Empresas internacionales: el desafío de la multiculturalidad y la diversidad

En las últimas décadas la globalización provocó, primero en forma gradual y luego de manera más acelerada, un cambio significativo también en los mercados laborales internacionales. La pandemia de coronavirus potenció la importancia de este tema. 

Hemos aprendido a trabajar de manera remota de forma eficiente y, ahora más que nunca, una persona puede trabajar para cualquier empresa en cualquier parte del mundo. Es un fenómeno que ayuda positivamente a la diversificación de los equipos.

Sin embargo, no se trata solo de una ampliación del campo geográfico para el reclutamiento, donde muchas personas pueden afirmar que el mundo como un todo es su lugar de trabajo.

La diversidad es integral. Es una heterogeneidad que se nutre no solo de personas de distintos países y culturas, sino también de edades, y géneros, lo que exige nuevas formas de cooperación, incluso en el ámbito de la gestión de conflictos.

Por diversidad nos referimos, incluso, a mucho más que la parte ´estadística´ del equipo. Hablamos de una multiculturalidad en todos los sentidos que una persona puede aportar desde su perspectiva para engrandecer los valores de una empresa, incluida también su experiencia profesional previa, su personalidad y valores.

La edad también se ofrece a un enfoque sobre la diversidad: un joven recién egresado de la Universidad, con la frescura de sus conocimientos recién adquiridos y su entusiasmo por expresarlos, aporta un punto de vista que complementa la parte más experimentada de una persona senior en el equipo, y viceversa.

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Por otro lado, la diversidad de carácter también debe ser contemplada: un trabajador que es extrovertido, proactivo, que disfruta tomar riesgos, dará ese empuje de innovación y velocidad a una persona que pueda ser más precavida en su toma de decisiones. Este, a su vez, le aportará conciencia sobre cómo tomar decisiones asertivas sopesando más factores.

En suma, multiculturalidad es adoptar las diferencias y similitudes de cada persona del equipo para enriquecer la estrategia, la innovación y la toma de decisiones en la empresa. Implica hacer un mix entre los valores, rasgos de personalidad, experiencias previas y estilos de liderazgo para trabajar en conjunto, aprender en conjunto e innovar en conjunto.

Pero, ¿qué le aporta a las empresas?

La diversidad es clave en la gestión del negocio en general, pero en particular cuando el alcance internacional de la compañía la confronta con distintos mercados, habitualmente muy distintos entre sí, lo que repercute en la relación con los clientes o usuarios. Tener diversos puntos de vista sobre cómo resolver los problemas que se suscitan en esa dinámica nos aporta grandes beneficios.

Aquí está el meollo de la importancia de tener un equipo diverso que, además, no tenga miedo a expresarse, esté dispuesto a tomar riesgos y a aportar su granito de arena sobre cómo hacer las cosas desde su perspectiva.

Crear equipos diversos requiere un trabajo consciente por parte de las empresas. No es algo que se dé en forma orgánica, sino que requiere una actitud proactiva.

Se debe buscar la forma de conciliar la multiculturalidad y la diversidad con la necesidad de que en la compañía reine la homogeneidad en la búsqueda de objetivos, sostenimiento de valores, patrones comunes de conducta, entre otras cosas.

Para ello, es imprescindible encontrar los puntos que nos unen, lo que es distinto a ser iguales. Son claves, entonces, los valores en la empresa, los "drivers" que compartimos todos y que nos hacen sentir parte de un mismo grupo y nos motivan a trabajar en conjunto.

Los valores son interpretados de diferentes maneras, pero tienen las mismas características. Por ejemplo la emprendeduría, el tomar riesgos, la autonomía, la colaboración, la responsabilidad y la autoexigencia son decisivas. Responsabilidad y disciplina es algo que va intrínseco en los valores de la empresa. En esto sí que no debe haber diversidad.

Es importante, en tanto, definir lo que se espera del liderazgo, pero con espacio para que los líderes ejerzan su propio estilo.

Al igual que la personalidad, los estilos de liderazgo son diversos y adecuados a cada persona. Es importante descubrir las fortalezas de liderazgo de cada manager y potencializarlas: no todos somos "buenos managers" teniendo las mismas características, al igual que no todos los trabajadores son "buenos" por tener las mismas habilidades.

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