infartos de miocardio ocurren durante las primeras horas de la mañana, y Sanagustín subraya que evitar este cambio drástico sin preparación es fundamental para prevenirlos. El cerebro necesita oxígeno y flujo sanguíneo constante al despertar, y levantarse “de golpe” pone a prueba el sistema circulatorio.

El simple truco que puede mejorar la salud al despertarse. (Fuente: archivo)

La rutina de los 30 segundos: cómo el agua activa el sistema nervioso

El procedimiento recomendado por el doctor Sanagustín es preciso y requiere disciplina mañanera. El primer paso es sentarse en el borde de la cama inmediatamente al despertar. En ese momento, antes de ponerse de pie, se deben ingerir entre 300 y 500 mililitros de agua del vaso que, crucialmente, debe estar junto a la cama.

Sanagustín enfatiza la importancia de la espera post-ingesta: “Si te sientas primero 30 segundos, te va a subir la tensión un poquito sin que sufra el corazón”. Esta pequeña pausa permite que el organismo se adapte al cambio de postura inicial antes del esfuerzo final de levantarse.

La ingesta rápida de agua no actúa simplemente por volumen o hidratación en este caso específico. Al beber agua rápido, se estimula el estómago, lo que desencadena una respuesta del sistema nervioso autónomo que eleva ligeramente la presión arterial sin someter al corazón a un estrés innecesario.

Es esta elevación controlada la que compensa la caída que ocurre naturalmente al ponerse de pie. El médico aclara que no se trata de la hidratación diaria general, sino de este uso táctico de 30 segundos al despertar. Su advertencia final es clara para quienes sufren de desmayos al levantarse: “Si tienes síncopes ortostáticos, caídas bruscas al ponerte de pie... un vaso de agua por la mañana es fundamental”. Este hábito tan simple se convierte en un auténtico “seguro de vida” para la salud cardiovascular mañanera.