Los grandes jugadores globales van a tener esta semana la posibilidad de examinar de cerca las chances reales que tiene la Argentina de convertirse en ese país próspero con el que sueña su sociedad desde hace décadas.
La “Argentina Week” es una oportunidad que crearon bancos de inversión como JP Morgan, Bank of America y Citigroup, para que el sector público ponga sobre la mesa sus planes de mediano plazo. No solo sus buenas intenciones, sino lo que hizo, lo que está haciendo y lo que falta hacer.
Algunos se preguntan cuál es el sentido de mostrar los logros que tuvo hasta ahora el programa cuando a la economía todavía le cuesta despegar. La realidad es que la Argentina debería haber comenzado antes este marketing global. Brasil ha sido pionero en estas movidas, en las que no se vuelve tan relevante el presidente de turno sino el proyecto de país que hay detrás.
El “Brasil Week” que se repite desde hace años (el próximo se hará en mayo) tiene más de 50 años de historia. Nació como una movida de la Amcham vecina, que primero buscó reconocer a una personalidad destacada y con el paso del tiempo se le fueron agregando foros, conferencias empresariales y hasta encuentros políticos. Colombia arma un encuentro similar, aunque más esporádico, y México tiene su día en la Bolsa de Nueva York.
Lo primero que puede mostrar hoy la Argentina es que está lejos de los escenarios de conflicto. Es un dato que no por conocido no sea bueno reafirmar en estos días. Lo segundo es que a diferencia del pasado, tanto el gobierno nacional como los provinciales tienen una vocación reformista diferente, y una disposición explícita a facilitar la explotación de recursos naturales.
El testimonio que pueden ofrecer los diez gobernadores que acompañarán en estas jornadas al presidente argentino seguramente hará una diferencia.
La política también aparece como un interrogante en estos ámbitos, sobre todo para aquellos inversores estratégicos que buscan garantías de largo plazo. ¿Qué puede suceder en 2027, se preguntan? La duda que los aqueja es que los atrape una vez más el péndulo argentino, y que un gobierno de otro signo revierta normas vigentes.
No hace falta especular con hipótesis lejanas. Pero sí vuelve más relevante el mensaje que tiene que presentar la Argentina (tanto el sector público como el privado) a los inversores globales. Apostar ahora no solo puede tener un costo de inversión menor a hacerlo en 2028, cuando las condiciones sean más estables con un Milei potencialmente reelecto.
También ayuda a inclinar la balanza social a favor de las reformas hechas y las que faltan hacer. La comunicación del plan de gestión 2026 y la posibilidad de dar una respuesta creíble a los desafíos presentes son más determinantes que acertar en qué mes la inflación se va a acercar a 1%.
La política que importa no solo es la electoral: es la que hoy debe enhebrar consensos para las leyes en el Congreso y también la que ayuda a sanar las cicatrices que deja toda transformación. Las expectativas son un combustible más del cambio, y no se construyen en un día.