El presidente Milei concentra toda la energía de su gestión en sólo dos áreas: economía y “batalla cultural”. La segunda sigue el método de manejo del poder de Trump y otros líderes mundiales que describe Giuliano Da Empoli en “La hora de los depredadores”: identificar un enemigo –real o imaginario—y construir una épica de la confrontación permanente, que aturda al establishment político, económico y mediático, y justifique el sentido de pertencia de sus seguidores, convencidos de que el líder lleva adelante un quiebre con la decadencia del pasado.

Barriendo la hojarasca, en el caso de Milei esa batalla cultural hoy, con la defensa a ultranza de la apertura comercial, revela la preocupación por retomar el proceso de desinflación --su estandarte más preciado-- congelado en los últimos 6 meses.

La batalla cultural

El 3,1% de inflación de enero, registrado por el Instituto de Estadísticas de la Ciudad, es el quinto mes consecutivo arriba del 2%, y el pico desde marzo 2025. Con el dólar mayorista cayendo 3,6% (a 1.425 pesos) en lo que va del año. Según el IPCBA, los precios de los servicios subieron 3,5% mientras que los bienes aumentaron 2,3%.

Con el dólar planchado y la apertura comercial, el precio de los bienes actúa como ancla, en tanto las tarifas de servicios públicos continúan la secuencia de corrección de precios relativos y quita de subsidios, en especial después del impasse que dictaminó el Gobierno durante la campaña electoral.

Más allá del impacto negativo que tuvo en el IPCBA de enero el aumento de precios estacionales (15,8%) por turismo y verduras, jugó a su vez a favor la deflación de -1,9% en indumentaria (15,6% interanual, la mitad del 31,7% del IPCBA), el sector emblema sometido a la competencia china. De hecho, según la consultora Equilibra, como en el IPC nacional este rubro pesa 2 puntos más que la medición de la Ciudad, contribuiría a moderar el índice.

Mención aparte merece lo que está sucediendo con el precio de los alimentos y en particular con la carne, el de mayor gravitación en el rubro. En la ciudad, la carne aumentó 3,6% y acumula 50,7% en el último año (19 puntos más que la inflación).

El experto en el mercado ganadero, Andrés Costagma, afirma que ese proceso de reacomodamiento de precios de la carne continuará durante todo este año (en los últimos meses el “índice novillo Cañuelas” subió 72%), con especial impacto en marzo. “Es el año de la transición productiva, como parte del nuevo modelo de alineamiento del mercado local con el internacional”, explica Costamagna.

El IPC de la Ciudad se mide con los ponderadores de la encuesta de gastos de los hogares de 2017/2018 –con una mayor incidencia de los servicios y menor de los bienes-- que el Indec se había comprometido a adoptar desde este año, para actualizar el termómetro nacional, basado en los patrones de consumo de 2004.

Más allá del dato que arroje hoy para enero el INDEC –Caputo dijo 2,5%-- es evidente que la ahora suspendida actualización, con un peso mayor de los servicios, hubiese significado cifras mayores de inflación para febrero-marzo, tras los aumentos anunciados en energía, agua y transporte público.

Esos datos se conocerían a partir de marzo, en la apertura de la discusión de paritarias, con salarios reales registrados que perdieron en el último semestre frente a la inflación. Demasiado conflicto por una actualización metodológica del Indec, sobre una realidad difícil.

El año arrancó bien en lo financiero, con el Banco Central comprando unos U$S 1.200 millones y el riesgo país bajando a la zona de los 500, en un contexto de ingreso de capitales y apreciación de las monedas de la región frente al dólar. Ayer, el BCRA sumó U$S 176 millones, la segunda mayor compra en lo que va del año, con el dólar mayorista bajando.

En parte, la oferta de dólares está alimentada por la colocación de ON de las empresas. Pero sobre todo, la suba de los depósitos en dólares, impulsaron créditos de prefinanciación a los exportadores, que liquidados en el MULC agrandaron la oferta de divisas: en lo que va del año, los depósitos crecieron en U$S 1.475 millones (llegaron a u$s 38.000 millones), mientras que los préstamos aumentaron en u$s 1.275 millones (alcanzaron U$S 19.700 millones), en línea con las compras del BCRA.

Sin embargo, la discusión cambiaria no pareciera saldada, como aseguró días atrás el ministro Caputo, como tampoco lo está cuál será el sendero de la desinflación y, lo más importante, dónde se ubicará el nivel de actividad y el empleo en los próximos meses.

El mejor escenario sería que salieran los “dólares del colchón” –ARCA puso en vigencia ayer la ley de Inocencia Fiscal- para despositarse en el sistema financiero, y en esa abundancia de divisas, como dice el economista Pablo Goldín, se podrían matar “tres pájaros de un tiro”: el BCRA acumulando U$S 10.000 millones de dólares de reservas netas, el Tesoro comprando otros U$S 5.000 millones para pagar los intereses de la deuda, y la economía monetizándose –con la emisión de pesos contra dólares- descomprimiendo las altas tasas de interés reales, que rearmaron el “carry trade”, con la inflación descendiendo.

“Los números de Caputo no dan”, advirtió Joaquín Cottani, ex vice de Economía en los primeros seis meses de la era Milei. El cálculo que hace es el siguiente: suponiendo un superávit comercial de U$S 12.000 millones este año, éste sería prácticamente compensado por el déficit de servicios reales (turismo, pagos de servicios al exterior y remesa de dividendos a partir de este año).

Con lo cual habría que conseguir financiamiento por unos U$S 25.000 millones: 10.400 millones de vencimientos de deuda (FMI, Club de París y privados) hasta fin de año y unos U$S 15.000 de “atesoramiento” de los argentinos (unos U$S 1.250 millones mensuales).

A eso, habría que sumarle otros U$S 10.000 millones si el BCRA quisiera cumplir la meta de reservas para llegar fortalecido al 2027, año electoral en el que los vencimientos de deuda ascienden a U$S 21.000 millones.

En noviembre, la compra de dólares de los argentinos cayó a U$S 1.100 millones, pero en diciembre creció a U$S 1.800 millones. Muy lejos de los picos de entre 5.500 y U$S 6.500 millones durante la corrida electoral.

De bajar el riesgo país y de que las divisas se acumulen en el sistema financiero para potenciar el crédito en dólares (¿sólo a los exportadores?) dependerá el nuevo equilibrio cambiario y de la economía real. En otras palabras, de la confianza que el Gobierno logre o no generar en la primera mitad del año.