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La economía argentina entró en una fase de “recuperación heterogénea”, un eufemismo técnico para describir una realidad de dos velocidades que se volvió a polarizar en el segundo mes del año. Tras un enero que había encendido señales de esperanza con un avance en el Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE), los datos de febrero muestran un tropiezo significativo.
Según el Índice Líder de Actividad Analytica (ILA), un termómetro de alta frecuencia desarrollado por la consultora que dirige Ricardo Delgado, la actividad económica registró una caída del 0,5% en febrero. Este retroceso interrumpe la inercia positiva de enero y confirma que los determinantes del crecimiento han cambiado bajo el nuevo régimen macroeconómico: hoy, la Argentina crece “hacia afuera” pero se contrae “hacia adentro”.
El agro y la energía: los únicos motores con combustible
El informe de Analytica destaca que los motores del crecimiento siguen concentrados exclusivamente en el sector primario y el frente externo. El agro, en particular, está viviendo una temporada histórica. El Índice de Actividad de la Cadena Agropecuaria subió un 0,2% mensual, alcanzando un nuevo máximo histórico por cuarto mes consecutivo.
Este dinamismo está sostenido por hitos productivos: la cosecha de girasol es la mayor del siglo y la recolección de maíz se perfila como la campaña más elevada de la historia argentina. En la misma línea, la producción de gas avanzó un 2,1%, consolidando un ciclo expansivo que no se detiene desde mediados de 2025, impulsado por las inversiones en Vaca Muerta y la nueva infraestructura de transporte.

Sin embargo, el informe advierte una paradoja: este “boom” primario no logra derramar sobre el resto de la estructura productiva. “El resultado es una corrección puntual dentro de una recuperación que sigue siendo heterogénea y parcial”, señalan desde la consultora.
La industria pesada, en caída libre
La otra cara de la moneda enciende las alarmas. Los sectores asociados al mercado interno y la transformación industrial muestran “debilidades estructurales que se prolongan”. El rubro siderúrgico, termómetro por excelencia de la inversión y la infraestructura, registró desplomes que remiten a periodos de crisis profunda.
La producción de aceros planos cayó un 38,4%, los laminados en frío retrocedieron un 22,6% y los no planos un 17,4%. Estas cifras reflejan una elevada capacidad ociosa en la industria pesada que no encuentra demanda ni en la obra pública ni en la fabricación de bienes de capital.
El sector automotriz, otro pilar industrial, borró de un plumazo el dinamismo que había mostrado en el inicio del año. La producción de autos retrocedió 4,1%, mientras que las ventas a concesionarios sufrieron un desplome del 12%. Este dato es particularmente sensible, ya que indica que el stock acumulado no se está moviendo, lo que presagia nuevas paradas de planta en los próximos meses si la tendencia no se revierte.
Consumo y demanda: el frío llega a los hogares
En el plano de la demanda agregada, las señales de enfriamiento son transversales. La recaudación de impuestos ligados al consumo y al empleo mostró variaciones negativas que preocupan al Palacio de Hacienda: el IVA cayó un 3,8% mensual y los recursos de la seguridad social bajaron un 2,1%.
Este deterioro es consistente con un mercado de trabajo que no logra recuperarse y una pérdida de confianza por parte de las familias. El Índice de Confianza del Consumidor (UTDT) retrocedió un 4,7% en febrero, impactando directamente en la compra de bienes durables. Un dato revelador del informe de Analytica es el desplome del 27,4% en la producción de lavarropas y secarropas, un segmento que suele ser el primero en sacrificarse cuando el presupuesto familiar se ajusta.
A pesar de la estabilidad cambiaria y la baja de tasas nominales, el crédito todavía no funciona como un factor expansivo. En febrero, los préstamos apenas subieron un 0,2%, un nivel que en términos reales implica un estancamiento. Lo más preocupante es que el crédito vinculado directamente a las familias (prendarios, tarjetas y personales) volvió a caer.
Sin financiamiento accesible, el consumo de bienes durables y semidurables queda condenado a depender exclusivamente del ingreso disponible, que sigue golpeado por la inflación.
El espejo de enero: ¿máximo histórico o techo de cristal?
El informe también analiza el dato oficial del EMAE de enero, que registró una suba del 0,4% y alcanzó un máximo histórico. En ese mes, la construcción (+3,1%) y la minería (+2,2%) habían liderado el avance.
Sin embargo, la comparación interanual de enero (+1,9%) ya mostraba las fisuras del modelo actual. Mientras el agro crecía un 25,1% interanual y la minería un 9,6%, el comercio caía un 3,2% y la industria manufacturera un 2,6%.
La economía argentina está operando en un sistema de suma cero sectorial. Lo que ganan los sectores exportadores y extractivos es compensado —y en febrero superado— por la parálisis de la industria nacional y el consumo masivo. Para que la recuperación sea sostenible y “homogénea”, el mercado interno necesita señales que hoy, según el ILA de Analytica, brillan por su ausencia.

















