2001: una crisis inevitable que hizo estallar a la política

Recuerdos y análisis de protagonistas del diciembre más tenso en el país. Las causas que provocaron las protestas, las renuncias presidenciales y la reorganización del sistema político.

Corralito, cacerolazos, estado de sitio, represión, helicóptero, acefalía. La unión de estas palabras conduce directamente a diciembre de 2001 en el calendario de la Argentina. Allí se produjo una crisis sin precedentes, un hito que marca hasta el día de hoy a la representación política del país.

El 20 de diciembre se terminaba el gobierno de Fernando de la Rúa, que había comenzado dos años antes. La Alianza entre la UCR y el Frepaso había comenzado a exhibir sus fisuras en octubre del 2000, con la renuncia del vicepresidente Carlos "Chacho" Álvarez. A la inestabilidad política se sumaba una situación económica que no despegaba. El retorno de Domingo Cavallo al ministerio de economía en marzo de 2001 buscaba aportar soluciones que nunca llegaron.

Su antecesor en la cartera económica fue Ricardo López Murphy -flamante diputado nacional-, pero solo había durado dos semanas en el cargo. Había propuesto un ajuste para equilibrar las cuentas públicas, no tuvo apoyo y renunció. De aquel momento, el economista recuerda la sucesión de crisis internacionales. "Fue una tormenta perfecta a partir del segundo semestre de 1997. Se produjo el derrumbe del precio de las comodities. Crisis asiática, rusa y Brasil en 1999", enumera.

Sobre su propuesta, asegura que "el programa de marzo 2001 era muy moderado. No porque tuviera miedo de hacerlo menos moderado, sino porque si se recuperaban los precios de las comodities, se normalizaban los mercados de capitales y se recuperaba Brasil, teníamos un superávit estructural en nuestra economía", lo que sucedería años después.

Sobre la caída de De la Rúa, López Murphy considera que "hubo un afán de terminar con ese gobierno. Hubo grupos muy beneficiados, los que disfrutaron de la pesificación asimétrica. Pesificar para los ahorristas a 4 y para los grandes deudores a 1". De forma retórica, se pregunta ante este escenario si "¿a alguien se le puede ocurrir algo más regresivo?".

Juan Manuel Abal Medina también había participado del gobierno de la Alianza. Si bien luego se hizo más conocido durante las presidencias de Cristina Kirchner -fue jefe de Gabinete durante dos años-, había trabajado en la secretaría de Modernización del Estado. "Trabajé algunos meses. Pero por cuestiones políticas estaba cada vez más incómodo. Con Juampi Cafiero renunciamos en julio del 2000", recuerda, en alusión al padre del actual canciller. De hecho, recuerda que en la noche de los cacerolazos participó en Plaza de Mayo "como un vecino más".

En su papel como politólogo -cuenta con una amplia trayectoria académica-, Abal Medina analiza que "la convertibilidad estaba agotada, pero políticamente nadie se atrevía a cambiar. Se podría haber hecho en los últimos tiempos de Carlos Menem o en el gobierno de la Alianza. Como nadie la quiso tocar, cayó sola, con una brutal cantidad de muertos y un enorme costo social, económico y político".

Abal Medina cree que la responsabilidad de la crisis es compartida. "Jugó mal el gobierno, jugó mal la oposición. Ninguno estuvo a la altura de una situación que era muy difícil".

Sobre lo que llegó después, cree que hubo una larga recomposición del sistema político, que continúa hasta el día de hoy. "La crisis de los partidos políticos no está superada", apunta. Al mismo tiempo cree que, en la actualidad, las dos grandes coaliciones Frente de Todos y Juntos por el Cambio "son altamente representativas. Expresan dos visiones del mundo y de lo que hay que hacer en la Argentina. Cosa que no ocurría en 1999 cuando los tres candidatos -de la Rúa, Duhalde y Cavallo- decían más o menos lo mismo en la campaña".

En el año 2005, la politóloga Ana María Mustapic publicó su investigación "Inestabilidad sin colapso. La renuncia de los presidentes: Argentina en el año 2001". El título hace referencia a que, a pesar de la gravedad de los hechos, no hubo un quiebre de régimen.

En esa línea apunta su colega Andrés Malamud, investigador de la Universidad de Lisboa. "Las instituciones políticas demostraron su resiliencia procesando la sucesión sin ruptura constitucional. El impacto lo sufrió el partido de gobierno, que debió transitar diez años para reagruparse, quince para volver al poder en un rol subordinado y veinte para disputar creíblemente la presidencia", detalla el analista, de conocida militancia radical.

Sobre las causas, Malamud diferencia cuatro. Al agotamiento de la convertibilidad como factor económico, agrega "el social: hubo un quiebre de confianza por la renuncia del vicepresidente y el suicidio de René Favaloro". También el político, "la señal de ´siempre listo´ del peronismo al ocupar la línea de sucesión" y por último, "uno individual: el déficit de liderazgo presidencial". A su vez, agrega que la ausencia de una red de contención social, como asignaciones y pensiones no contributivas, impidió la morigeración de la crisis.

Paula Clerici, investigadora del Conicet, recuerda que en 2001 hubo una crisis de representación de los partidos tradicionales, pero asegura que era un proceso que se atravesaba desde hace años. "El radicalismo tenía fragmentación interna desde el Pacto de Olivos. Líderes importantes se habían ido, como Elisa Carrió y Ricardo López Murphy. Ni hablar de lo que el menemismo implicó en términos de fragmentación para el PJ. En varias provincias la ley de lemas ha servido para contener las disidencias dentro del paraguas del sello peronista".

La politóloga añade que ya se habían empezado a hacer patentes las consecuencias del menemismo, como el aumento de la pobreza, el desempleo o la desigualdad. A esto se agregó un gobierno, el de la Alianza, que no supo manejar las demandas de la ciudadanía. "Esto se vio en el voto bronca de las elecciones de octubre de 2001. Ya para ese momento se evidenciaba una erosión importante en la coalición de gobierno".

Clerici repasa que se conjugaron "un presidente con una posición minoritaria en el Congreso; que asume con un gobierno de coalición, con dirigentes que empiezan a pegar el portazo; con problemas internos dentro del radicalismo de cara a cómo manejar la crisis económica; y con malestar social, a lo que no colaboró la llegada de Cavallo". Por eso es que, según su visión, "la renuncia presidencial es una consecuencia de una conjunción de elementos que solo se explica si se juntan todos ellos".

Su colega Luis Tonelli, quien participó de la experiencia de la Alianza, también considera que se mezclaron varios factores para llegar a una tormenta perfecta, según califica. La economía y la situación internacional no colaboraba, ya que "el corset de la convertibilidad impedía devaluar, en línea con las devaluaciones mundiales. Por otro lado, el atentado a las Torres Gemelas afianzó a los republicanos, que tomaron al control total de la administración y ubicaron a Anne Krueger, una dura, en las negociaciones".

En cuanto al gobierno, observa que "la coalición tenía fuerzas heterogéneas con personalidades que apostaban a horizontes ideológicos, políticos y económicos diferentes. Tuvo más tensiones internas que con la oposición". En este punto, cree que la renuncia de "Chacho" Álvarez "llevó a una desestabilización, especialmente frente a los operadores económicos externos que comenzaron a huir de sus posiciones en la Argentina".

Sobre lo que llegó después, Tonelli señala que "el sistema político no colapsó ni mucho menos, sino que solo se personalizó más". Igualmente, agrega que "los candidatos políticos tuvieron que jugar por dentro de las estructuras partidarias o a lo sumo crear estructuras partidarias nuevas, de carácter local".

Hacia la posteridad: el fantasma 2001

Dos décadas después, la crisis 2001 se mantuvo vigente en el discurso político y en el imaginario social. Ante síntomas de debilidad de presidentes se ha recurrido a ese recuerdo. Para los analistas, sin embargo, no hubo otro cimbronazo de ese calibre.

"¿Algo comparable posterior? No, seguro que no hubo", asegura Abal Medina. En esa línea, cree que "la política fue impotente a la hora de transformar la realidad. Es una diferencia sustantiva con lo que ocurrió de ahí en adelante".

Por eso, agrega que en las sucesivas crisis que se produjeron, "más allá de los agoreros que hablan de ´vuelven por los depósitos´, no hay nada que tenga algún tipo de situación de gravedad como en 2001".

En el mismo sentido, Malamud apunta que "no hubo crisis comparables en el sentido de combinar colapso económico con derretimiento político. Quizás una se esté incubando, pero sus efectos posiblemente sean retardados, como implosión más que explosión".

Clerici reconoce que "el fantasma de 2001 siempre se usa discursivamente para generar temor, es un recurso en el que se suele caer fácil". En este sentido, ejemplifica con el gobierno actual y con el anterior. "Se hablaba en la época de Macri, por la coalición electoral y la formación del gobierno. Sin embargo no ha tenido puntos de comparación. No solamente porque el desenlace ha sido distinto, sino porque la forma en que se ha manejado esa coalición de partidos en su interior, en el reparto de cargos, en la dinámica cotidiana, no ha tenido nada que ver una experiencia con la otra", sostiene.

Sobre el actual, Clerici recuerda que se hizo "después del resultado de las PASO. La renegociación de la deuda recuerda a otras épocas. Pero es peras y manzanas, no hay punto de comparación".

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Comentarios

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  • VH

    Victor Heine

    20/12/21

    El peronismo, cáncer de la Argentina, siempre estuvo detrás de estos "golpes de estado" encubiertos, todos sabíamos que Chacho Alvarez era un topo desestabilizador y hasta tenía programada su "insólita" renuncia, igual que lo que sucedió con Alfonsín, cuando dijo "La casa está en orden", detrás de él, en el balcón de la Rosada, lo "encañonaban" los peronistas, siempre los peronistas, y, tal como dijo alguna vez Juan José Campanella, "Hay peronismo K y peronismo renovador; hay federal y centralista, nacional y desequilibrado. Republicano, populista y liberal. De derecha y de
    izquierda, verde y celeste, abierto y fachista. Hay peronismo de sobra, pero a la hora de defender el choreo se juntan siempre".

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