En esta noticia

La dinámica de los precios del combustible en Argentina responde a dos factores: el traslado del costo internacional —suba del Brent y del tipo de cambio— y la actualización impositiva.

El primer punto depende de las decisiones que adopten las petroleras, más aún en un contexto donde la guerra en Medio Oriente provocó el cierre del estrecho de Ormuz, por donde pasa el 20% de la producción mundial de petróleo, lo que generó un déficit de oferta y una fuerte suba de los precios internacionales.

Eso derivó en volatilidad en el precio del barril de crudo, que ahora, luego de que el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, anunciara una pausa de cinco días en los ataques contra plantas de energía de Irán, se ubica en la zona de los u$s 100 (en su versión Brent).

Esa volatilidad se tradujo en incrementos en los surtidores del país desde finales de febrero. Por caso, el Observatorio de Tarifas y Subsidios IIEP (UBA-CONICET) publicó en un reciente informe que al 19 de marzo los precios de naftas y gasoil acumulan en el mes incrementos ponderados del 15% y 14,6%, respectivamente.

CombustiblePrecio ($/litro)Var. marzo
Nafta súper$ 1813+16,2%
Nafta premium$ 1987+11,7%
Gasoil común$ 1867+15,6%
Gasoil premium$ 2041+12,1%

A ello se suma la publicación del Decreto 116/2026, mediante el cual el Gobierno actualizó en marzo —de forma diferida— los impuestos a los Combustibles Líquidos y al Dióxido de Carbono. La carga impositiva total agregó $ 18,45 por litro en naftas, mientras que el grueso del ajuste pendiente de 2024 y 2025 se postergó para abril.

Desde la Secretaría de Energía sostuvieron que el objetivo es aplicar la recuperación impositiva que “no se hizo durante años en gobiernos anteriores”. Vale recordar, sin embargo, que la administración de Javier Milei también postergó, por ejemplo, la actualización del impuesto sobre los combustibles líquidos antes de las elecciones de medio término.

Parte de la explicación está en la ponderación de los combustibles dentro del Índice de los Precios al Consumidor (IPC). “El peso de los combustibles en el IPC asciende a 3,8%; es decir, por cada 10% de aumento en el precio final, la incidencia en la inflación es de 0,38 puntos porcentuales”, precisaron desde la consultora EcoGo.

El impacto en surtidores fue del 15% en CABA desde el comienzo de la guerra en Medio Oriente, según datos del Observatorio de Tarifas y Subsidios IIEP

La guerra en Medio Oriente es un foco de atención para el Ejecutivo. “La idea es mitigar el impacto en el surtidor y proteger al consumidor. Eso depende mucho de si el precio del combustible pega algún salto fuerte”, señalaron a El Cronista fuentes de la Secretaría de Energía.

Al respecto, un relevamiento del sitio GlobalPetrolPrices señala que el precio del litro de nafta en el país —a partir de la escalada bélica— es de u$s 1,34, con un salto de más del 10% en tres semanas.

La actualización impositiva es una variable que utiliza el Tesoro para equilibrar la recaudación y moderar el impacto de los aumentos en el precio final de los combustibles. La falta de actualización, en consecuencia, tiene incidencia directa sobre las cuentas públicas.

“Al no ajustarse a los valores correspondientes, el Tesoro dejó de recaudar en 2025 aproximadamente u$s 2751 millones”, calcula EcoGo.

En el primer bimestre del año, la recaudación del impuesto a los combustibles fue de $ 870.557 millones. En febrero, la Agencia de Recaudación y Control Aduanero (ARCA) detalló que el tributo originó ingresos por $ 535.964 millones, convirtiéndose en el único impuesto con una suba real interanual —del 18,8%—, según el Instituto Argentino de Análisis Fiscal (IARAF).

En un contexto donde la recaudación tributaria acumula siete meses consecutivos de caída real interanual, el impuesto sobre los combustibles cobra relevancia como fuente de ingresos. Sin embargo, a lo largo de los últimos años también funcionó como herramienta para amortiguar cualquier impacto en el índice de inflación.

Entre el surtidor y la recaudación

Las petroleras son quienes fijan los precios de los combustibles. Juan José Carbajales, titular de Paspartú, consultora de energía, minería y ambiente, remarcó que YPF concentra el 55% del mercado y que sus precios marcan el nivel de referencia para las otras comercializadoras (Axion, Shell y Puma).

El CEO de la compañía, Horacio Marín, aseguró en diálogo con El Cronista Stream que YPF cuenta con un mecanismo de micro pricing y costos promediados (moving average) que evita saltos bruscos ante cimbronazos en el valor internacional del Brent.

Al respecto, Jorge Lapeña, exsecretario de Energía y presidente del IAE General Mosconi, remarcó que la actividad está “concentrada en muy pocas empresas” y que los precios “no salen de un mercado de gas, petróleo y commodities o de una competencia entre empresas, como sí ocurre en los Estados Unidos”.

El costo internacional del crudo es uno de los factores que explican la dinámica del precio de los combustibles. A esto también se suma la actualización impositiva que, según destacó Carbajales, es un foco de atención para el Gobierno no solo “para contener las presiones inflacionarias por el precio a los usuarios finales (automovilistas)”, sino también “por el impacto en la logística (gasoil para el campo) y en el transporte público y de cargas”.

La disyuntiva del Gobierno: recuperar la recaudación resignada o no trasladar mayor carga al consumidorFuente: ShutterstockShutterstock

Por otro lado, Nicolás Gadano, economista jefe de la consultora Empiria, planteó un escenario donde sería posible evitar parcialmente el traslado del precio del barril a los surtidores.

En diálogo con Dinamo Stream, sugirió que los derechos de exportación —que no se coparticipan— podrían utilizarse para amortiguar el impacto sobre los consumidores sin generar una brecha artificial entre el precio de exportación y el precio doméstico.

Aun así, advirtió que el desafío no es solo fiscal: “Toda la cadena de valor tiene que ser prudente y entender que no puede asumir que estos precios van a durar los próximos cinco años”.

Exportaciones

La suba del barril de petróleo no solo tendrá un impacto directo en la inflación global, sino que, a nivel local, ampliará el efecto positivo que ya mostraba la producción energética sobre la balanza comercial del sector.

“De mantenerse los conflictos internacionales y con un precio promedio de u$s 75 por barril durante 2026 (suponiendo un conflicto corto y normalización), las exportaciones estarán más cerca de u$s 8600 millones y serán 28% mayores al 2025″, sostiene EcoGo.

Eso implica un incremento de las exportaciones de u$s 740 millones por cada suba de 10% del precio de exportación. Pero a ese escenario también hay que sumarle el impacto del alza en los precios del Gas Natural Licuado (GNL) y la mayor demanda de importaciones para abastecer el consumo local en temporada alta.

Aun así, ese efecto no lograría compensar la mejora en las exportaciones de petróleo. En ese marco, y dado que el barril ya supera los u$s 80, la normativa vigente (Decreto 59/2026) actualiza de forma automática la alícuota de las retenciones para las exportaciones de petróleo convencional, que pasa del 3,3% al 8%.

Allí es donde cobra fuerza el planteo de Gadano: más exportaciones implican mayores ingresos por derechos de exportación. “Se debería discutir si la mayor recaudación por retenciones podría ralentizar los incrementos previstos en los impuestos a los combustibles, para atenuar dicho efecto en precios, sobre todo a partir de los últimos números de inflación”, plantearon desde la consultora LCG.

La pregunta, entonces, es si esos ingresos se usarán para amortiguar el impacto en el surtidor y suavizar el ajuste impositivo.