

La Suprema Corte de Justicia de la Nación emitió el 27 de abril de 2026 un fallo que cambia las reglas del juego para las compañías que operan en mercados concentrados: quien obstaculice una investigación de la Comisión Federal de Competencia Económica (COFECE) pagará multas acumuladas día tras día, sin fecha de caducidad, hasta que decida cooperar.

El caso que lo desencadenó: una empresa de insecticidas que se negó a hablar
Todo comenzó con una investigación sobre posibles prácticas monopólicas en el mercado de insecticidas domésticos. La COFECE solicitó información a una empresa involucrada; la empresa respondió de forma incompleta. La autoridad impuso una multa de apremio con base en el artículo 126 de la Ley Federal de Competencia Económica. La empresa recurrió al amparo, alegando que una sanción diaria sin límite temporal violaba la Constitución Política. El expediente llegó hasta el Pleno de la Corte, que lo resolvió como Amparo en Revisión 38/2026.
Cómo funciona la multa que la Suprema Corte validó: el reloj corre hasta que cumples
El mecanismo es tan simple como contundente. La ley permite a la COFECE aplicar multas diarias como medida de apremio cuando una empresa ignora sus requerimientos de información. Esas multas no se detienen por el paso del tiempo sino por una sola cosa: que la empresa entregue lo que se le pidió.
El monto diario tiene topes legales y cualquier sanción puede impugnarse ante un juez, pero mientras dura ese proceso la acumulación puede continuar. La Suprema Corte consideró que el esquema es proporcional, tiene un fin legítimo —garantizar investigaciones eficaces contra los monopolios— y respeta el debido proceso porque la propia empresa decide cuándo detener el contador.
Lo que esto significa para los precios que pagan los mexicanos todos los días
Los monopolios y las prácticas que los sostienen tienen un costo directo para los consumidores: menos competencia equivale a menos opciones y precios más altos en productos tan cotidianos como alimentos, medicamentos, artículos de limpieza o, como en este caso, insecticidas.
La COFECE existe precisamente para detectar y frenar esas distorsiones, pero su capacidad de investigar depende de que las empresas cooperen.
Con este precedente, ignorar un requerimiento del organismo ya no es una táctica viable: el costo económico crece cada día sin límite y la única salida es cumplir.















