Opinión

Hay que pasar el verano, el otoño y además el invierno

En junio de 1959 Arturo Frondizi le ofreció a Álvaro Alsogaray la conducción del Ministerio de Economía. La emisión de pesos sin respaldo desataba subas del dólar y de los precios en general. La inflación llegaba al 127% interanual. Había huelgas y desabastecimiento en determinados productos. Fue entonces cuando Alsogaray pronunció su discurso con una frase que luego se transformaría en un latiguillo económico: "Lamentablemente, nuestro punto de partida es muy bajo. Muchos años de desatino y errores nos han conducido a una situación muy crítica. Es muy difícil que este mes puedan pagarse a tiempo los sueldos de la administración pública... Todavía seguiremos por algún tiempo la pendiente descendiente que recorremos desde hace ya más de diez años...Hay que pasar el invierno."

Hay muchas similitudes en la situación económica actual con la que atravesaba el país hace 63 años. Hay una diferencia no menor: aún no se ha lanzado ningún plan de estabilización. La brecha cambiaria está por encima del 82%, el riesgo país en 2.500 puntos, la inflación apunta al 100% interanual y en septiembre hubio caídas en la actividad de la industria y la construcción.

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¿Qué puede pasar en las próximas estaciones? Por lo pronto el verano se presenta desafiante para el Banco Central por las dificultades para mantener el esquema cambiario sin un "fabregazo", la última gran devaluación kirchnerista en el período estival del 2014. La sangría de reservas de la entidad que preside Miguel Pesce ha pasado a ser el principal dato que siguen de cerca los operadores. El problema es que no hay chance de revertir esta situación hasta la llegada de los dólares de la soja en abril.

La mala praxis económica del kirchnerismo lleva a que hoy se evite una devaluación "cueste lo que cueste". Pero el costo hoy es el mismo o aún mayor al que se hubiera incurrido devaluando la moneda, y además no se obtiene ningún beneficio de los que se obtendrían con una suba del dólar oficial. Han surgido nuevos argentinismos económicos, como fue el "dólar soja", una devaluación sectorial a plazo fijo. Vencido ese plazo, se "des-devalúa". Insólito. En tres meses la suba de los precios ronda el 21%, pero no se quiere devaluar para no generar en un mes un salto del 15%. Raro.

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Pero las estaciones por venir también son complicadas. El otoño de 2023 se presenta complejo. Aún con lluvias en las próximas semanas, la cosecha de soja y la liquidación de divisas serán menores y jaquearán también el esquema cambiario. Los productores saben que el 10 de diciembre asumirá un gobierno promercado que seguramente unifique los diversos tipos de cambio, limitarán al máximo sus ventas esperando un mejor precio del dólar.

El invierno 2023 no será muy diferente. Seguramente entonces operarán a pleno las dificultades financieras para el gobierno. El festival de bonos en pesos lanzado en toda la gestión de Alberto Fernández, incluyendo obviamente el paso por Economía del experto en deuda Martín Guzmán, difícilmente pueda ser refinanciado cuando un nuevo gobierno eventualmente puede restructurar la deuda. En realidad, hoy el Tesoro tiene dificultades de financiamiento y recurre a un bono dual para atraer inversores: "gana o gana" el tenedor de esos papeles dado que ajustan según la evolución del dólar oficial o la inflación, lo que sea mayor. El problema pasa por el cumplimiento en el pago de la deuda. Argentina ya no tiene crédito en dólares, en el FMI tampoco dan fondos adicionales, y en pesos está muy cerca de agotarse la voluntad de financiar al gobierno.

También la frase de Alsogaray puede extenderse a la primavera 2023 tampoco trae frescura económica. A diferencia de 2015 cuando se avizoraba el fin del tercer kirchnerismo y los mercados festejaban por adelantado, en esta ocasión los inversores son más cautos. ¿Podrá realmente un nuevo gobierno lidiar con la enorme cantidad de desafíos que tiene la economía? El revés que dejó en ese sentido la administración Macri pone una dosis de cautela entre inversores extranjeros sobre esta segunda chance que tiene un gobierno pro-mercado para poner fin a los problemas argentinos.

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Incluso podríamos extender el latiguillo de Alsogaray al verano del 2024. Bajar la inflación no será ni fácil ni rápido de cumplir. Los primeros meses del próximo gobierno estarán seguramente enfocados a cumplir con un severo ajuste del gasto público para llevar rápidamente al país a un superávit primario fiscal. El sendero será tortuoso en el inicio, aunque es el único camino que llevará al país a un encarrilamiento de su economía. Hay muchos países que encararon un ajuste fiscal rápido y en poco tiempo. El economista Daniel Artana los detalló en la última cumbre de FIEL. Irlanda, España, Países Bajos son algunos de los ejemplos exitosos.

El secreto pasa por no inventar nada nuevo. En economía ya está todo escrito. Por lo pronto hay que dejar pasar las estaciones del año, y evitar caer en las tentaciones de nuevas creaciones económicas o "argentinismos". Es simple, pero al mismo tiempo nada fácil.

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