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A pesar de una economía que muestra indicadores críticos en consumo, empleo y actividad, el respaldo a la gestión de Javier Milei mantiene niveles que desafían los manuales tradicionales de la política. ¿Cómo se explica que una sociedad tolere un ajuste de shock sin precedentes? Para el analista Facundo Nehamkin, director de Opina Argentina, la respuesta no está en las planillas de cálculo, sino en un desplazamiento del debate: la economía dejó de ser una cuestión de números para convertirse en una batalla moral.
En una reciente intervención en Radio Con Vos, Nehamkin desmenuzó la estrategia comunicacional oficialista y planteó que el éxito del programa económico —al menos en esta etapa de transición— depende menos de las cifras de inflación que de la percepción social sobre la marcha del plan.
El “triángulo moral” de Milei
Según el analista, el Presidente logró instalar tres premisas que actúan como cimientos de su legitimidad y que han dejado a la oposición sin capacidad de respuesta:
- El déficit es inmoral: a diferencia de otros países donde el saldo fiscal es una herramienta de política económica, en la Argentina de Milei se ha transformado en un pecado ético.
- El gasto público es corrupción: toda erogación estatal quedó bajo la sospecha de malversación, lo que permite al Gobierno paralizar áreas enteras (como la obra pública) sin que se genere una demanda social masiva por su reactivación.
- El Estado como estructura parasitaria: bajo esta narrativa, cualquier defensa de la intervención estatal es decodificada por una parte de la sociedad como una defensa de los “privilegios de la casta”.
“Es muy difícil oponerse a un gobierno que plantea la batalla económica como una cuestión de orden moral. Cualquier opositor que plantea una objeción es inmediatamente acusado de ladrón o corrupto”, explicó Nehamkin.
La crisis de autoridad del peronismo
El análisis pone el foco en la parálisis del peronismo, que hoy carece de “autoridad moral” para confrontar el modelo libertario. Según Nehamkin, esta debilidad se apoya en tres factores: la falta de una autocrítica profunda sobre los últimos 20 años de gestión, la ausencia de un programa económico alternativo claro y una crisis de liderazgo que afecta su legitimidad.

Además, advierte sobre un divorcio representativo: el peronismo sigue hablándole a un sector que se achica, mientras que el discurso disruptivo de Milei interpela a los “excluidos” del sistema anterior. “El libertario le dice: ‘Si rompemos esta historia, vos vas a tener una chance de entrar’. Es una promesa de futuro frente a un pasado que ya los había dejado afuera”, señaló.
El riesgo: ¿puede el Gobierno perder contra sí mismo?
A pesar del éxito inicial en la batalla cultural, Nehamkin advierte que “ninguna batalla está cerrada. “El futuro del experimento libertario dependerá exclusivamente de la consolidación de la estabilización”, asestó.
Si el Gobierno no logra que el sacrificio social derive en una mejora tangible y la crisis se profundiza hacia una depresión económica —con niveles de desempleo similares a la crisis de 2001—, la narrativa moral podría empezar a resquebrajarse.
Citando al periodista Agustín Álvarez Rey, Nehamkin dejó una pregunta abierta que inquieta a la Casa Rosada: “¿Puede un gobierno, a pesar de no tener una oposición consolidada, perder contra sí mismo?”. La respuesta, por ahora, sigue en manos de la capacidad de Milei para convertir su épica moral en resultados económicos sostenibles.














