El Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC) dio a conocer ayer el Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) correspondiente a diciembre, confirmando un crecimiento anual del 4,4% para 2025.
Sin embargo, el dato que captó la atención de la City no fue solo el promedio anual, sino el fuerte repunte del 1,8% mensual desestacionalizado en el último mes del año, una cifra que superó las expectativas de las consultoras privadas y que modifica el escenario de base para el año en curso.
En diálogo con Urbana Play, el economista y director de la consultora Invecq, Santiago Bulat, analizó la letra chica del informe oficial y reconoció que el desempeño del cierre de año superó lo previsto.
“Fue un dato que sorprendió al alza, nosotros teníamos estimado un crecimiento en diciembre, pero nos pareció bastante alto el 1,8% contra el mes inmediato interior”, explicó Bulat, destacando que se trató del “segundo mes que más creció la economía” desde el inicio de la gestión actual.
Al desmenuzar los factores que impulsaron este salto, el economista señaló tres motores clave: una cosecha de trigo excepcional, cuestiones estadísticas vinculadas a los subsidios y un factor climático.
Sobre el agro, detalló una producción de trigo de “27 millones de toneladas contra 20 del año pasado”, mientras que en el plano energético, el clima jugó un rol determinante. “Diciembre fue un mes muy caluroso. Eso te hizo que la demanda eléctrica fuera uno de los meses de mayor demanda, lo que te dinamizó mucho el sector de energía eléctrica”, apuntó.
Más allá de la foto de 2025, el dato de diciembre es crucial por su impacto estadístico hacia adelante, conocido técnicamente como “arrastre”. Según el especialista, este cierre de año eleva el piso de actividad para 2026, facilitando las metas de crecimiento del Presupuesto.
“Te dejan un arrastre bastante mejor de lo esperado para 2026, cosa que nosotros pensábamos que iba a ser medio nulo; ahora va a estar más alto”, afirmó.
En ese sentido, Bulat explicó que “solamente con mantenerte” en los niveles de diciembre, el año ya comenzaría estadísticamente por encima del promedio anterior.
No obstante, el economista reconoció que la reactivación no es homogénea, describiendo el escenario actual como una “economía partida”.
Mientras los sectores vinculados a la exportación y los recursos naturales muestran un dinamismo acelerado, el consumo interno y la manufactura siguen rezagados. “Tenés agro volando, minería volando, oil & gas volando e intermediación financiera también”, enumeró, contrastando con la realidad de otros rubros: “Comercio muy abajo, industria muy abajo”.
El sector fabril fue, de hecho, uno de los más golpeados en el cierre del año. Bulat fue contundente al señalar que “la industria en diciembre fue el sector que más sufrió en términos de caída”. Esta disparidad se refleja también en el sector servicios, donde hoteles y restaurantes mostraron un mal desempeño, afectados por un turismo que se volvió más emisivo que receptivo debido a la situación cambiaria.
Para el analista, esta dinámica responde a un cambio estructural en el modelo económico, donde el motor deja de ser el consumo subsidiado para pasar a la inversión y la exportación, un proceso que naturalmente tiene velocidades distintas. “Salimos un poco de la lógica de una economía que crecía a partir de una economía más cerrada y con mucho estímulo al consumo”, reflexionó Bulat.
Hacia adelante, la expectativa es que esta heterogeneidad se mantenga en el corto plazo. Los sectores competitivos a nivel global continuarán traccionando las inversiones “de primera mano”, mientras que aquellos dependientes del mercado interno tardarán más en recuperar terreno.
Según concluyó el economista, bajo las nuevas reglas de juego —sin precios cuidados ni tarifas subsdiadas—, el crecimiento “dependerá de la competitividad genuina de cada sector”.