Las proyecciones para 2026 dibujan un escenario récord de ingreso de divisas del sector exportador, clave para el programa económico de Luis Caputo, sin embargo, datos estructurales advierten que el gobierno de Javier Milei, corre el riesgo de ser un “gigante con pies de barro” que gana dólares pero pierde relevancia.
Argentina se encamina a un año de récords con el ingreso de u$s 90.500 millones de exportaciones y u$s 81.500 millones en importaciones lo que resultará en superávit por tercer año consecutivo, según el informe “Perspectivas del Comercio Exterior 2026” elaborado por el Centro de Investigación en Exportación y Negocios Internacionales (CIEN).
Sin embargo, analistas del sector encienden alarmas sobre el estancamiento de fondo y la baja participación de la Argentina – en torno al 0,3%- en el comercio global.
Números de oro
El informe del CIEN que dirige Gustavo Scarpetta, refleja que será el mejor año de la historia para el comercio exterior argentino en términos de valores nominales. Basado en las proyecciones del Relevamiento de Expectativas del Mercado (REM–BCRA), las exportaciones superarán el techo previo de u$s 88.268 millones registrado en 2022.
Este salto no es un evento aislado, sino que se apoya en una inercia positiva del segundo semestre de 2025 y en el funcionamiento sincronizado de tres motores potentes.

A la cabeza, el agro. La soja y el maíz aportarían por sí solos u$s 30.000 millones. A esto se suma la “cosecha fina” (trigo, cebada) y cultivos alternativos como la camelina y la carinata.
En tendencia creciente, la energía de la mano de Vaca Muerta se consolida como el gran dinamizador. De los u$s 6000 millones exportados recientemente, se espera saltar a una banda de entre u$s 8000 y 9000 millones en 2026, con una proyección ambiciosa de u$s 30.000 millones para 2030.
A la par, con el impulso del Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI) y el litio, la minería proyecta superar con creces los u$s 5000 millones actuales.
Del otro lado de la balanza, las importaciones también presionarán con mas demanda de divisas. Por eso, según el CIEN, el desafío, es que este récord se traduzca en bienes de capital e insumos que alimenten la productividad y no solo el consumo.
La oportunidad de los servicios
Mientras Argentina acelera, el mundo pisa el freno. La Organización Mundial de Comercio (OMC) advierte una desaceleración en el comercio de bienes: tras un crecimiento del 2,4% en 2025, el volumen mundial de mercancías apenas subiría un 0,5% en 2026. Las causas son claras: incertidumbre política, aranceles y el fin del efecto “frontloading” (adelanto de compras ante expectativas de nuevas trabas).
En este contexto, la región que más sufre es Europa (-0,3%), mientras que Asia sigue liderando el dinamismo. América del Sur, por su parte, viene mostrando un ritmo alto del 7,4%.
La gran oportunidad para Argentina reside en los servicios. Mientras los bienes se estancan, los servicios comerciales (software, ingeniería, audiovisuales, logística) crecerán un 4,4% global en 2026. Para el CIEN, la clave es una estrategia dual: vender granos y energía, pero acelerar la exportación de conocimiento para capturar valor y precio en un mercado menos sensible a los aranceles de mercancías.
Pese a la euforia por los récords nominales, el informe de balance de año de Marcelo Elizondo aporta una dosis de realismo. Aunque 2025 y 2026 arrojen cifras altas de ingresos de divisas, la participación de Argentina en el comercio mundial sigue estancada en el 0,3%.
La comparación regional refleja que Perú pasó de una participación global del 0,11% en 1995 al 0,29% actual; Brasil saltó del 0,91% al 1,38% mientras que la Argentina retrocedió del 0,41% en 1995 al actual 0,30%.

En sintonía, la Cámara de Exportadores (CERA) señala que el problema no es solo cuánto se exporta, sino quiénes lo hacen y qué venden. Existe una creciente primarización de la canasta exportadora y una menor cantidad de empresas operando en el mercado externo.
Los diez productos que coloca la Argentina en el mundo son principalmente materias primas o con procesamiento mínimo (soja, trigo, petróleo, aceites). Además, la presencia de las pymes es mínima, lo que concentra la actividad en pocos sectores y productos.
Riesgos y “balas de plata”
El éxito del 2026 no está exento de amenazas. La principal es la volatilidad política internacional, especialmente con la incertidumbre que genera la política arancelaria de Donald Trump en EE. UU. A nivel local, el desafío será evitar el atraso cambiario en un contexto donde se espera un crecimiento de la economía argentina del 4% y una suba del consumo que presionará sobre el stock de mercadería importada.
No obstante, existen dos “balas de plata” que podrían mover la aguja. Por un lado, el Acuerdo Mercosur-UE. Tras 25 años de negociación, su concreción permitiría exportar mayor valor agregado.
Por otro lado, el vínculo Milei-Trump, ya que un acuerdo preferencial con EE. UU. podría, por ejemplo, triplicar el volumen de exportación de carnes.

Argentina llega al 2026 con la oportunidad de celebrar un récord de dólares, pero con la tarea pendiente de recuperar su peso en el mundo. La agroindustria, la energía y la minería garantizan el flujo de caja, pero solo la diferenciación, el valor agregado en servicios y una mayor base de pymes exportadoras permitirán que ese 0,3% deje de ser un techo y se convierta en un piso.
A modo de conclusión el CIEN señala que el objetivo debe ser "transformar el récord importador en productividad para sostener el salto exportador en 2027″.
Argentina presenta un nivel de apertura de apenas el 28%, una cifra baja frente al 77% de Paraguay, su socio en el Mercosur. Según Facundo Martin Menis, especialista en expansión de pymes, el bloque regional no es necesariamente el “corset”, sino que la traba es interna: falta de previsibilidad, altos costos logísticos y falta de una estrategia de inserción de largo plazo.


















