OPINIÓN

Sin confianza nada se sostiene

La columnista analiza el papel crucial que juegan la construcción de confianza, el respeto mutuo y el valor de la comunicación horizontal al interior de las organizaciones.

Entre los muchos atributos que hoy se asocian a las organizaciones contemporáneas, la transparencia, el buen trato, el respeto por las diversidades y la posibilidad de desarrollarse profesionalmente quizá sean los más valorados. Con toda razón: nadie quiere pasarla mal o sentirse estancado en un ámbito donde transcurre la mayor parte del tiempo.

En consonancia con esto, en las compañías cada vez son más habituales acciones que reflejan estos nuevos paradigmas. Las jornadas de concientización y sensibilización se multiplican; los antiguos programas de feedback anuales entre líderes y colaboradores son reemplazados por evaluaciones horizontales y constantes; proliferan las guías de ética y transparencia. En definitiva, las compañías quieren y deben ser más sustentables.

Sin embargo, todos estos esfuerzos -que son más que bienvenidos- pueden resultar estériles e inconducentes si no están sostenidos por un gran factor: la confianza. Confianza en nosotros, en lo que podemos aportar como personas y trabajadores; confianza entre nosotros, es decir, entre quienes compartimos el trabajo, y confianza en la organización para la cual trabajamos.

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Pero ¿cómo se logra que la confianza atraviese a toda una organización, que se convierta en una marca de su cultura, en una variable central de su gestión? Como todo lo bueno, no es fácil y, sobre todo, no es rápido. Requiere dar lugar a un proceso donde progresivamente todas las partes involucradas hagan su parte.

Por empezar, es necesario que las personas tengan fe en sí mismas. Esto es, que estén seguras de su valor profesional, de lo que pueden aportar al espacio laboral; que cuenten con la seguridad emocional de sentirse valiosas. Además de contribuir a un desempeño pleno, resulta un requisito indispensable para poder confiar en el otro: el respeto por los demás empieza por uno.

Y, a la vez, es necesario que la organización apuntale esa confianza dando herramientas y capacitación. La formación y entrenamiento de competencias es uno de los modos en que la organización nos expresa su reconocimiento y su deseo de potenciar nuestro rol en la cadena de valor

En Camuzzi, por ejemplo -la empresa en la que yo trabajo-, más allá de los programas de formación que tiene cada área, lanzamos el año pasado webinars semanales internos en que especialistas de la empresa y de afuera abordan distintos temas que atraviesan a la compañía

Hemos tenido charlas de gestión, de seguridad, de bienestar de o cultura y la participación ha sido altísima, tanto en vivo como durante la semana posterior en las grabaciones que subimos a las plataformas.

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Otro aspecto central para la construcción de un ambiente de confianza es la comunicación abierta y multidireccional. Todos juegan un rol central en ese objetivo, pero el de la organización y sus líderes es clave. Para generar confianza es necesaria una compañía cuyos jefes alienten la participación, la expresión de disensos, el hablar con libertad

En definitiva, una organización cuyos líderes confían en su gente y están convencidos de que la gestión es una empresa colectiva, de la que todos participan.

Y, por último, es indispensable asegurar espacios en los que se afiancen la transparencia, la honestidad, la ausencia de conductas violentas y el respeto por la diversidad. Sin ellos es imposible construir confianza. 

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Como sucede en muchas empresas, en Camuzzi contamos con una Línea Ética, gestionada por terceros y completamente anónima, donde es posible denunciar actos deshonestos, abusos, situaciones de violencia o actos de discriminación. Recursos como éste, sumados a otros equivalentes, construyen la confianza de hombres y mujeres en la organización en que trabajan.

Pero, como expresé al principio, construir confianza es un proceso. Lleva tiempo y está hecho de pequeñas y grandes acciones sostenidas y la colaboración de todos. Pero vale la pena: la confianza genera mejores personas, colaborativas, con ganas de trabajar. Y como nos gusta decir en Camuzzi, mejores personas hacen mejores empresas.

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