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Cómo definir nuevos ministros, a la luz de las lecciones del caso Guzmán

El Frente de Todos tiene la oportunidad de demostrar que alguna lección aprendió de la renuncia de Martín Guzmán. La falta de diálogo entre sus referentes (que se subsanó en aquel fin de semana de julio con una áspera charla entre Alberto Fernández y Cristina Kirchner) derivó en la improvisada nominación de Silvina Batakis. El Presidente no quiso enfrentar la apertura de los mercados sin ministro de Economía, y apeló a una candidata que llegó demasiado sola al cargo. Sergio Massa tenía disposición para asumir el desafío, pero era claro que su designación demandaba consensos internos que no se iban a resolver en 48 horas.

A la luz de los hechos, el paso de Batakis por el Palacio de Hacienda no fue una buena solución. No por la funcionaria, que había demostrado tener cintura política y técnica cuando acompañó a Daniel Scioli en la provincia de Buenos Aires. Fueron los desencuentros internos los que le quitaron credibilidad a su esfuerzo. No pudo generar expectativas positivas, y en esas duras semanas de julio, el dólar se fue a las nubes y también los precios. El Gobierno pagó esa falta de visión con el 7,4% de inflación de julio, un pico del que todavía intenta bajar. Si Massa hubiera arrancado un mes antes, tal vez la película sería diferente.

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Los cambios de gabinete que debe resolver ahora el Gobierno están lejos de tener el dramatismo que causa un relevo en la conducción económica. Desde ese lado, se trata de una operación con menos riesgo. Pero justamente por esa razón, sería una buena ocasión para que el Frente de Todos exhiba capacidad de consenso. De lo que se trata es de mostrar, a todos aquellos que tienen que resolver si siguen apostando o no por la Argentina, que los cortocircuitos internos que socavaron la confianza pueden ser resueltos sin tomar a la gestión de rehén.

Trabajo y Desarrollo Social son dos carteras que están destinadas a tener más relevancia en los meses que vienen, por el impacto de la alta inflación en la conflictividad social. El Gobierno se comprometió a generar una revisión de los planes sociales, y quien ocupe la cartera laboral tendrá un rol clave como articulador de un diálogo sectorial imprescindible para anclar expectativas. Al FMI le preocupan las elecciones de 2023, pero aunque no lo dice, también le preocupa ver cómo va a encarar el Ejecutivo ese proceso. Las metas del año próximo serán más exigentes que las actuales, y hará falta cohesión para enhebrar algún plan estabilizador que le arrime chances electorales al oficialismo. Ahora resta ver qué actitud muestra el FdT en la definición del recambio de ministros.

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