Luego de atravesar un año del cual salió fortalecido políticamente y logró cumplir con varios de los objetivos que se planteó en materia económica, el inicio del 2026 muestra al Gobierno tildando casilleros para atender necesidades que se repiten en procura de alcanzar las metas propuestas.

La inflación cerró 2025 en torno al 30%, apenas la cuarta parte de la registrada el año anterior. Pero algunos economistas plantean que tras el estancamiento en la zona del 2,5% mensual observado en el último cuatrimestre, comenzó un año en el cual el proceso de desinflación sería más lento, no solo por la distensión del esquema de bandas cambiarias y el plan de compras de dólares del Banco Central, sino por el intento de alentar un mayor crecimiento de la actividad económica. De allí, que muchos se preguntan si la promesa presidencial de llevar la inflación mensual hasta que comience con cero en agosto próximo podrá cumplirse.

Sin embargo, en la administración libertaria remarcan que ya no deben lidiar con el factor electoral como el generador de incertidumbre que complicó el proceso de ordenamiento económico. Aunque como ocurrió el año pasado, los vaivenes políticos en el Congreso tendrán mucho que ver con la posibilidad de cumplir los pronósticos de la Rosada, en particular a la hora de tratar las reformas laboral y tributaria.

La exploración de los límites parece ser parte de la nueva estrategia oficialista, como ocurrió con el Presupuesto o con la iniciativa que procura sacar a los dólares que se encuentran debajo del colchón, que espera por la reglamentación ante la preocupada mirada de bancos, organismos antilavado y el FMI.

Pero la obtención de dólares sigue siendo una necesidad permanente. Y el pedido de préstamos, la solución más a mano, como el repo para pagar los vencimientos de deuda por más de u$s 4200 millones que se producirá mañana.

El Gobierno está convencido de que solo si se cumplen las obligaciones y se muestra capacidad de pago, el riesgo país bajará a tal punto que la Argentina, como cualquier otra nación, podrá salir a emitir un bono en el mercado internacional para obtener nuevo financiamiento. Y que sea con bancos, organismos financieros, fondos de inversión o el resto de los actores del mercado, se requerirá de esa asistencia hasta tanto la Argentina logre consolidar un crecimiento económico que le permita depender cada vez menos de los dólares ajenos y no vulnerar el superávit fiscal.

Así el desafío este año no solo será bajar la inflación a cero para agosto y mantener las cuentas en orden, sino transformar el proceso de estabilización en la plataforma para una mayor llegada de inversiones, aumento de la productividad, creación de empleo en el sector privado y una expansión del producto que genere desarrollo.