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El silbato final dejó congeladas dos imágenes opuestas. De un lado, los futbolistas españoles abrazados alrededor de la Copa del Mundo. Del otro, las lágrimas de Lionel Messi, la desazón del plantel argentino y el silencio de millones de hinchas que apenas unos días antes habían reforzado su ilusión con la remontada frente a Inglaterra en semifinales.

Aquella victoria por 2 a 1, conseguida con el mejor rendimiento futbolístico de la Selección en todo el torneo, había aumentado la expectativa, con Francia afuera, de obtener un bicampeonato que hasta entonces no parecía pavimentado por el desempeño más allá de las levantadas emotivas y la increíble performance Messi.

La derrota por 1 a 0 en la final, después de un partido en el que Argentina prácticamente no generó situaciones de gol y adoptó un planteo marcadamente defensivo, abrió inmediatamente otro partido: el de las interpretaciones.

Durante los días posteriores comenzaron a circular explicaciones de toda índole. Algunas pusieron el foco exclusivamente en la superioridad futbolística de España. Otras buscaron razones fuera del campo de juego y mezclaron especulaciones políticas, versiones sin sustento, noticias falsas y distintas teorías conspirativas que rápidamente encontraron difusión en redes sociales y algunos espacios mediáticos.

¿Hasta qué punto esas hipótesis lograron penetrar en la opinión pública? Una encuesta nacional realizada por Giacobbe Consultores entre el 20 y el 24 de julio, es decir, desde el día siguiente a la final, ofrece una primera fotografía sobre cómo procesaron los argentinos la derrota.

Lionel Messi y Enzo Fernández celebran la clasificación a la finalFuente: XinHuaJia Haocheng

El dato principal muestra que la explicación predominantemente futbolística continúa siendo la más fuerte. Ante la pregunta sobre por qué Argentina perdió la final, el 45,6% respondió que “España jugó mejor”. Muy por detrás aparecieron quienes atribuyeron el resultado a una “conspiración para que no saliera bicampeón” (14,6%), quienes consideraron que “al poder no le convenía que saliera bicampeón” (9,6%) y quienes señalaron que “cayó mal la bandera de las Malvinas que mostraron” (9,5%). El resto se repartió entre quienes dijeron no tener una explicación clara (9,2%) y quienes prefirieron no responder (11,5%).

La lectura de esos números admite más de una interpretación y, probablemente, ninguna conclusión tajante.

Por un lado, el relevamiento desmiente la idea de que las explicaciones conspirativas hayan desplazado al análisis futbolístico. Casi la mitad de los consultados respondió que la derrota obedeció, simplemente, a que España fue superior.

Pero, al mismo tiempo, tampoco puede pasarse por alto que si se agrupan las tres respuestas que ubican el origen de la derrota fuera del terreno de juego —la existencia de una conspiración, la supuesta conveniencia política de impedir el bicampeonato y la reacción internacional por la exhibición de la bandera de las Islas Malvinas— el resultado asciende al 33,7% de los consultados.

Es decir, aproximadamente uno de cada tres argentinos eligió alguna explicación extradeportiva.

Ese porcentaje no alcanza para afirmar que las teorías conspirativas dominaron la conversación pública, pero tampoco parece un fenómeno marginal.

Conviene, además, considerar el contexto temporal del relevamiento. La encuesta comenzó el 20 de julio, apenas un día después de la derrota, cuando muchas de las versiones que luego adquirieron gran difusión todavía estaban en pleno desarrollo.

Entre ellas circularon distintas hipótesis sobre presuntas presiones internacionales, supuestas negociaciones vinculadas con dirigentes de la AFA y otras versiones que nunca fueron respaldadas con pruebas. En los días posteriores esas especulaciones crecieron en redes sociales, canales de streaming y algunos programas periodísticos, por lo que el estudio probablemente retrata una etapa muy temprana de esa conversación pública.

Más que medir el impacto final de esas narrativas, el trabajo permite observar que ya habían encontrado un espacio significativo dentro de la opinión pública prácticamente desde el inicio del debate.

También existe otro elemento que ayuda a poner los resultados en perspectiva: la cultura futbolera argentina.

El fútbol ocupa un lugar excepcional dentro de la vida cotidiana del país y buena parte de los aficionados cuenta con herramientas para analizar tácticas, rendimientos individuales, decisiones de los entrenadores y desarrollos de los partidos más allá de la pasión. Ese conocimiento compartido probablemente explique por qué la explicación estrictamente futbolística continúa encabezando ampliamente las respuestas.

Pero un Mundial trasciende al público habitual. Cada cuatro años incorpora espectadores ocasionales que siguen el torneo sin el mismo nivel de conocimiento específico y que, en un clima de enorme carga emocional, pueden mostrarse más receptivos a interpretaciones alternativas.

El golpe de la final no alteró el respaldo a la Selección

Más allá de las explicaciones sobre la derrota, el informe de Giacobbe muestra que el subcampeonato no modificó sustancialmente la valoración general del ciclo encabezado por Lionel Scaloni ni el vínculo emocional de los argentinos con la Selección.

Un primer dato aparece al reconstruir las expectativas previas al torneo. Cuando se les preguntó, ya terminado el Mundial, hasta dónde creían que iba a llegar Argentina antes del debut, el 57,3% respondió que esperaba que volviera a salir campeón, mientras que otro 6,6% dijo que pensaba que llegaría a la final y la perdería. Es decir, casi dos de cada tres consultados imaginaban desde el comienzo que el equipo disputaría el partido decisivo.

Las expectativas, sin embargo, aparecen algo por debajo de las registradas antes del inicio del torneo. Un estudio realizado por la misma consultora en la previa del Mundial había mostrado que el 71,5% confiaba en que Argentina retendría el título. Visto en retrospectiva, el porcentaje de quienes efectivamente recuerdan haber tenido esa expectativa cae a 57,3%, una diferencia que también refleja cómo la memoria suele reconfigurarse después de conocido el resultado.

La actitud recibió una mejor evaluación que el juego

Otra de las preguntas distingue dos planos que muchas veces aparecen mezclados en el análisis futbolero: la entrega del equipo y su rendimiento deportivo.

En ambos casos predominan ampliamente las opiniones favorables, aunque con una diferencia interesante.

En el plano actitudinal, el 78,8% se declaró “muy conforme” y otro 8,5% “algo conforme”, lo que lleva la aprobación total al 87,3%.

Cuando la consulta se traslada al aspecto estrictamente futbolístico, los niveles de conformidad descienden levemente. El 74,7% respondió estar “muy conforme” y el 12%, “algo conforme”, con un nivel de aprobación prácticamente equivalente (86,7%), aunque con una menor intensidad en las respuestas más positivas.

La diferencia es pequeña, pero consistente con buena parte de los análisis posteriores a la final. Incluso entre quienes respaldan al equipo aparece la percepción de que el funcionamiento futbolístico no alcanzó el nivel mostrado frente a Inglaterra en semifinales ni el esperado para disputar un partido decisivo.