En la última semana la primera plana del Gobierno salió a dar la batalla sobre la situación económica. Como si estuvieran coordinados, en X, en entrevistas y en distintos foros, la decisión fue notoria: bancar hasta que la situación mejore.
Mientras las encuestas empezaron a ubicar entre las primeras preocupaciones el desempleo y los bajos salarios, además de la corrupción, como marcó por ejemplo la firma Tres Punto Cero de Shila Vilker, desde el Presidente hasta sus principales ministros salieron a enfatizar que la economía está creciendo, que hay nuevos empleos creándose y que las empresas no se destruyen como dice “el periodismo y la oposición”.

Es una pulseada que puertas adentro reconocen tiene un sentido: resistir las críticas y el temblor político por otros escándalos hasta que ceda la inflación, bajen las tasas y mejore el consumo popular. Todo un desafío y una carrera contra el tiempo y la paciencia.
El último en hacerlo fue Federico Furiase, el ahora secretario de Finanzas, que este jueves en una entrevista con Antonio Laje respondió varias veces el contraste que le hacía el periodista entre los datos macroeconómicos positivos que subrayaba y lo que siente la gente que no llega a fin de mes.
“A esa gente le digo que va a estar mejor en el corto plazo”, afirmó. Y dio su perspectiva de cómo sigue ese proceso de acuerdo con la mirada oficial: “La inflación va a bajar, los salarios se van a recuperar y se va a recuperar el crédito porque las tasas van a bajar”.
Es en definitiva la apuesta del Poder Ejecutivo, que de manera cada vez más explícita empieza a transmitir un nuevo horizonte de prioridades en la política económica: a través de la compra de reservas con emisión de pesos y vía la renovación ya no total de vencimientos de deuda en moneda nacional es posible que apueste a una remonetización más clásica de la economía. Es decir, soltar más dinero en la calle para tratar de que así afloje el apretón monetario, ceda el costo del crédito y por ende se reactive ese motor siempre y cuando baje la morosidad.
El costo de tal estrategia, admiten por lo bajo, es que la inflación tarde más en bajar y ya no sea realista seguir afirmando que va a empezar con “0” en agosto. De hecho marzo asoma otra vez en torno al 3% si no más. El impacto de la guerra en el precio de los combustibles, a propósito, ya le pone más dificultades a ese objetivo y ofrece además una explicación exógena para cualquier escenario más desagradable.
“Hacia mitad de año las tasas deberían ser sensiblemente más bajas”, se animó a pronosticar un integrante del equipo económico que hace equilibrio entre el Ministerio de Economía y el Banco Central. “El mundo es un caos, pero es nuestra idea”, afirmó.
La racha de compra de divisas hace juego con esta renovada estrategia oficial, al tiempo que esperan que haya más pesos en la calle a medida que caigan los próximos vencimientos de deuda en pesos que no buscarían renovar por completo.
En contra, sin embargo, juegan el hecho de que hasta marzo incluido los salarios posiblemente sigan perdiendo con la inflación, como reconoció el propio Furiase y como informó el Indec este miércoles con datos de enero, y los empleos registrados especialmente del sector fabril sigan cayendo y siendo reemplazados por puestos más precarios vía monotributo. Ese escenario conspira contra la idea de la vuelta del crédito o de la simple reducción de los niveles de mora en los bancos y billeteras virtuales.
El ministro Caputo dijo la semana pasada que en algún tiempo darán a conocer una estrategia de garantía de pagos de la deuda externa para el próximo año y medio. Tras descartar volver a los mercados internacionales de deuda y más con el riesgo país arriba de 600 puntos en tiempos de guerra, ahora el foco está puesto en conseguir que la reactivación se sienta en la calle.
En una furiosa reaparición en X, Milei esta semana dejó pistas de que tal vez se comience a ver que se está girando en las prioridades oficiales. Habló de “contratiempos” en la baja de la inflación, por un lado, en tanto que hasta apeló a comparaciones con la Convertibilidad y el Rodrigazo para poner en contexto las dificultades que enfrenta su programa económico.
Casi en simultáneo, también retuiteó noticias sobre las búsquedas laborales del banco JP Morgan, con una cita con chicana para los que se quejan por los despidos en FATE. Y al mismo tiempo apareció el ministro de Desregulación, Federico Sturzenegger, con un gráfico con el que intentó demostrar que no hay destrucción de empresas “como dice la oposición”, en un mensaje que tuvo que completar cuando le marcaron que no había incluido el segmento de pequeñas firmas con hasta 5 empleados donde sí se registra una fuerte merma.
Así, con los tapones de punta en las redes el Gobierno aspira a resistir. Un plan con fuerte presencia en el debate público para tratar de exacerbar que hay sectores que traccionan, como el agro, la intermediación financiera, la minería y el petróleo, y que en todo caso lo que aparece como “malas noticias” o son daños colaterales de una transformación en marcha o bien aún secuelas de lo que todavía presentan como “ataque político” el año pasado.
Por eso este jueves a la tarde Caputo también destacó el dato del Estimador Mensual de Actividad Económica que creció 0,4% en enero contra diciembre. Es lo que hay hoy en Casa Rosada. Tiene fecha límite y pierde eficacia a medida que estallan escándalos de presunta corrupción por Libra y se vuelve insostenible la falta de explicaciones del nivel de vida de los funcionarios como Manuel Adorni. Por eso les urge que llegue el momento donde la demanda se reactive de la mano de una baja de tasas y la vuelta del crédito.
“A la economía le falta un empujoncito”, lo dijo con todas las letras Miguel Kiguel en el Congreso del Instituto Argentino de Ejecutivos de Finanzas (IAEF), luego de describir cómo está la actividad económica por sectores y el clima en la calle.
Tras reconocer que no habrá emisión, ni subsidios, ni incentivos, ni obra pública porque todo eso va en contra el mantra de esta administración sobre el gasto público, soltó: “Tal vez hay que mirar el FGS”, en referencia al Fondo de Garantía de Sustentabilidad del Anses.





















