Elecciones 2021

Catterberg, de Poliarquía: "Nunca el kirchnerismo gobernó con este nivel de pesimismo"

Para el analista político, aun cuando el Gobierno sea derrotado en las elecciones la relación de fuerzas en las cámaras no sufrirá un cambio significativo. Habla sobre las olas de opinión que determinan el voto, el malhumor social y la situación del en la provincia de Buenos Aires.

De cara a las elecciones de medio término postergadas para el 14 de noviembre, no puede avizorarse aún cuál es la ola de opinión que terminará imponiéndose y determinará el resultado, afirma Alejandro Catterberg, socio de Poliarquía Consultores. El cuadro puede ser muy parecido al de 2009, con una ola en contra del oficialismo dada la crisis y el malhumor social, pero también podría darse un panorama más ambiguo, sin una corriente tan marcada. "El clima dependerá de la combinación de economía y pandemia, y todavía tengo dudas sobre ambos escenarios, el positivo y el negativo. Estamos a tiempo de verlos", dice.

¿Cómo describe el escenario electoral en este momento, en medio de la segunda ola de la pandemia?

Este año todo el proceso electoral será clave y, como sucede reiteradas veces en la Argentina, posterga decisiones necesarias que se tienen que tomar. La gestión del Gobierno hoy está teñida por el tinte electoral más que por las necesidades imperantes que hay en la Argentina o la agenda de reformas. Ejemplo número uno: el acuerdo con el FMI. Todo pareciera indicar que está más regido por el calendario electoral que por las necesidades reales de la economía. En términos de las elecciones, hay que diferenciar en dos aspectos. Uno, qué se elige, la parte formal, y qué resultado puede tener; y luego el aspecto político simbólico, qué consecuencias puede tener el resultado. No necesariamente las dos cosas, lo formal y lo político, van de la mano. Hay bastante certidumbre sobre lo formal, y mucha incertidumbre sobre la parte política. ¿Qué quiero decir con esto? Lo más lógico es que a fin de año tengamos un Congreso muy parecido al que tenemos hoy. Y que después del proceso electoral de este año no haya grandes cambios en la distribución del poder electoral en la Argentina. De hecho, es imposible que el Gobierno se quede con los dos tercios del Senado, con lo que la posibilidad de hacerles juicio político a los miembros de la Corte Suprema o las cuestiones más descabelladas que a algunos sectores se les puedan ocurrir quedan descartadas. Nuestra predicción es que el Gobierno terminará perdiendo de uno a tres senadores, pero seguirá teniendo una cómoda mayoría.

¿Y en Diputados?

En Diputados también, no esperamos grandes cambios. Es casi imposible que Juntos por el Cambio gane el control de la cámara. Hay que recordar que se renueva la elección de 2017, donde le había ido muy bien. Incluso pone en juego 10 diputados más que el peronismo. No es descabellado pensar que, aunque el Gobierno haga una mala elección, pueda terminar teniendo la misma cantidad o incluso más diputados de los que tiene hoy. Que alcance la mayoría o el quorum propio es difícil pero no impensado. La parte formal no va a generar muchas diferencias de lo que tenemos hoy. Después viene lo simbólico, lo político, de cuál será la lectura de este año.

¿Y cuál será esa lectura?

El primer interrogante es si la sociedad le dará un respaldo o un fuerte rechazo al Gobierno. El segundo tendrá que ver con la relación de fuerzas dentro las coaliciones. Qué sector pudo imponerse o ganar posiciones relativas frente al otro. El kirchnerismo frente al peronismo, y el ala más moderada si se quiere vinculada con (Horacio) Rodríguez Larreta frente a las líneas más duras dentro de Juntos por el Cambio.

¿Qué estará sobre la mesa al momento de la elección? ¿La gestión de la salud en la pandemia, la economía?

Hay que entender cómo son los procesos electorales. Muchas veces los analistas hablamos de las olas de opinión que se arman. Si al Gobierno se le arma una ola en contra, no importa quién es el candidato o la campaña: en ese caso va a perder, y perder fuerte. Y si se arma una ola a favor, va a ganar. Creo que es más probable que se arme una ola en contra, pero también puede darse un escenario donde no exista una clara corriente a favor o en contra. En ese caso la campaña y los candidatos sí empiezan a influir. Las condiciones actuales podrían tener una equivalencia con 2009: se generó una ola en contra del kirchnerismo por la crisis financiera internacional y el conflicto con el campo y el gobierno tiró al asador todo lo que tenía -las candidaturas testimoniales de (Daniel) Scioli y (Sergio) Massa. Aun así, llegó un desconocido -Francisco de Narváez- y le ganó. En 2017, se armó una ola a favor para Cambiemos y Esteban Bullrich, una figura desconocida en la provincia de Buenos Aires, ganó. El clima social dependerá de la combinación de economía y pandemia, y todavía tengo dudas sobre ambos escenarios, el positivo y el negativo. Estamos a tiempo de verlos.

¿Qué sería un escenario positivo para el Gobierno hoy?

El escenario positivo sería que el Gobierno consiga vacunas y siga vacunando, evite el colapso sanitario, logre reabrir la economía para septiembre y mantenga estable el tipo de cambio. Es un escenario plausible, que no hay que descartar. Si logra duplicar la cantidad de gente vacunada en los próximos meses y aumentar las segundas dosis, más la ayuda por los ingresos extra del precio de la soja y los DEG del Fondo para evitar un salto devaluatorio, no es que tendrá una gran ola a favor pero puede ir a la elección en un escenario neutro. Si las vacunas no llegan, la situación se complica, surge una tercera ola cerca de las elecciones, continúan los confinamientos estrictos y hay noticias que llevan a un deterioro del tipo de cambio, habrá un voto bronca muy importante. En nuestras encuestas, el malhumor social es muy fuerte. Nunca en 12 años el kirchnerismo gobernó con el nivel de pesimismo que vemos en la actualidad.

¿Haber movido la fecha de las elecciones favorecerá al oficialismo, o no es tan claro que sea así?

Hay dos tendencias. Desde el punto de vista de la pandemia, debería favorecerlo, porque debería darle más tiempo a que haya más gente vacunada y las elecciones ocurran más lejos del invierno, con menos confinamiento. Desde lo económico, algunos economistas dicen que podría ser un error, porque en noviembre sostener el tipo de cambio sin un ajuste devaluatorio va a ser cada vez más difícil y la liquidación de exportaciones empezará a descender. No es tan claro que el Gobierno logre cumplir su meta de evitar el salto devaluatorio antes de las elecciones. Mirando el punto de vista Covid, correr las elecciones pareciera que juega a favor del Gobierno; mirando la economía y el tipo de cambio, podrían generarse más dudas.

Radicalización

El kirchnerismo gana cada vez más espacio dentro del Gobierno, con un Alberto Fernández que abandonó el relato de moderación que ayudó al triunfo electoral en 2019. ¿Cómo influirá ese factor en medio del pesimismo social a la hora del voto?

Ahí diría lo siguiente. A lo que venimos hablando del humor social, el aumento de la pobreza, la inflación, el desempleo, un contexto tan negativo que debería llevar a pensar que un gobierno no tenga un buen resultado en la elección de medio término, se suma otro problema, el que planteás: que la coalición peronista que ganó en 2019 no es solo una coalición de distintos dirigentes sino una coalición de distintos votantes. Ahí se conjugaron los votantes kirchneristas con los votantes peronistas que ya abandonaron a Cristina Kirchner. En términos de peso, el kirchnerismo es el principal accionista, con entre el 25 y el 30 por ciento de esos votos, y el peronismo entre el 15 y el 20. La suma los hizo llegar al 48 por ciento que obtuvieron. Ese 15/20 por ciento que existe de votantes peronistas no cristinistas, que es culturalmente peronista pero no la quiere a Cristina Kirchner y que votó a Alberto confiando en que venía un peronismo más moderado, se encuentra un año y medio después con que no tuvo respuestas desde el punto de vista económico y que cada día más quienes manejan los destinos del Gobierno son Axel Kicillof, Máximo Kirchner y Cristina Kirchner. La pregunta es esos votantes qué van a hacer. Lo lógico es pensar que una parte significativa de esos votantes no acompañe al Gobierno. Ahí pueden ganar relevancia figuras como la de Florencio Randazzo en la provincia de Buenos Aires u otro dirigente del peronismo no cristinista que pueda tomar esos votos, que uno podría decir que eran los votos que Massa dejó cuando se integró a la coalición.

En las provincias tiendo a pensar que los gobernadores van a provincializar las elecciones, y al provincializar van a tratar de retener a ese votante.

¿El peronismo puede ir dividido en la provincia de Buenos Aires?

No la coalición de gobierno. El peronismo que forma parte del gobierno no irá dividido a las elecciones, no habrá un quiebre. Sí puede haber un sector de dirigentes como Randazzo o (Roberto) Lavagna que nunca formaron parte de esta coalición y logren captar a votantes peronistas insatisfechos con la economía y con el rol preponderante del kirchnerismo. Hay un caudal de votos que puede ser 10, 15 o 18 por ciento.

¿Y del lado de la oposición? No están claras ni las candidaturas tampoco. ¿La pandemia está distorsionando los plazos?

Lo raro es el sistema argentino donde, por las PASO, los candidatos se definen antes y estamos un año hablando de las elecciones. En muchos países las elecciones ocupan no más de tres meses, sobre todo las de medio término. No veo un elemento llamativo este año. Al revés, como los procesos electorales son tan largos frenan reformas y decisiones de gestión.

Mencionaba un ala más moderada y una más dura en la oposición. El discurso tiende a ir hacia los extremos. ¿Cómo jugará ese hecho?

La oposición tiene dos problemas principales. Uno es el limbo en que quedó una vez que Juntos por el Cambio perdió las elecciones. En el PRO había un liderazgo verticalista de Mauricio Macri y durante la presidencia también era Macri al final del día el que organizaba y terminaba imponiendo sus voluntades en la coalición. Hoy no está claro cómo se toman las decisiones dentro de Juntos por el Cambio, no solo las candidaturas o los mensajes, y ese es un problema que tendrá que resolver para evitar peleas internas que dejen daños permanentes. El segundo problema que tiene la oposición es de identidad, de mensaje, de marca. Se vio muy afectada tras la salida del gobierno y no lo elaboró ni lo procesó en este tiempo. Además, las dos personas que posiblemente más influían en el mensaje y la estrategia que Cambiemos transmitía a la sociedad, como (Marcos) Peña y (Jaime) Durán Barba, ya no están. Eso hace que esté un poco diluido y desdibujado el discurso y el proceso de toma de decisiones. A pesar de eso, el principal elemento de su identidad, que es el antikirchnerismo, está muy vigente, y si el contexto social y económico es muy negativo puede verse beneficiado. Tiene, a su vez, a Rodríguez Larreta, el dirigente con mejor imagen hoy del país, y otros dirigentes con buena imagen (María Eugenia Vidal, Martín Lousteau) en momentos donde hay pocos políticos con índices de aceptación.

¿La "grieta" está en su peor momento desde que irrumpió en la opinión pública?

Desde el punto de vista de la sociedad, hay dos sectores de la sociedad minoritarios pero muy representativos, que tienen un antagonismo muy profundo. Por minoritario digo que no representan a la mayoría de la sociedad. Del lado del kirchnerismo, tenés alrededor de un 25 por ciento, un porcentaje muy grande que se identifica con la figura de Cristina Kirchner, su ideología y su discurso. Y en la vereda opuesta hay un poco menos del 20 por ciento. En el medio existe un gran campo que tiene muchas divisiones y no es homogéneo, pero que como factor común no comparte ni la figura de Macri ni la de Cristina y no tiene posturas extremas. Los sectores más radicalizados son los más politizados y los que consumen los medios, y eso genera un sesgo que condiciona la discusión pública y la toma de decisiones de los propios dirigentes políticos. Hay una mayoría silenciosa que justamente es silenciosa, y la agenda de problemas de esa mayoría está completamente disociada de la agenda de la política y el debate. Esa mayoría silenciosa la está pasando realmente mal. La pregunta que habrá que ver es si esa desproporción entre malhumor social y protesta social -hay mucho más malhumor que protesta- se mantiene o si en algún momento empezamos a ver un correlato mayor en la calle. No debería sorprender si ocurre en la Argentina, como está pasando en muchos países de América latina.


El texto original de esta nota fue publicado en la edición 330 de la revista Apertura

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Comentarios

  • SL

    sepe lios

    22/06/21

    El peronismo de todos los ambitos no debe sacar mas del 2%, la derrota debe ser fulminante debera perder la mayoria en TODAS las camaras inclusive las provinciales, solo asi, que ellos mismo vean la disconformidad de la gente y asuman el GENOCIDO del cual son CULPABLES, si no pierden brutalmente y con vergeunza esto no cambia mas.

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