El economista Ricardo Arriazu fue el plato fuerte de la 71ª Convención Anual de la Cámara Argentina de la Construcción (Camarco), donde desplegó un diagnóstico que combinó crudeza sobre el presente del sector con optimismo cauteloso sobre el mediano plazo.

El pasaje más impactante de su presentación fue la descripción de la paradoja productiva que atraviesa la Argentina.

“El que invirtió no tiene la culpa, el obrero no tiene la culpa. El cambio produce dislocaciones, destrucción, y la destrucción es siempre más rápida que la creación, y eso genera un problema. Hoy los sectores que crecen son oferentes de divisas como agro, minería y energía”, planteó.

Y remató: “Nunca vi un sistema en el que sobran divisas y falta mano de obra como en la Argentina hoy”.

En el frente externo, Arriazu revisó al alza sus propias proyecciones. Estimó un superávit comercial de hasta u$s 20.000 millones para este año, con resultado positivo también en la cuenta corriente, y una expansión de exportaciones por un monto similar traccionada por energía, minería y agro.

Para el PBI, proyectó un crecimiento promedio del 3,5%, aunque advirtió que ese número depende de una sola variable: cuántos dólares compren los argentinos.

Desde 2003 acumularon adquisiciones por unos u$s 260.000 millones y solo en 2025 sumaron alrededor de u$s 41.000 millones. “Se va a crecer 3,5% si se compran menos divisas, pero se va a crecer menos si se compran más”, sintetizó.

Ese comportamiento de los ahorristas es, para Arriazu, la verdadera amenaza sobre el programa económico, más que cualquier variable fiscal o externa.

El economista vinculó directamente la demanda de dólares con los indicadores de confianza y con el calendario electoral: “¿Vamos al péndulo o no? El índice de confianza del consumidor de la Universidad Torcuato Di Tella es el mejor predictor de las elecciones. Lleva seis meses consecutivos de caída y está muy correlacionado con la imagen presidencial. Si mejora, la gente se queda tranquila; si empeora, tiene miedo y compra dólares”.

Así, Arriazu, insistió en que el superávit fiscal hace imposible una crisis de pagos clásica, pero que las tensiones cambiarias pueden aparecer igual.

“Puede haber crisis porque los argentinos compran dólares porque les piace. Acá se define todo. Por eso fue tan importante que el Gobierno ganara la pulseada el año pasado y por eso ahora la gente va a pensar dos veces antes de comprar dólares”.

Sobre el tipo de cambio fue categórico. Descartó la devaluación “hubiera tirado todo el programa al demonio” y planteó que la apreciación del peso es, paradójicamente, una señal de éxito.

“El tipo de cambio se está apreciando. Si Argentina tiene éxito, Argentina va a ser cara”. También apuntó al dato que más incomoda: “Tenemos los mejores números económicos de América Latina y el riesgo país más alto de la región. ¿Por qué? Porque fuimos estafadores seriales y la gente tiene miedo. Si no hay confianza va a seguir el mismo problema”.

Al cierre, Arriazu puso la pelota en el terreno político y fue deliberadamente ambiguo sobre el desenlace. Consultado sobre qué recomendaría a los empresarios, respondió: “Primero fijarse si se está entre los perdedores o ganadores, y en el caso de los perdedores, adaptarse y cambiar”.

Y al evaluar las chances del programa económico recurrió a una cita: “Como diría Pablo Gerchunoff, la moneda está en el aire”. Con todo, cerró con un tono más esperanzador: “Los planetas se alinearon. Tenemos una oportunidad espectacular. Pero Argentina tuvo muchas veces oportunidades que desperdició. Espero que esta vez la aprovechemos”.