Con nuevos proyectos de inversión que no dejan de sumarse al RIGI, exportaciones energéticas en niveles récord y un superávit comercial que ya roza los USD 12.000 millones en los últimos doce meses, al que se suman los dólares que ingresan por la cuenta financiera, el petróleo y el gas se preparan para otro año de expansión.
Ni siquiera la incertidumbre por las elecciones de 2027 frena ese impulso, y los mercados lo reconocen: el riesgo de las empresas energéticas se mantiene muy por debajo del riesgo soberano.
La industria energética argentina se encamina hacia 2027 con una dinámica que parece cada vez menos dependiente de los vaivenes de la coyuntura económica y del calendario electoral.
Mientras la discusión macroeconómica sigue concentrada en el riesgo país, las reservas insuficientes y el financiamiento del Tesoro, las compañías energéticas anuncian más inversiones, consiguiendo financiamiento y expandiendo una producción que ya se traduce en exportaciones récord.
El contraste es llamativo: mientras la deuda soberana todavía exhibe spreads elevados, los mercados asignan a las compañías energéticas una percepción de riesgo sensiblemente menor. Y las inversiones, lejos de detenerse a esperar el resultado de las urnas, se suceden a un ritmo cada vez mayor.
Detrás de esta diferencia hay una transformación productiva que lleva varios años, pero que comienza a adquirir una escala inédita. Vaca Muerta ya no es solamente una oportunidad de desarrollo para las próximas décadas.
Es una industria en expansión, que produce cantidades crecientes de petróleo y gas, genera dólares y moviliza proyectos de infraestructura que permitirán acelerar todavía más ese crecimiento.
El RIGI no se toma descanso
El RIGI se consolidó como uno de los principales instrumentos para canalizar este nuevo ciclo inversor. Los proyectos aprobados ya superan los USD 68.000 millones, con una participación especialmente importante de la industria de los hidrocarburos.
Si se consideran todos los proyectos presentados, el monto asciende a casi USD 200 mil millones: el 74% (USD 147 mil millones) corresponde a petróleo y gas.
Se trata de compromisos de inversión distribuidos a lo largo devarios años, que incluyen no solamente la perforación de nuevos pozos, sino también plantas de tratamiento, oleoductos, gasoductos e infraestructura de exportación.
Y los anuncios no se detienen. Entre las últimas presentaciones sobresalen dos grandes desarrollos en Neuquén: Los Toldos II Este, de Tecpetrol y GyP, con inversiones previstas por USD 6.432 millones, y Bajo del Choique-La Invernada,de Pluspetrol y GyP, por otros USD 12.240 millones.
Sumados, representan compromisos por casi USD 18.700 millones, una magnitud que permite dimensionar la apuesta de la industria por el crecimiento acelerado de laproducción no convencional.
A estos desarrollos se suman los proyectos de las demás grandes operadoras (YPF, Vista, Total, y otras), las inversiones de los jugadores que se presentaron a la reciente licitación de áreas nuevas en Neuquén, el oleoducto Vaca MuertaOil Sur (VMOS), los proyectos de GNL de Southern Energy, YPF y Camuzzi, el nuevo gasoducto Manuel Belgrano de TGN, y otros proyectos de ampliación de infraestructura para procesamiento y transporte de hidrocarburos.
Naturalmente, las inversiones anunciadas no equivalen a desembolsos ya realizados. Su ejecución dependerá de cronogramas de obra, condiciones definanciamiento y precios internacionales.
Sin embargo, la sucesión deaprobaciones muestra que las empresas continúan comprometiendo capital en proyectos cuyo horizonte económico excede ampliamente un año o un mandato presidencial.
El mercado financiero también ve una diferencia
Una señal particularmente interesante aparece en el riesgo que los inversores asignan a las empresas energéticas. Mientras el riesgo país argentino volvió aubicarse por encima de los 600 puntos básicos durante octubre, el riesgo corporativo energético se mantiene en torno a los 300 puntos, aproximadamente la mitad.
La evolución reciente permite apreciar todavía mejor el contraste. Durante buena parte de 2026, el riesgo soberano y los spreads de las obligaciones negociables corporativas mostraron una trayectoria descendente.
Pero desde agosto los caminos comenzaron a separarse: el riesgo país volvió a subir, mientras que el riesgo de las empresas, especialmente las energéticas, permaneció en niveles relativamente bajos.
La diferencia no significa que las petroleras sean inmunes a los problemas macroeconómicos argentinos. Todas operan bajo un mismo marco institucional, regulatorio y cambiario. Pero los inversores distinguen la capacidad de generación de dólares de las empresas exportadoras y sus perspectivas decrecimiento, de la capacidad de pago del Estado nacional y de los vaivenes del ciclo electoral.
En definitiva, el mercado financiero está valorando de manera diferente dos riesgos que durante mucho tiempo parecían inseparables. El Estado argentino todavía enfrenta un costo de financiamiento elevado, mientras que las principales compañías energéticas consiguen condiciones considerablemente más favorables.
No es una garantía de que la expansión continuará sin dificultades, pero sí una señal de confianza en los fundamentos económicos del sector y en su capacidad para sostener inversiones de largo plazo.
Los dólares ya están llegando
La transformación energética dejó de ser solamente una promesa de inversiones y comenzó a reflejarse con fuerza en las cuentas externas. En septiembre, las exportaciones de combustibles y energía alcanzaron los USD 1.781 millones, con un crecimiento interanual del 89,1%. Dentro de ese total, las exportaciones depetróleo crudo sumaron USD 1.127 millones, equivalentes a más del 11% de todas las ventas externas argentinas de ese mes.
En los primeros nueve meses del año, las exportaciones energéticas acumularon USD 12.452 millones, un crecimiento de 56,6% respecto del mismo período de 2025. Descontadas las importaciones, el superávit comercial del sector alcanzó los USD 9.427 millones, consolidando a la energía como uno de los principales aportantes de divisas a la economía argentina.
En los últimos doce meses, el saldo comercial energético llegó al récord de USD 11.891 millones, con exportaciones por USD 15.428 millones e importaciones por apenas USD 3.538 millones.
La magnitud del cambio resulta todavía más evidente cuando se compara con la historia reciente. Hace poco más de una década, la Argentina necesitaba destinar miles de millones de dólares anuales a importar gas, petróleo y combustibles para abastecer su demanda interna.
Hoy, con una producción creciente de Vaca Muerta y nuevas obras de transporte, el sector no solamente redujo sustancialmente esas importaciones, sino que genera un saldo comercial positivo cada vez mayor.
Y el horizonte exportador continúa ampliándose. La expansión de la producción petrolera, acompañada por las nuevas obras de evacuación hacia el Atlántico, permitirá incrementar los volúmenes destinados al mercado internacional.
En el caso del gas natural, los proyectos de licuefacción abren la posibilidad de convertir un recurso abundante, cuyo consumo doméstico está fuertemente concentrado en invierno, en exportaciones sostenidas durante todo el año.
Dos vías de ingreso de dólares
Pero el aporte de la energía a la disponibilidad de divisas no se agota en el comercio exterior. Hay una segunda vía que comienza a adquirir una relevancia creciente: el ingreso de capitales asociados a inversiones extranjeras, financiamiento y otras operaciones financieras del sector.
Según estimaciones de Empiria basadas en información del BCRA, el balance cambiario energético acumuló un resultado positivo de USD 11.152 millones en los doce meses terminados en agosto de 2026, sumando el saldo comercial y los flujos asociados a inversiones, financiamiento y otras operaciones.
El dato es clave porque muestra que la industria no solamente genera dólares a partir de la diferencia entre exportaciones e importaciones, sino que también recibe capital neto para financiar su crecimiento.
En otras palabras, los recursos de Vaca Muerta están dando lugar a dos fuentes complementarias de ingreso de divisas: los dólares que genera la producción actual y los que ingresan para financiar la producción futura.
Esta dinámica se sostiene incluso después de que las compañías energéticas remitieran al exterior USD 1.109 millones en utilidades entre marzo y agosto de 2026, equivalentes aproximadamente a una cuarta parte de las remisiones totales de utilidades de la economía.
Se trata de una salida de divisas que forma parte del funcionamiento habitual de una industria con fuerte participación de capitales internacionales y que convive con un aporte cambiario neto ampliamente positivo.
No hay contradicción entre ambos fenómenos. Una industria que atrae inversiones extranjeras, genera ganancias y aumenta sus exportaciones también debe poder remunerar a sus accionistas y financistas.
Lo relevante desde el punto de vista macroeconómico es el resultado neto: aun contemplando esos egresos, el sector energético continúa siendo una fuente importante de dólares para la economía argentina.
Un 2027 que ya está en marcha
La Argentina todavía enfrenta desafíos macroeconómicos importantes, y la industria energética no está al margen de ellos. La volatilidad del precio internacional del petróleo, las condiciones de financiamiento y la necesidad de ampliar la infraestructura pueden acelerar o demorar también la ejecución de algunos proyectos.
Será importante asegurar reglas de juego previsibles –en particular con el RIGI- para sostener inversiones cuyo recupero requiere muchos años.
Sin embargo, hay una diferencia sustancial respecto de otros momentos de la historia energética argentina. La expansión actual no depende solamente de anuncios, expectativas, incentivos públicos ni del resultado de una elección.
Se apoya en una producción que ya crece, exportaciones que generan dólares, compañías con acceso al financiamiento y proyectos de inversión que comienzana ejecutarse.
La continuidad de este proceso no está asegurada de antemano, pero los fundamentos productivos y las decisiones empresarias permiten anticipar que la energía seguirá desempeñando un papel cada vez más importante en la economía argentina durante 2027.
Mientras el país discute cómo resolver sus dificultades financieras de corto plazo y se prepara para las elecciones, el petróleo y el gas avanzan con una lógica distinta, determinada por inversiones, productividad, infraestructura y mercados de exportación.
Con los riesgos propios de cualquier industria expuesta a los precios internacionales, Vaca Muerta ya está construyendo su próximo año de crecimiento.
Y, por lo que muestran los proyectos, los mercados y las exportaciones, todo indica que 2027, con elecciones o sin ellas, encontrará a la industria energética pisando cada vez más fuerte, con prisa y sin pausa.