El exministro de Economía, Hernán Lacunza, sostuvo que la actual administración logró evitar una crisis mayor, aunque advirtió que el escenario económico sigue marcado por un bajo nivel de actividad y desequilibrios que todavía no encontraron una salida clara. Según planteó, el proceso de estabilización resultó necesario para despejar riesgos extremos, pero no alcanza para poner en marcha una recuperación sostenida.
En ese marco, Lacunza afirmó que el Gobierno consiguió ordenar variables clave al atacar el déficit fiscal y frenar la emisión monetaria, lo que permitió reducir tensiones financieras que amenazaron con derivar en un colapso. Sin embargo, remarcó que la economía continúa “planchada” y exhibe una dinámica muy dispar entre sectores.
Al analizar el desempeño de la actividad, describió un mapa heterogéneo, con rubros como energía, minería y agro mostrando mayor dinamismo, frente a una industria y una construcción que permanecieron en retroceso. Esa asimetría, explicó, tuvo consecuencias directas sobre el empleo. “Los sectores que hoy ganan no son grandes generadores de empleo y los que pierden sí lo son”, alertó, al tiempo que señaló un impacto regional desigual, con beneficios concentrados en zonas hidrocarburíferas y agrícolas.
Consultado sobre la reforma laboral aprobada en el Senado, el exfuncionario consideró que se trata de “un paso en el sentido correcto”, aunque aclaró que su alcance quedó acotado por la negociación política. “El proyecto original era más ambicioso y en la negociación quedaron cosas en el camino, pero aun así tiene masa crítica suficiente para ser un avance”, sostuvo en diálogo con Splendid AM 990.
Lacunza subrayó que la legislación laboral vigente “es obsoleta, tiene cinco décadas y las relaciones laborales cambiaron mucho”, y planteó que su modernización puede contribuir a reducir la informalidad y aportar previsibilidad. No obstante, advirtió que la norma, por sí sola, no garantizará una mejora del empleo. “El empleo depende del crecimiento, y el crecimiento depende de la inversión y de las condiciones generales de la economía”, explicó.
También cuestionó modificaciones incorporadas sobre el final del debate parlamentario, como la reducción salarial en casos de accidentes laborales. “Es bastante controversial y no se pudo debatir adecuadamente”, afirmó.
Más allá de esos puntos, el exministro puso el acento en la evolución reciente de los precios, uno de los ejes centrales de su diagnóstico. Si bien destacó que la inflación descendió desde niveles superiores al 200% anual hasta ubicarse en torno al 30%, remarcó que “sigue siendo alta” y que el proceso de desinflación perdió dinamismo en los últimos meses.
“Hace dos años el desafío era evitar una hiperinflación o un problema bancario. Eso se resolvió atacando el agujero fiscal financiado con emisión”, indicó. Sin embargo, aclaró que la desaceleración inflacionaria no avanzó de manera lineal y enfrenta límites evidentes.
Al referirse a los datos más recientes, reconoció que la baja de la inflación comenzó a perder impulso. “Es más fácil bajar de 20 a 3 que de 3 a 0. Los procesos de desinflación en el mundo tardan años”, explicó, y atribuyó parte del descenso inicial a la utilización del tipo de cambio como ancla nominal. “Eso dio resultados rápidos, pero no era sostenible indefinidamente”, agregó.
En relación con los cambios metodológicos en la medición de precios y el rol del organismo estadístico, Lacunza defendió la autonomía técnica. “La estadística oficial es un bien público. No puede decidirse según la conveniencia comunicacional del gobierno de turno”, sostuvo. Y agregó: “No importa si la nueva medición da más o menos inflación. Lo único que importa es que sea más precisa”.
Según reconstruyó Agencia Noticias Argentinas, el exministro consideró que el principal desafío hacia adelante será consolidar la estabilidad macroeconómica sin resignar transparencia ni frenar la inversión. “La estabilización fue condición necesaria. Ahora falta que aparezca el crecimiento”, concluyó.