

Gabriel Rubinstein pasó por El Cronista Stream y trazó un análisis crítico de su paso por el gobierno de Alberto Fernández como viceministro de Economía. El economista fue especialmente duro con Cristina Kirchner al revelar que la por entonces vicepresidenta se oponía a bajar el déficit fiscal y, por el contrario, quería maximizarlo.
En diálogo con el programa Cuentas Claras, Rubinstein explicó que cuando se incorporó al equipo económico llegó con dos objetivos claros: eliminar el déficit fiscal y eliminar la brecha cambiaria. Pero la interna política complicó desde el inicio cualquier intento de estabilización.
“Cristina quería maximizar el déficit fiscal, maximizar y llevarlo a 4,3%”, reveló Rubinstein. Y contó que Martín Guzmán había sido echado precisamente por querer hacer un leve ajuste fiscal, algo que la expresidenta no estaba dispuesta a tolerar.
Sin embargo, con Massa en el Palacio de Hacienda, el escenario cambió. “Nosotros lo llevamos al 2%”, afirmó el exfuncionario, señalando que la vicepresidenta “aceptó implícitamente” un ajuste fiscal que se comenzó a ejecutar, aunque nunca haya sido enunciado públicamente de esa manera.
“No sé si lo habló, yo nunca hablé con ella”, aclaró, dejando en claro que la crisis la obligó a ceder terreno en la batalla ideológica sobre el gasto.
Por qué fracasó el plan de Massa
La estrategia original de Massa contemplaba una devaluación ordenada. Pero para devaluar se necesitaban dólares que Argentina no tenía: “Estábamos en cero o levemente negativos”, recordó Rubinstein, lo que hizo necesario inventar el esquema del dólar soja para acumular reservas.

Rubinstein reconoció que intentó, personalmente y con fuerza, conseguir financiamiento externo. “Traté fuertemente de que el Fondo Monetario nos diera plata fresca”, dijo, o que el Tesoro norteamericano interviniera para respaldar una devaluación sin crisis. No lo lograron.
Así se fue pasando el tiempo. En noviembre, cuando había cierta ventana para devaluar, Massa decidió no hacerlo. “Yo hubiera querido devaluar”, admitió el ex viceministro, convencido de que reducir la brecha cambiaria era indispensable para estabilizar la economía.
Luego llegó el gran inconveniente que, según Rubinstein, casi nadie pondera correctamente: la sequía. No fue una sequía común. Lo que empezó como una pérdida estimada de u$s 5000 millones escaló hasta los 21.000 millones, una cifra devastadora para un país sin reservas.
“Sabés lo que es para Argentina, que no tenía un solo dólar en el Banco Central, perder u$s 21.000 millones. Fue una catástrofe", sentenció. La brecha se disparó, la inflación se aceleró y los precios de los alimentos básicos se fueron por las nubes.
Sobre el déficit fiscal del período, Rubinstein defendió el resultado: se logró bajarlo al 2%, aunque la sequía lo empujó finalmente al 3%. “No fue un desmadre fiscal como lo quieren pintar”, sostuvo, aunque reconoció que el objetivo de seguir bajando resultó imposible en ese contexto.
La advertencia: por qué podría haber una corrida cambiaria
Rubinstein fue generoso en los elogios a Javier Milei: felicitó la eliminación de la brecha cambiaria y la baja del déficit fiscal. “Lo felicito por eso, lo sigo felicitando y creo que fue un gran logro”, dijo sin ambigüedades.
“Cristina quería maximizar el déficit fiscal, maximizar y llevarlo a 4,3%”
Pero dejó una advertencia es precisa y preocupante. El gobierno de Milei comenzó su gestión con reservas netas negativas en u$s 11.000 millones. Hoy ese número es de u$s 15.000 millones negativos, es decir, la posición en reservas empeoró en términos brutos, según su razonamiento.
La diferencia clave, sin embargo, está en el otro lado del balance. “Los activos en pesos dolarizables pasaron de 40.000 a 120.000 millones de dólares”, señaló Rubinstein, triplicando la masa de pesos que podrían convertirse en dólares ante una corrida.
“El combustible para una corrida cambiaria es tres o cuatro veces más alto que antes”, advirtió.
Según Rubinstein, la lógica es sencilla pero inquietante: a mayor cantidad de pesos en circulación y en instrumentos financieros, mayor es la presión potencial sobre el tipo de cambio si los tenedores de esos activos deciden dolarizarse al mismo tiempo.














