Mientras las tarifas de gas y luz empujan las proyecciones privadas hacia un piso del 2,7% para febrero, el sector agropecuario puede aportar un alivio inesperado al índice de precios que elabora el INDEC.
La necesidad de exportar un volumen masivo de trigo a precios competitivos está generando un “ancla” en el costo de la harina, contrarrestando, dentro del rubro alimentos, la presión que viene generando a carne.
El efecto recaería en el rubro Pan y cereales, que incluye harinas y panificados y es uno de los componentes con mayor peso dentro de la división Alimentos y bebidas no alcohólicas del IPC del INDEC, siendo clave por su alta incidencia mensual junto a carnes y lácteos.
Argentina atraviesa una campaña triguera excepcional con una producción estimada en 28 millones de toneladas. Este volumen excede largamente las 8 millones que requiere la molienda local, lo que genera un excedente exportable de 20 millones que deben colocarse de forma agresiva en el exterior.

Según especialistas como Javier Preciado Patiño, la clave reside en la competencia por precio. Para llegar a destinos lejanos como el Sudeste Asiático o el Norte de África —desplazando a competidores como Rusia, Ucrania o Australia—, el trigo argentino debe ofrecerse con descuentos que compensen el costo del flete.
Este fenómeno tiene un impacto directo en la mesa de los argentinos: como el molinero local compite con el exportador por la compra del grano, ese “precio de remate” necesario para vender afuera es el mismo que aprovecha la industria nacional.
De esta manera, el rubro que incluye los panificados encuentra un techo natural que ayuda a moderar el índice general.
Alivio al Central
Además de un alivio para el bolsillo, la campaña de trigo es un bálsamo para el Gobierno, en su plan de acumular reservas. Junto a la emisión y liquidación de Obligaciones Negociables las exportaciones del agro le permiten al Gobierno comprar u$s 2089 millones, desde el 5 de enero.
El registro de Declaraciones Juradas de Ventas al Exterior (DJVE) con fecha de embarque en enero alcanzaron un volumen total de 10.065.011 toneladas, constituyéndose en el mes con mayor nivel de registraciones de los últimos años, según datos procesados por la Subsecretaría de Mercados Agroalimentarios e Inserción Internacional.
Este volumen, impulsado por el desempeño del complejo de trigo, que totalizó 4.037.857 supera el récord previo de 8.861.533 toneladas registrado en enero de 2022, lo que representa un incremento del 13,6 % respecto a ese máximo histórico anterior.
“Ya se anotaron 10,26 MMT de trigo para inicio de embarque en el trimestre Dic/Ene/Feb. Es un tremendo logro porque significa registrar el 50% del saldo exportable en el trimestre a contraestación del Hemisferio Norte", destacó Preciado Patiño, en x, esta semana.
Tremendo: con las DJ de hoy ya se anotaron 10,26 MMT de #trigo para inicio de embarque en el trimestre Dic/Ene/Feb. Es un tremendo logro porque significa registrar el 50% del saldo exportable en el trimestre a contraestación del Hemisferio Norte. pic.twitter.com/rrLd618Hzm
— Javier Preciado Patiño (@jpreciadopatino) February 12, 2026
La proyección de liquidación de divisas del complejo triguero se estimó en u$s 3700 millones.
Según la Cámara de la Industria Aceitera Argentina (CIARA), en enero, la liquidación de divisas llegó a u$s 1850 millones, un 82% mayor en relación con el mes de diciembre de 2025.
La fuerte demanda de exportación de trigo y de cebada forrajera, en mayor medida, fueron los productos que dinamizaron el mayor ingreso de divisas, seguidos por el maíz, la harina de soja y la semilla de girasol.
Contrapeso al IPC
Tras el polémico 2,9% de enero (marcado por un fuerte componente estacional del 5,7%) y la salida de Marco Lavagna del INDEC, febrero comenzó con una carga pesada en los servicios públicos.
La consultora Equilibra estima que los aumentos promedio del 16,8% en el gas y del 3,6% en la electricidad (con un salto del 21% en el costo de generación) incidirán en 0,5 puntos porcentuales directos sobre el próximo IPC. A esto se suman los ajustes en transporte reportados por EcoGo, con subas del 4% en colectivos y 4,8% en el subte.
Bajo este marco, las proyecciones privadas muestran una dispersión importante. Mientras que el Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) del BCRA se mantiene optimista con un 2,1%, consultoras como EcoGo sitúan el cierre de febrero en un 2,7%. En una posición intermedia, OJF (Ferreres) proyecta un 2,4% y Equilibra un 2,3%, reflejando la dificultad de quebrar el piso del 2% en un contexto de ajustes tarifarios.

Si el trigo actúa como ancla, la carne funciona como el principal motor de suba en las góndolas. Según los relevamientos de LCG, la inflación de alimentos se aceleró al 2,4% en las últimas cuatro semanas. Solo en la segunda semana de febrero, los aumentos en las carnes explicaron el 70% de la inflación semanal del sector, con un salto del 2,3%.
Incluso con una desaceleración puntual en verduras, la inercia del precio de la carne y el impacto de los regulados mantienen la guardia alta de los analistas.
Además, existe un “ruido” metodológico latente: la decisión oficial de no actualizar los ponderadores de la canasta (basados en datos de 2017/18) podría estar subestimando el impacto real que los servicios públicos tienen hoy en el bolsillo de los consumidores.
Por otra parte, en sectores como indumentaria, calzado y productos escolares el mayor componente de bienes importados le pone un paño de agua fría a la temporalidad de febrero, por el inicio de las clases.
Si bien la industria molinera, por ahora, se muestra cautelosa debido a la dispersión de calidades del cereal, al menos el enorme volumen disponible asegura que el insumo básico de las harinas no se dispare.
En la “lucha” por consolidar la desinflación, el “precio de exportación” del trigo se puede convertir, paradójicamente, en el mejor aliado del consumidor.















