La ciudad del siglo XXI: realidad y desafíos de la mobilidad aérea urbana

De González Catán, en colectivo, a la cancha de Boca por laguna, es una distancia de 38 kilómetros, que se cubren en casi 3 horas de recorrido. Cuando en 1999, subido al estribo del Siglo 21 escribió Dieguitos y Mafaldas, observando la realidad para unir estos dos barrios de nuestro país Joaquin Sabina, como ninguno de nosotros, pudo haberse inspirado en un colectivo "volador" que describiera el trayecto hacia el estadio.

Veinte años después, una nueva forma de movilidad de personas y cargas en vehículos aéreos eléctricos de despegue y aterrizaje vertical (EVTOL), está muy cerca de sumarse a los colectivos y las otras tantas modalidades de transporte que ya coexisten en la ciudad, en las áreas suburbanas y rurales.

Está previsto que a partir de 2024 finalicen los primeros procesos de certificación en curso, para dar paso a la etapa de producción en serie, y posterior inserción paulatina y por sectores, al mercado de la movilidad. Distintos países han decido a dar impulso a esta nueva industria. Proyectan horizontes en etapas a partir de 2030, 2040 y 2050 para ir haciendo realidad dicha inserción. Los próximos Juegos Olímpicos de Paris se promocionan como el evento para la presentación en sociedad.

Los EVTOL no son helicópteros. Son vehículos capaces de despegar y aterrizar desde un Vertiport que puede llegar a estar ubicado en cualquier barrio de la ciudad, en un parque, un terreno o la terraza de un edificio. Generan muy bajo nivel de ruido, vuelan a muy baja altura, utilizando autopistas o corredores digitales diseñados en el espacio aéreo urbano y rural. 

Según el modelo, pueden unir distancias de hasta 300 kilómetros, desarrollar velocidades entre 120 a 280 km/h y pueden ser operadas por un piloto abordo, por un piloto a distancia o de manera completamente autónoma, sin la intervención humana en ninguna de las fases del viaje.

Este cambio de época lo impulsan tres pilares: la aceleración de la tecnología combinada con la convergencia tecnológica 4.0, en especial la Inteligencia Artificial, Machine Learning, Blockchain, Big Data, entre otras; la crisis ambiental producto del cambio climático que potencia el uso de nuevas energías de propulsión libre de emisión de huella de carbón, como el litio o el hidrogeno, y la sociedad civil con nuevos valores y una nueva forma de interacción entre las personas y los bienes, la información, el espacio público y el entorno urbano.

La nueva forma de volar, su dimensión y propósito, emergió en muchos de sus ámbitos, a partir de nuevas start-up (emprendedores, desarrolladores e integradores de robótica, tecnología y componentes) que luego, expandieron sus desarrollos y combinaciones al campo aeronáutico. Los principales fabricantes, de hecho, son en su gran mayoría empresas creadas en la segunda década Siglo XXI, desconocidas dentro la industria de la aviación civil: Uber, Lilium, Archer, Joby, Volocopter, Vertical, Beta, Wisk, Skydrive,

Ehang. A ellas, en distintos formatos jurídicos y financieros, se unieron Honda, Toyota, GM, VW, Stellantis, Geely, Hyundai. Entre las tradicionales fabricantes de aeronaves que ya participan activamente de este mercado EVTOL están Airbus, Boeing, Embraer y Bell.

Normalmente ajenos a temas de aviación y aeronáuticos, los gobiernos locales y regionales impulsan esta movilidad. En especial, los de las grandes urbes por opción o por necesidad, amenazadas por la congestión, la polución y los altos costos de la infraestructura física: San Francisco, Miami, Orlando, Houston, Los Ángeles, Osaka, Múnich, Sao Pablo, Rio de Janeiro, Roma, Seúl, Londres, Paris, Dubái, Linz, Singapur, entre otras.

En 2019, Uber Elevate estimó en 2,00 dólares por pasajero-milla el costo del vuelo (la mitad comparada con los helicópteros operados en esa fecha), y pronosticó a más largo plazo que disminuirán los costos fijos y variables, llevando aquel costo 0,44 dólares por pasajero-milla.

La movilidad aérea urbana es otro desafío que la Cuarta Revolución Industrial o 4.0 impone a los estados y a la sociedad. Frente a ello, una política pública y un "roadmap" es clave. Aún en aquellos estados que ya la han diseñado -como la Campaña Nacional del Proyecto de Movilidad Aérea Avanzada de la NASA y la FAA, por mencionar solo una- está pendiente un amplio debate y acuerdo acerca de la "brecha tecnológica" y sus efectos, la aceptación social, el acceso universal a los beneficios de la tecnología (democratización), la mitigación de los efectos no deseados, el impacto en la ciudad y el entorno urbano, rural y regional, el impacto ambiental y, finalmente, la construcción con participación de los gobiernos locales, del plexo jurídico y regulatorio inherente a la naturaleza de esta nueva forma de movilidad por la ciudad y su entorno sin precedente.

En la República Argentina tenemos condiciones geográficas ideales, enormes capacidades técnicas y habilidades humanas para desarrollar esta nueva industria. El reciente Primer Congreso Argentino de Movilidad Aérea Avanzada ha sido pionero como caja de resonancia respecto de lo que sucede en el mundo, en la Región y en el país. Celebro y felicito esta primer gran iniciativa. Hay que continuar. Es posible afrontar el desafío. Tenemos una gran oportunidad. 

Un poema titulado El viajero, del gran poeta español Benjamín Prado finaliza así: "Nunca he ido más lejos que al dejarte marchar". Todavía estamos a tiempo de aprovechar la oportunidad. No vayamos lejos. No la dejemos marchar.

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