Mientras los indicadores globales muestran un mercado en expansión récord, la industria argentina enfrenta el desafío de no quedar diluida ante el avance de las importaciones y una pérdida de competitividad que alarma, según expusieron ayer los máximos referentes del autopartismo en su encuentro anual en La Rural.
El evento organizado por la Asociación de Fábricas de Autocomponentes (AFAC) fue el escenario para debatir el rumbo de la política económica y de un sector clave para la industria.
Desde abajo del escenario, dijeron presente pero sin dar declaraciones Pablo Lavigne, secretario Coordinador de Producción e Industria; Carolina Cuenca, secretaria de Comercio Exterior y Fernando Blanco Muiño, Director Nacional de Defensa del Consumidor
En la perspectiva global, el panorama es de crecimiento. Michael Johannes, Brand Manager de Automechanika (Messe Frankfurt), destacó la salud del mercado internacional. “Nunca hemos tenido tantos autos en la calle; hoy circulan más de 1300 millones de vehículos y el foco se desplaza hacia los vehículos definidos por software y la digitalización”, señaló.
Sin embargo, el optimismo global choca con la realidad productiva local. Mientras en China avanzan las “dark factories” —plantas totalmente automatizadas que operan sin luz ni operarios, maximizando la eficiencia las 24 horas—, la industria argentina continúa cargando con una pesada mochila impositiva, costos logísticos que impiden competir a escala global y un salto de 85% interanual en importaciones.
Esta asimetría tecnológica y fiscal sitúa a las terminales y autopartistas locales en una desventaja estructural difícil de revertir solo con esfuerzos de gestión, reflejó Juan Cantarella, director de AFAC.
El referente de la entidad fue tajante al definir como “impuestos cobardes” a tributos como Ingresos Brutos, el impuesto a los Débitos y Créditos y las tasas municipales.
“Se trata de impuestos cobardes porque, con una alícuota nominal que puede parecer baja, por el efecto cascada la alícuota efectiva termina siendo mucho más alta”, explicó a El Cronista.
Según el análisis de AFAC, este sistema genera una paradoja perversa: “Castiga proporcionalmente más a las cadenas que están más integradas localmente”. Es decir, cuanto más valor agregado y eslabones de producción nacional tiene un producto, más capas de impuestos acumulados debe soportar, lo que limita severamente la capacidad exportadora del sector.
“Canibalismo industrial”
Según el informe de AFAC y Promotive, el 62% del parque automotor argentino ya es de origen importado (cifra que sube al 72% en vehículos pesados).
La presión que generó la facilitación de importaciones en un mercado deprimido, ha generado un “canibalismo industrial”: empresas que, al no poder competir en precio, optan por importar piezas para sobrevivir, desmantelando su propia capacidad productiva.
Al respecto, una de las frases que más resonó en la jornada fue la de un directivo de la entidad, quien graficó la situación con mística futbolera: “No se puede jugar un partido de fútbol sin antidoping al equipo contrario”.
La preocupación por la competencia del gigante asiático ocupó un lugar central en la agenda de la jornada que dio inicio a la exposición Automechanika. Cantarella explicó que la “amenaza china” no es un fenómeno lineal, sino que se despliega en cuatro dimensiones que afectan directamente la producción regional.
Desde la importación directa con el ingreso de unidades terminadas a partir del cupo de 50.000 unidades sin impuestos que, si bien compite con otros importados, presiona la cuota de mercado; nuevos proyectos locales de ensamblado pero con componentes chinos lo que genera bajo impacto industrial. Además, sumó que la radicación de terminales de origen asiático en Brasil impacta en la balanza comercial y productiva de Argentina.
En ese sentido explicó que el aumento de las importaciones brasileñas de vehículos chinos reduce la demanda de fabricados en Argentina para ese mercado y señaló, por último, las reglas de origen laxas: el Mercosur tiene “reglas de origen muy poco exigentes”, lo que facilita la triangulación de componentes, advirtió.
Desde AFAC destacaron la necesidad de actualizar el marco normativo con el principal socio comercial. Si bien reconocieron que el acuerdo vigente permitió una “coexistencia complementaria de la industria automotriz en los últimos 30 años”, señalaron que el consenso entre las cuatro cámaras principales del sector es avanzar hacia un “nuevo acuerdo automotriz” que permita enfrentar los desafíos actuales.
El ruido regional
La alternancia política y el cambio brusco en las reglas de juego en Argentina no solo preocupan a los industriales locales, sino que hacen ruido en los socios estratégicos.
Referentes de Brasil y México presentes en el encuentro advirtieron que, a diferencia de sus países —que mantienen acuerdos internacionales y se asocian con marcas asiáticas bajo marcos que protegen la producción y el empleo local—, Argentina ha iniciado una apertura sin un esquema que limite el avance externo. Se advirtió que, en el cortísimo plazo, esta desregulación terminará afectando también a las industrias vecinas por la interconexión de las cadenas de valor.
Martín Rappallini, presidente de la Unión Industrial Argentina (UIA) coincidió en esta mirada geopolítica, al señalar que la sobreproducción de China no es un fenómeno de mercado, sino una decisión estatal. “Ya no compiten las empresas, compiten los sistemas”, afirmó; al mismo tiempo insistió en que Argentina y Brasil deben actuar en bloque para exigir un comercio justo y condiciones de reciprocidad, como la transferencia de tecnología.
Uno de los puntos más críticos de la agenda es la situación del libre comercio mundial con la preocupación compartida con Brasil respecto a la competencia desleal proveniente de China, particularmente. El mundo está reaccionando ante países que deciden “ir por todos los sectores”, como el caso de los paneles solares, donde China concentra el 95% de la producción global.
Mientras otros países exigen transferencia tecnológica y radicación de plantas para vender en sus mercados, China exporta excedentes a precios por debajo del costo local, planteó el líder industrial e hizo un llamado a utilizar las herramientas diseñadas por la Organización Mundial del Comercio (OMC) para frenar la competencia desleal y garantizar un comercio equitativo.
“Me parece que hay que por lo menos tomar las medidas que están bien diseñadas por la OMC que tiene muchas para frenar la competencia desleal”, dijo y propuso trabajar junto a Brasil.