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La campaña triguera récord de Argentina para el ciclo 2025/26 se ha convertido en una polémica entre productores locales, exportadores y analistas. Lo que en los registros se presenta como un éxito productivo sin precedentes —con una cosecha que alcanza los 27,8 millones de toneladas—, está generando alertas en toda la cadena de comercialización.

La paradoja es clara, ya que tal como se estimó hay más trigo que nunca, pero el grano no alcanza los estándares mínimos para lo que mejor sabe hacer la industria: el pan.

En cambio, mientras los molinos luchan por mantener la calidad de la harina, el mercado de granos está encontrando otra salida para el excedente de baja proteína: el sector forrajero.

El analista de RIA Consultores, Javier Preciado Patiño, alertó sobre un fenómeno inusual para un inicio de campaña. En diciembre, el uso de trigo con fines de alimentación animal se disparó a 34,3 mil toneladas, un volumen que triplica lo que habitualmente se deriva a la industria del balanceado.

Vicentin buscará una "suplencia" para que la molienda continúe adelante
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“Hay que ir hasta el arranque de la campaña 2016/17 para ver cifras iguales”, señaló Preciado Patiño, dejando en el aire una pregunta inquietante: ¿Habrá suficiente trigo de calidad para el mercado interno o se llegará al extremo de tener que importar trigo corrector en un país que acaba de cosechar casi 28 millones de toneladas?

El buen comportamiento del clima, caracterizado por una humedad oportuna en fases clave y temperaturas que aceleraron la maduración, sostuvo una tendencia alcista que sorprendió incluso a los técnicos más optimistas. Sin embargo, ese mismo apuro climático parece haberle pasado factura a la composición biológica del cereal.

Bajo gluten

Diego Cifarelli, presidente de la Federación Argentina de la Industria Molinera (FAIM), encendió las alarmas de manera transversal. “Estamos muy felices con la cosecha récord, pero en todas las zonas productivas los molinos están enfrentando importantes dificultades para proveerse de cereal con condiciones mínimas adecuadas para panificación”, advirtió.

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Un análisis exhaustivo sobre 3170 muestras (que representan un volumen de más de 112.000 toneladas) en la provincia de Buenos Aires arrojó mayor preocupación: el nivel de gluten promedio ponderado es de apenas un 20,7%, mientras que, para la industria, la base mínima de calidad es el 26% de gluten.

Bajo este escenario, apenas el 3,5% del total evaluado cumple con este requisito. Esta escasez de “trigo corrector” o de alta calidad no es un problema regional; es un fenómeno de orden nacional que impide que los molinos compensen la falta de proteína de una zona con la oferta de otra, como solía ocurrir en campañas anteriores.

“Estamos frente a un problema muy grave: no estamos pudiendo fabricar nuestros productos porque la harina está viniendo de muy mala calidad, con un gluten muy bajo”, explicó Martín Pinto, presidente del Centro de Panaderos de Merlo.

“No solo no vendemos y nos aumentan los costos, sino que hoy directamente no podemos fabricar como corresponde”, remarcó.

Frente externo

Ante la falta de materia prima óptima, la industria molinera argentina se ha visto obligada a “reaprender” el oficio de procesar harina en tiempo real. Los procesos productivos han mutado: los técnicos ahora instrumentan amasados más cortos y controlados para evitar que la red de gluten se rompa, disminuyen la cantidad de agua para lograr masas más sostenidas y ajustan con precisión quirúrgica la dosificación de mejoradores químicos.

Sin embargo, aún no se descarta que tengan que recurrir a la importación para compensar el bajo rendimiento del producto local, algo que eleva los costos de producción y genera más costos en una cadena al borde la crisis.

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El sector agroexportador se enfrenta a un programa de comercialización “muy agresivo”, reconoció Gustavo Idígoras, presidente de la Cámara de la Industria Aceitera de la República Argentina (CIARA) y del Centro Exportador de Cereales (CEC) y confirmó que se deben colocar cerca de 18 millones de toneladas en el exterior.

De este total ya se registraron ventas por 8,7 Mt, confirmó y explicó que “siempre existe relación entre aumento de volumen y caída de calidad”.

Frente al fenómeno que generó baja calidad para la elaboración de pan, Idigoras contó que se enfocan en la diversificación de ventas a distintos mercados del sudeste asiático y puso en valor la reciente apertura del mercado chino, con uso forrajero.

Respecto al precio de comercialización señaló que ya refleja de manera “bastante realista” la situación específica.

Este resultado genera alteración a la proyección de liquidación de divisas del complejo triguero que, inicialmente se estimó en u$s 3700 millones.

El informe de Agroperspectivas de la Universidad Austral destaca que el programa de embarques (line-up) está sumamente activo, con cantidades que duplican el promedio histórico.

Sin embargo, advierte que “los niveles bajos de proteína están llevando a los precios a niveles más bajos”. Esto ha posicionado a la Argentina como un origen altamente competitivo.

Recientemente, Argelia adquirió cerca de 600.000 toneladas de trigo y todo indica que el origen mayoritario es argentino, con precios que rondan los u$s 254 la tonelada (C&F), logrando desplazar incluso al trigo del Mar Negro.

Mientras tanto, en Chicago y Rusia, los precios encuentran soporte por temores climáticos (fríos extremos sin nieve que amenazan los cultivos). Esta brecha entre el trigo de calidad internacional que se encarece y el trigo argentino de baja proteína que se ofrece con descuento define la dinámica comercial del momento.

El impacto fiscal

Este escenario de alta producción, pero precios deprimidos por calidad también tiene un correlato directo en las arcas del Estado.

Si bien el grueso de la recaudación impositiva por derechos de exportación (DEX) recae históricamente sobre el complejo sojero —que este año aportaría unos u$s 3670 millones—, el aporte del trigo es una pieza clave en el rompecabezas fiscal.

En proporción a la estimación de exportaciones se estima que el complejo triguero generará ingresos por u$s 248 millones en concepto de retenciones.

La proyección anticipaba un alza del 0,8% interanual, sin embargo, podría verse impactado de forma negativa por el efecto de los bajos niveles de proteína sobre los precios FOB.