

La Organización Mundial de la Salud (OMS) publicó el 30 de marzo del 2017 que la depresión es en la actualidad la principal causa de problemas de salud y de discapacidad. Según las últimas estimaciones de este organismo, más de 300 millones de personas viven con depresión a nivel mundial.
Dependiendo del número de síntomas, la gravedad de los mismos y el grado de discapacidad funcional, los episodios depresivos pueden clasificarse como leves, moderados o graves.
Los episodios de larga duración y de intensidad moderada a grave, pueden alterar las actividades laborales, escolares y familiares y causar gran sufrimiento. En el peor de los casos pueden llevar al suicidio.
Lo que más se acepta en la actualidad, es que estos desordenes se producen por una predisposición genética, que al interactuar con factores del entorno, sobre todo en las etapas tempranas de la vida, constituyen un terreno vulnerable, sobre el cual las experiencias traumáticas o estresantes de la vida adulta pueden desencadenar estos trastornos.
Diferentes estudios han demostrado que las crisis económicas son fuertes situaciones estresantes capaces de provocar un impacto negativo en la salud mental de la población.
Si bien no es fácil evaluar una correlación entre la recesión económica y la salud, ya que esta ultima depende de muchos factores, una fuerte evidencia científica indica casi irrebatiblemente que las crisis económicas aumentan los problemas en diferentes áreas de la salud, incluyendo la salud mental.
En dichos trabajos se ha demostrado que las personas que experimentan desempleo y empobrecimiento tienen un riesgo significativamente mayor de problemas como depresión, entre otros, la cual puede llegar a los cuadros más graves. Los hombres, en particular, corren un mayor riesgo durante tiempos de adversidad económica.
El estrés económico, a través de su influencia en la salud mental de los padres, la interacción conyugal y la crianza de los hijos, tiene también un fuerte impacto en la salud mental de las mujeres, niños y adolescentes. La pobreza extrema en los niños puede incluir déficits en el desarrollo cognitivo, emocional y físico, que pueden ser perdurables.
Varios ejemplos muestran que los países con mejores resultados en cuanto a la salud mental de sus poblaciones, durante las crisis económicas, son aquellos con redes de seguridad social más sólidas. Por lo tanto, en lugar de recortar las medidas de atención de la salud y de bienestar social, los responsables de la formulación de políticas deben invertir aún más en medidas de protección social durante las crisis económicas. El 17 y 18 de abril de 2013, la OMS celebró una conferencia sobre los sistemas de salud y la crisis económica. En esa ocasión, Zsuzsanna Jakab, Director Regional de la OMS para Europa, llamo a proteger a los más vulnerables para garantizar la cobertura universal de salud, ya que la evidencia muestra que los recortes inapropiados en el sector de la salud pueden empeorar la situación.
Ante la crisis económica, cuando las personas tienen mayor necesidad de ayuda, las medidas de reducción de costos en el sector de la atención de la salud conducen a una disminución sustancial del suministro de servicios para la prevención, la detección temprana y la recuperación de problemas de salud mental, incluyendo la depresión.
En relación a la prevención los cuidados durante el embarazo, y la infancia son primordiales para la salud en general, y para la salud mental en particular. Esta última se promueve mediante una crianza enriquecedora y una preparación para la vida en los niveles preescolares y en las escuelas que proporcionen oportunidades de aprendizaje social y emocional.
En cuanto a la detección temprana es fundamental la consulta al profesional ante los primeros síntomas de depresión, ya que la falta de remisión facilita nuevos episodios; y con cada uno de ellos se empeora considerablemente el pronóstico de la enfermedad.
Debido a esto es de central importancia poder realizar un diagnóstico precoz de los cuadros depresivos, que incluya las comorbilidades con otras enfermedades, los diagnósticos diferenciales y la evaluación del riesgo, pudiéndose así implementar rápidamente tratamientos eficaces para cada paciente en particular.









