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No es una elección de mitad de mandato más. Lo que se pone a prueba este martes en Estados Unidos es el experimento de ejercicio del poder presidencial más impactante de Occidente en medio siglo.

Si algo caracterizó a estos casi dos años de Trump 2.0 fue la decisión de utilizar hasta el límite los atributos del presidente de la mayor potencia económica, política y militar del planeta. Aranceles, deportaciones, guerras, presión sobre aliados, ruptura de consensos internos y externos. Cada semana hubo una decisión capaz de alterar alguna pieza del tablero.

Una buena elección republicana implicaría una convalidación suficiente para que Trump siga gobernando de la misma manera y pueda pensar en proyectar un sucesor en 2028. Una derrota categórica lo dejaría en el peor escenario: vencido, con el Congreso en contra, sin reelección posible y con la perspectiva de entregar el poder a los demócratas dentro de dos años.

Trump llega a esta prueba con la mochila de la guerra contra Irán. Iba a durar unas semanas y ya lleva 10 meses. Sus efectos cambiaron la economía y el humor social. La inflación interanual pasó de 2,7% en diciembre a 3,7% en septiembre; la nafta regular, de u$s 2,90 a u$s 4,23 por galón. El PIB todavía crece y el desempleo bajó a 4,2%, pero la creación de puestos de trabajo es débil y la confianza del consumidor está en su segundo peor registro histórico. Sólo 29% cree que el país va por el camino correcto y la aprobación de Trump cayó a 38,4%.

Al mismo tiempo, la inmigración ilegal se desplomó y los homicidios bajaron 18% en una muestra de 30 grandes ciudades. Son logros importantes para un presidente que hizo campaña en 2024 sobre una plataforma de ley, orden y fronteras cerradas. El enorme desafío para la Casa Blanca es conseguir que esos éxitos pesen más que el bolsillo cuando llegue la hora de votar.

Washington (United States), 25/10/2026.- US President Donald Trump speaks to members of the media on the South Lawn of the White House before boarding Marine One en route Port Huron, Michigan in Washington, DC, USA, 25 October 2026. EFE/EPA/YURI GRIPAS / POOL Fuente: EPA/ABACAPRESS POOLYURI GRIPAS / POOL

La elección

Se renuevan las 435 bancas de la Cámara de Representantes, donde los republicanos tienen 218 contra 214 demócratas, más un independiente y dos vacantes. La historia juega en contra del oficialismo: desde 1934, el partido del presidente perdió escaños en 20 de 23 midterms. La pérdida promedio fue de 27 bancas.

Trump llega además con una popularidad que en otros presidentes anticipó derrotas fuertes. Truman perdió 56 bancas en 1946 y 28 en 1950; George W. Bush, 30 en 2006. Ambos tenían una aprobación inferior al 40%.

Un modelo del American Presidency Project proyecta para este año una pérdida republicana de alrededor de 43 escaños. Las encuestas nacionales tampoco ayudan: el promedio de consultoras de RealClearPolling muestra 51,4% para los demócratas y 43,2% para los republicanos. El mercado de apuestas asigna alrededor de 93% de probabilidad a que Trump pierda el control de la cámara.

La incertidumbre está en el Senado. Los republicanos tienen 53 bancas frente a 47 del bloque demócrata. Se eligen 35: 22 están hoy en manos republicanas y 13 en manos demócratas. Para quedarse con la mayoría, los demócratas necesitan una ganancia neta de cuatro porque un empate 50-50 sería definido por el vicepresidente J. D. Vance.

Son 35 elecciones, aunque en 25 hay diferencias suficientemente importantes como para no esperar sorpresas. Así que quedan diez. Pero si consideramos que Abdul El-Sayed, el candidato islamista del Partido Demócrata de Michigan tiene una ventaja de de 3,2% y la republicana Cindy Hyde-Smith tiene una ventaja de 4,1% en Mississippi, quedarían sólo ocho elecciones con diferencias inferiores al margen de error: cinco con ventaja demócrata y tres con ventaja republicana. Sería suficiente para dar vuelta al Senado.

Las apuestas ven 68% de probabilidad de que eso suceda. Pero cuidado, comicio tras comicio las encuestas revelan un sesgo que tiende a sobreestimar el voto demócrata y a subestimar el voto republicano, así que esta es una historia abierta.

Dos escenarios

A Trump le encantaría ganar todo, pero sabe que es muy poco probable. Su escenario optimista sería perder la Cámara pero evitar una paliza y conservar el Senado. Tendría más investigaciones, menos margen legislativo y una oposición con capacidad de trabar presupuestos. Pero conservaría buena parte del poder ejecutivo que utilizó durante estos dos años: política migratoria, aranceles, diplomacia y una enorme capacidad de acción internacional.

También conservaría posibilidades de ordenar la sucesión republicana, con J. D. Vance como heredero más evidente y Marco Rubio asomando por detrás. Eso tendría consecuencias globales. Europa debería asumir que la presión por aumentar el gasto militar y la reducción del compromiso estadounidense no son un paréntesis. América Latina seguiría bajo una Casa Blanca dispuesta a ejercer con mucha más fuerza su influencia regional. Y Milei conservaría a un aliado poderoso en condiciones de apoyarlo de cara a 2027.

US President Donald Trump dances during a campaign event at Crossroads Arena in Corinth, Mississippi, US, on Monday, Oct. 26, 2026. President Trump urged Republican voters to head to the polls during a campaign rally in deep-red Mississippi, saying he couldn’t “take a chance” of Senator Cindy Hyde-Smith losing her seat. Photographer: Madison Thorn/BloombergFuente: BloombergMadison Thorn

El segundo escenario es una derrota contundente, con pérdida de las dos cámaras. Trump enfrentaría investigaciones permanentes, bloqueo de nombramientos y un riesgo real de juicio político, aunque sin amenaza creíble de que termine en destitución. El mercado de apuestas llegó a asignar 53% de probabilidad a que la Cámara iniciara uno antes de agosto de 2027. Eso abriría además anticipadamente la pelea por 2028 y podría debilitar al propio Trump como jefe del movimiento, aunque no necesariamente al trumpismo.

Pero una mayoría demócrata tampoco significaría un cambio rotundo de la política exterior de Trump. El Presidente conservaría amplias facultades para imponer aranceles, pactar con Putin, mantener presión sobre Irán o reducir tropas en Europa. Incluso hay analistas que creen que un Trump bloqueado internamente podría volverse más activo e imprevisible afuera para buscar allí el legado que ya no podría construir internamente.