Menos unicornios y más empresas sostenibles: el debate empresarial que viene

Cuando en el año 2010 WeWork fue fundada como empresa, su CEO y co-fundador, el carismático Adam Neumann, daba charlas, organizaba fiestas y se lo presentaba como una suerte de líder mesiánico que venía a modificar para siempre las relaciones laborales y el futuro de los negocios. Las largas mesas compartidas, la cerveza de los viernes a las 5 de la tarde y su misión de "elevar la consciencia del mundo" en las diferentes oficinas inauguradas en distintas ciudades seducían a miles. La empresa tuvo una rápida expansión que la transformó en poco tiempo en un caso digno de estudio. Sin embargo, algo no sonaba bien en este combo.

En 2019 cuando falló su salida a bolsa se develaron internas acerca de los excesos y abusos por parte del equipo directivo (mayormente Neumann y su esposa Rebekah) y se tomó conocimiento de que WeWork acumulaba cuantiosas pérdidas, lo que impactó en una estrepitosa caída de su cotización, la toma de control por parte de su accionista mayoritario -Softbank- y la consecuente salida de Neumann del directorio. Las denuncias para el CEO fueron de todo tipo, incluidas que compraba edificios y marcas a su nombre y los alquilaba a la compañía. Parte de todo esto se relata en el nuevo documental "WeWork or the making and breaking of a 47 billion Unicorn" estrenado en Hulu.

Once años después de ese inicio fulgurante -y con una pandemia de por medio-, el mundo de los negocios pareciera haber empezado a cambiar. El ecosistema de emprendimiento e innovación comienza a mirar con desconfianza la ambición excesiva, la "iluminación divina", los "superpoderes" y los excesos, muchas veces justificados en la idea de que "mejora la vida de las personas".

Voces como las del escritor Simon Sinek ganan espacio en el mundo corporativo y obligan a las compañías a repensarse. En su exitosa charla TED habla del Golden Circle, donde plantea que todos saben lo que hacen, algunos saben cómo, pero muy pocos saben por qué y es esta última pregunta la que debería responderse primero. También comenta que la generación de dinero es un posible resultado, pero que el objetivo de levantarse todos los días a la mañana y llevar adelante un emprendimiento debe ser la concreción de un negocio con gente que cree en lo que vos creés y creas. Cada vez más, la pregunta del despertar pospandemia es: ¿cuál es el propósito de la organización? ¿para qué hace lo que hace?

El nuevo paradigma de los emprendimientos con propósito trascienden el negocio per se y se plantean como una fuente de impacto económico, social y ambiental. Hasta hace algunos años estos elementos parecían incompatibles.

A fines de 2018, el tucumano Diego Sáez Gil se propuso aportar su conocimiento y capacidad de ejecución en pos de la crisis ambiental. Fundó Pachama, un emprendimiento tecnológico que, a través de inteligencia artificial, compensa las emisiones de carbono de algunas organizaciones a través de proyectos de forestación en países como Brasil, Estados Unidos, Uganda y Papúa Nueva Guinea, entre otros.

Sáez Gil agregó valor y potenció este espacio a través de la implementación de tecnología para monitorear los bosques y rendir compensaciones de huella de carbono verificadas a sus clientes, entre los que se destacan Google, Microsoft y Apple, entre otros. Lo hizo a través de imágenes satelitales con inteligencia artificial y machine learning: tecnología y transparencia son dos de las claves para este nuevo paradigma. Ya cuenta con financiamiento de algunos de los principales jugadores como Amazon Pledge Fund, liderado por Bill Gates, y de grandes nombres locales como Marcos Galperín.

Según un estudio de BlackRock -el principal fondo de inversiones del mundo que hace un tiempo incorporó una mirada de impacto ambiental en su estrategia- la eliminación de emisiones de dióxido de carbono para 2050 generará que la economía crezca un 25% en los próximos 20 años, un claro ejemplo del efecto positivo de la nueva "economía climática". Los emprendimientos de triple impacto nunca tuvieron un mejor escenario para congeniar crecer y escalar. Desde aquella época en la que WeWork y su extrovertido CEO deslumbraba al mundo, el concepto de éxito en el mundo corporativo está viviendo una transformación basada en no medir únicamente la dimensión económica y el retorno a inversores, sino también incorporar la dimensión de impacto en el modelo de retorno a los múltiples grupos de interés, a la sociedad y al medio ambiente. Hacia ese norte nos empuja el nuevo faro del triple impacto. 

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