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Tras tres décadas de tensas negociaciones y una espera que parecía interminable, este 1 de mayo marcará un hito en materia de integración global con el inicio de la implementación provisional del acuerdo entre la Unión Europea y el Mercosur.

En un contexto internacional marcado por la fragmentación y la incertidumbre, este tratado no solo elimina barreras arancelarias para el 99% de los productos agrícolas del bloque regional, sino que posiciona a la Argentina en carrera para recibir inversiones clave.

En diálogo con El Cronista, Erik Høeg, embajador de la Unión Europea en Argentina, reveló los proyectos de infraestructura que ya están en el radar de Bruselas, como el financiamiento de la Línea F de subte y obras energéticas en San Juan.

Además, analizó los desafíos geopolíticos actuales: desde la competencia con China y la tensión en Medio Oriente hasta cómo la guerra en Ucrania aceleró la necesidad de Europa de encontrar en el Cono Sur un proveedor fiable de minerales críticos y energía.

-¿Cuáles son los ejes principales del acuerdo Unión Europea-Mercosur y qué beneficios mutuos proyectan en materia de comercio e inversión?

-El acuerdo, que entrará en vigencia de manera provisional este 1 de mayo, se apoya fundamentalmente en el fomento de la inversión y el intercambio bilateral. Para Argentina, prevemos un fuerte impulso de capitales europeos, especialmente en sectores donde el país ya es altamente competitivo. En la agroindustria en productos como aceite de oliva, pistachos, cítricos, carnes (bovina y aviar), maíz y soja.

Fuente: Freepik
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Para la minería, el acuerdo facilitará la importación de bienes de capital y maquinaria sin aranceles, potenciando la capacidad operativa local. También se observa potencial en el sector energético, lo que refleja una mayor confiabilidad de Argentina ante los ojos de los inversores europeos.

Por el lado de la Unión Europea, el interés se centra en la exportación de vehículos y productos industriales. Somos conscientes de las asimetrías, por lo que el pacto contempla un período de transición de 15 años. Este plazo está diseñado para que los sectores más sensibles del Mercosur se adapten a la mayor competencia

-¿Considera que las nuevas salvaguardas presentadas logran saldar las resistencias del sector agrícola europeo y permitirán un flujo comercial estable?

-Sí, el comercio fluirá de manera segura. Se han implementado salvaguardias que otorgan a la Comisión Europea la facultad de investigar cualquier disrupción del mercado bajo criterios específicos. El sector agrícola es un pilar estratégico para la Unión Europea y buscamos protegerlo, con la misma lógica con la que el Mercosur protege a su sector industrial.

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Es importante destacar la magnitud del acuerdo: el 99% de los productos agrícolas del Mercosur ingresarán a la Unión Europea sin aranceles. No obstante, para los productos más sensibles —como la carne bovina (cupo de 99.000 toneladas) y la carne aviar (donde el volumen se duplicará)— se mantendrá un esquema de cuotas para garantizar la estabilidad del mercado interno.

-¿La Comisión participan en la asignación de la cuota de carne?

- Las cuotas se otorgan al Mercosur como bloque. La Unión Europea espera que el Mercosur se coordine, discuta y negocie internamente la distribución de esos cupos. Hay un punto importante sobre la transición: durante el primer año de implementación, la cuota se asignará por orden de llegada; es decir, el primer país en colocar su carne en el mercado europeo se llevará el cupo (First come, first served).

Sin embargo, a partir del segundo año (2027), los países miembros deberán presentar formalmente una propuesta de reparto interno. Este mecanismo rige para la carne bovina, la aviar y otros productos sensibles.

- ¿Hay alguna preferencia en Europa por la carne argentina?

- Aunque la carne argentina es considerada la mejor del mundo, ese no será el criterio para la repartición de cuotas. Es una decisión que deberá discutirse dentro del marco del Mercosur, y la Unión Europea espera una propuesta de cómo se repartirán estas cuotas, ya que el acuerdo es con el Mercosur como entidad.

Guerra, comercio y la relación con EE.UU.

-¿Cuánto influyó el contexto global, las diferencias con EE.UU. para que avance, finalmente, el acuerdo UE- Mercosur?

-La Unión Europea ha analizado diversas dinámicas que subrayan la necesidad de diversificar tanto sus importaciones como sus mercados de exportación. En ese proceso, buscamos socios fiables que compartan nuestros valores y nuestra historia, como es el caso de Argentina y el Mercosur.

En un escenario de creciente desarticulación del sistema de comercio global, es fundamental que las naciones que creemos en un intercambio basado en normas y en el derecho internacional sigamos apostando por la liberalización y la cooperación.

- Y a la vez esta región es “zona de paz” ¿Es un factor que juega a favor?

-Sin duda. El hecho de ser una zona de paz, democrática y que respeta el Estado de derecho es un factor determinante. Tradicionalmente, es una región más estable y cercana a nuestros valores.

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Además, la Unión Europea tiene hoy la necesidad estratégica de diversificar su suministro de materiales críticos, como el litio y el cobre, que son esenciales para la transición energética y la industria del futuro. En ese esquema, vemos a la Argentina como un proveedor potencial de primer orden, precisamente por esa combinación de recursos, estabilidad y valores compartidos.

-¿Cómo está el vínculo con EE.UU.?

La Unión Europea y Estados Unidos mantienen una relación de cooperación sólida en la mayoría de las áreas, con flujos masivos de comercio e inversión y un trabajo conjunto en la OTAN por la seguridad europea. El impulso definitivo hacia el acuerdo con el Mercosur responde más a una necesidad estratégica interna: la guerra en Ucrania y la escasez de minerales críticos.

Estos factores evidenciaron nuestra vulnerabilidad y la urgencia de diversificar proveedores. La agresión de Rusia contra Ucrania alteró por completo el panorama geoestratégico de Europa, forzándonos a interrumpir las importaciones energéticas rusas y a buscar nuevas fuentes. Este escenario es el que ha traccionado los acuerdos a largo plazo con empresas europeas en el sector energético argentino.

Las oportunidades de Argentina con la UE

-¿Qué es el programa Global Gateway y cuáles son las prioridades de inversión?

-El Global Gateway es la apuesta estratégica de la Unión Europea para fomentar inversiones sostenibles bajo un marco democrático y de respeto a las comunidades locales. Para el caso del Mercosur, existe un compromiso especial para apoyar a los países en la transición hacia el nuevo acuerdo, con fondos específicos que ya estamos discutiendo con representantes locales, incluida la Argentina.

El objetivo es integrar de manera eficiente la industria y la sociedad argentina en este nuevo mercado unificado. Buscamos inversiones que impulsen la productividad y el empleo, siempre bajo criterios de sostenibilidad. Actualmente, las prioridades están puestas en minería, energía e infraestructura. Tenemos proyectos muy concretos en análisis, como el financiamiento de la nueva Línea F del subte en Buenos Aires y obras de transmisión eléctrica en San Juan para potenciar la actividad minera.

-Respecto al fondo específico de u$s 1800 millones que se activan para el Mercosur ¿hay proyectos locales en carrera?

- Actualmente, estamos mirando con mucha atención dos proyectos de infraestructura clave: la extensión de la Línea F del subte en Buenos Aires y el sistema de transmisión eléctrica en San Juan. Existe un interés real de empresas europeas por participar en las licitaciones; de concretarse, el Banco Europeo de Inversiones (BEI) está plenamente dispuesto a respaldar estas obras bajo el paraguas de la estrategia Global Gateway.

Asimismo, el sector digital es una prioridad. Buscamos fomentar la economía del conocimiento y el desarrollo de la Inteligencia Artificial, siempre bajo un marco democrático y de transparencia en la administración pública. El objetivo es que la tecnología sea una herramienta para mejorar la productividad y la gobernanza.

-El cambio de modelo en Argentina generó un corrimiento del Estado de la obra pública. ¿La falta de infraestructura básica -rutas, cloacas- puede ser un freno a la inversión o pueden los privados involucrarse?

-No existe un modelo universal. Hemos visto desarrollos de infraestructura sumamente exitosos con fondos privados en países que supieron crear el marco regulatorio adecuado, como es el caso de autopistas mediante peajes o ferrocarriles diseñados para la actividad minera.

En la Unión Europea, el Estado suele intervenir aportando un mínimo de garantía soberana o asumiendo un rol más protagónico según el sector. En última instancia, la decisión política sobre el grado de participación del capital privado en la infraestructura nacional pertenece exclusivamente al Estado argentino. No obstante, es importante señalar que la falta de garantías soberanas puede actuar como un obstáculo para el financiamiento de ciertos proyectos de gran envergadura.

Minería, inversiones y Ley de Glaciares

-¿Cuál es el panorama actual y qué concepto de extracción de recursos naturales promueve la Unión Europea?

-La minería es hoy un pilar esencial para la industria global y, fundamentalmente, para la transición energética. Argentina posee un potencial inmenso; de hecho, vemos cómo países vecinos ya han desarrollado este sector bajo los más altos estándares internacionales de sostenibilidad y derechos laborales.

Nuestra visión busca impulsar una minería que sea ambientalmente responsable y que respete profundamente a las comunidades locales e indígenas. No concebimos la actividad sin un beneficio directo para el entorno: esto implica, por ejemplo, priorizar la contratación de mano de obra local y el desarrollo de proveedores regionales. Desde la Unión Europea, estamos plenamente dispuestos a colaborar mediante capacitación técnica y apoyo institucional para consolidar este modelo de minería sostenible en el país.

-¿Han detectado alguna incompatibilidad con la ley de Glaciares?

- Actualmente, la Unión Europea se encuentra analizando la Ley de Glaciares y el marco normativo ambiental. Todavía no tenemos un veredicto definitivo ni una posición oficial sobre si existe una incompatibilidad técnica con el acuerdo.

-Ante la nueva escalada bélica en Medio Oriente, ¿cómo evalúa la Unión Europea el impacto de este conflicto en el comercio global y la estabilidad regional?

-Observamos el conflicto con profunda preocupación. La posición de la Unión Europea es clara en la defensa del derecho internacional y en la crítica a la política de derechos humanos de Irán; asimismo, buscamos un régimen robusto que impida que dicho país acceda a armas nucleares o desarrolle misiles balísticos.

En términos económicos, el cierre del Estrecho de Ormuz genera preocupación por sus implicaciones económicas, como el aumento del precio del petróleo y de alimentos afectando especialmente a las regiones más vulnerables. Aunque la Unión Europea no es parte del conflicto ni fue consultada sobre el inicio de las actividades bélicas, nuestra prioridad absoluta hoy es la seguridad de los ciudadanos europeos en la zona y el monitoreo de esta crisis, que es dinámica y presenta una enorme incertidumbre sobre su desenlace.

La relación con China

- ¿Qué reflexión hace sobre el rol de China en la economía global y el desafío que representa su competitividad para el resto del mundo?

-Nuestra relación con China combina la cooperación con una vigilancia necesaria sobre ciertas prácticas comerciales. Actualmente existen preocupaciones concretas, como las acusaciones de dumping en sectores estratégicos, entre ellos el de los vehículos eléctricos.

La política de la Unión Europea se resume en el concepto “de-risking, but not de-coupling”: buscamos reducir riesgos mediante la diversificación de nuestras relaciones e importaciones, pero sin llegar a una desconexión total con la economía china. Reconocemos a China como una potencia con un rol central y abordamos el vínculo con pragmatismo. Estamos a favor de la competencia, siempre que sea justa, basada en normas de mercado y en estándares de sostenibilidad compartidos. En ese sentido, nuestra estrategia global pasa por diversificar alianzas con socios como India, Australia y, por supuesto, el Mercosur.

-Mencionó varias veces la importancia de la seguridad jurídica. En la Argentina actual, con un cambio de modelo tan profundo, ¿cree que se están dando esas condiciones y, sobre todo, que son sostenibles en el largo plazo?

-Argentina está recorriendo un camino hacia la creación de un marco macroeconómico más estable, algo que la comunidad internacional ya empieza a reconocer. Si bien el Riesgo País continúa siendo elevado, se perciben iniciativas claras. No obstante, los inversores aún mantienen una actitud de espera para confirmar si esta estabilidad perdurará en el tiempo.

Existen herramientas que funcionan como garantías de largo plazo. El acuerdo Unión Europea-Mercosur genera una institucionalidad y reglas de juego que trascienden gestiones, impulsando una apertura comercial sostenida. Asimismo, el régimen del RIGI para grandes inversiones aporta confiabilidad al ofrecer un horizonte de varias décadas, algo vital para sectores como la minería que exigen desembolsos masivos.

Si bien la trayectoria es positiva, aún quedan desafíos pendientes: la normalización del tipo de cambio y la libre remisión de utilidades son claves. El éxito dependerá de que esta previsibilidad macroeconómica se consolide, permitiendo que la financiación europea fluya con mayor dinamismo.

-En los siete meses viviendo en el país seguramente le ha tocado convivir con la conflictividad social, esa tensión en la “micro”, donde el ordenamiento macroeconómico todavía no llega al bolsillo ¿genera algún tipo de temor o distancia?

-En estos siete meses hemos observado protestas regulares en ciertos puntos de la ciudad, aunque no propiamente “piquetes”. Somos conscientes de que es fundamental que la microeconomía se active para generar empleos e ingresos genuinos para las familias.

El Gobierno plantea que, una vez estabilizada la macroeconomía, la recuperación de la economía real vendrá como consecuencia. Sin embargo, está claro que estamos en un período de transición y adaptación complejo, producto de desequilibrios previos muy serios. Para que el bienestar sea real, ambas cosas deben ir de la mano.

- La próximo semana se celebra el Día de Europa. ¿Qué significado tiene esta fecha y qué actividades tienen previstas para conmemorarlo en Argentina?

-El 9 de mayo conmemoramos la firma de la Declaración Schuman en 1950, el documento que sentó las bases de la actual Unión Europea. Es, ante todo, una celebración de la paz y la cooperación entre 27 naciones que, tras siglos de conflictos, decidieron integrarse. En Buenos Aires hemos preparado una agenda muy diversa. Participaremos en la Feria del Libro con un stand europeo que ofrecerá actividades culturales de todos nuestros estados miembros.

El 8 de mayo inauguraremos una exposición de fotografía en el Museo Fernández Blanco. Además, la Ciudad dedicará una función de ballet el 9 de mayo en el Teatro Colón y, esa misma noche, los monumentos porteños se iluminarán con los colores de nuestra bandera.

El 10 de mayo realizaremos una carrera junto a la Fundación Pupi (Zanetti), cuyos fondos se destinarán a niños en situación de vulnerabilidad y el 7 de mayo realizaremos la recepción oficial para celebrar este camino de unidad que hoy, con el inicio del acuerdo con el Mercosur, cobra una relevancia aún mayor.