OPINIÓN

La oposición y la cadena automotriz

En la sesión del pasado 5 de julio, la Cámara de Diputados aprobó por casi unanimidad (solo ocho diputados votaron en contra: libertarios y la izquierda) el proyecto de ley de Promoción de Inversiones en la Industria Automotriz-Autopartista y su Cadena de Valor, que otorga beneficios fiscales y comerciales adicionales a los que esta cadena ya recibe.

Las industrias automotriz y autopartista han sido subsidiadas durante más de medio siglo: la primera en gran parte a través de una elevada protección arancelaria y no arancelaria y la segunda, principalmente a través de una legislación que obliga a mantener un elevado porcentaje de contenido mínimo nacional en los autos fabricados en el país.

Es decir, la industria automotriz-autopartista se ha transformado en una industria decadente ya que para subsistir necesita de la continua ayuda estatal.

Ciertamente debe haber segmentos eficientes, pero para saber quienes son haría falta que la misma enfrentara un shock competitivo (por ejemplo, a través de una disminución del arancel externo común). Sin embargo, el proyecto en cuestión va en dirección contraria ya que aumenta la ayuda del Estado y de esta manera incentiva la ineficiencia aun mas.

El temor a que estas industrias se enfrenten a un aumento de las presiones competitivas está claramente expresado en el proyecto, al afirmar éste que el mismo también se justifica por "las presiones competitivas que significarían para la industria la liberalización comercial con los Estados Unidos Mexicanos y la Republica Federativa de Brasil previstas para los años 2022 y 2029". También se justifica ante la posible amenaza de un Acuerdo Comercial entre el Mercosur y la Unión Europea pero en los hechos este esta tan lejos de firmarse como el diablo del cielo.

El proyecto genera costos fiscales a través de un tratamiento especial del IVA, desgravaciones y amortización acelerada y también costos comerciales, ya que elimina el actual derecho de exportación del 3% lo que aumentara los precios internos y generara costos fiscales adicionales a los mencionados.

¿Cuánto suma todo esto? Como la mayoría de los proyectos con impactos económicos que llegan al Congreso, el que nos ocupa tampoco contiene estimaciones numéricas de los costos: como lo enumera el primer articulo, son todos efectos positivos. ¿Cómo puede ser que se apruebe un proyecto de ley con claros efectos económicos negativos, sin que el mismo contenga estimaciones numéricas que permitan a nuestros representantes en el Congreso a dimensionar costos y beneficios? En este sentido fundamental el proyecto es claramente intransparente.

¿Qué otros errores cometió la oposición al votar a favor del proyecto? Tomar por cierto lo que no es cierto. Veamos. El proyecto afirma que entre sus beneficios debe incluirse el de generar nuevos empleos.

En economía esta afirmación es a todas luces falaz. Primero: lo más probable es que los nuevos empleos serán extraídos de otros sectores, perjudicando por lo tanto sus procesos de crecimientos. Segundo: en términos de empleo total en la economía, a los efectos directos sobre el empleo en estas industrias protegidas se le deben restar los efectos indirectos asociados al impacto negativo que tendrá el proyecto sobre el empleo en los sectores afectados negativamente.

El proyecto perjudica a las familias y a muchos sectores de microemprendimientos que tendrán que pagar precios mas elevados y eventualmente también mayores presiones impositivas para compensar lo que se les da a estas industrias. No seria de extrañar que en términos netos este proyecto termine destruyendo en vez de creando nuevos empleos.

Algo similar puede decirse de la inversión. ¿Cuántas inversiones recibiría la cadena automotriz si a todos los sectores se les concediera un tratamiento similar al que esta ley le esta otorgando a la cadena automotriz-autopartista? Probablemente muy pocas, porque es más riesgoso invertir en sectores protegidos y decadentes que en sectores competitivos.

¿Cómo contrasta nuestra política automotriz con la experiencia internacional? Europa y Estados Unidos, históricamente los principales productores de vehículos, tuvieron que decidir qué hacer cuando se enfrentaron a la creciente competencia de nuevos actores como Japón y Corea del Sur. En la gran mayoría los aranceles de importación fueron reducidos: en el caso de Estados Unidos actualmente el mismo es de solo el 3%. Al mismo tiempo este país aumento un poco su protección a través del Nafta (actualmente conocido como USMCA por US, México, Canadá Agreement) ya que los aranceles externos de los países miembros son bajos.

En el caso de Estados Unidos también es de interés recordar que la ciudad de Detroit, cuna tradicional de su industria automotriz, se vio obligada en 2013 a declarar su insolvencia como consecuencia del cierre de fábricas y la migración de trabajadores en busca de nuevas oportunidades de empleo en otras ciudades y estados. Es decir, en defensa de los consumidores, sucesivos gobiernos en Europa y Estados Unidos tomaron el toro por las astas y su industria automotriz fue incentivada a aumentar sus niveles de eficiencia y disminuir los precios internos.

Durante décadas nuestra historia se caracteriza por repetir errores costosos. Una de las razones es que sectores económicamente poderosos cooptan nuestros débiles gobiernos y los hacen firmar políticas a la medida de sus necesidades y en detrimento de la población en general. Y así es como poco a poco nos hemos hundido en un lodazal de ineficiencia empobreciéndonos y castigando de manera cruel a los que tienen menos oportunidades. En este caso, la oposición ha sido funcional a esta decadencia económica e institucional. 

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