Martes  19 de Febrero de 2019

Una propuesta monetaria: eliminar el Banco Central

Una propuesta monetaria: eliminar el Banco Central

Acorde al artículo 1° de la ley que dio origen al Banco Central de la República Argentina (una corporación, en sus inicios, formada por el gobierno y bancos privados) el 21 de marzo de 1935, se establecía que la Institución operaría por un lapso de 40 años, esto es, en 1975 debería haber sido cerrada. Sin embargo, la crisis del Rodrigazo (1975) durante el gobierno de Isabel Perón, la explosión de la tablita cambiaria de Martínez de Hoz (1982), las hiperinflaciones de Raúl Alfonsín (1989) y Carlos Menem (1990) y la salida de la Convertibilidad (2002) constituyeron excusas perfectas para que la corporación política (salvo Carlos Menem 1991) no se desprendiera de un instrumento de opresión fiscal como es la política monetaria de alta inflación instrumentada desde Reconquista 266.

Así, a la luz de que para la Ley original el BCRA ya debería haber sido cerrado y, en especial, por el desastre inflacionario que se tradujo en menor crecimiento y mayores niveles de pobreza e indigencia, resulta relevante preguntarse si el BCRA debería dejar o no de existir. De hecho, la controversia sobre el punto es parte central del debate en el Siglo XIX entre la Escuela Bancaria y la Escuela Monetaria, aunque los orígenes del mismo se remontan a mediados del Siglo XVI con los aportes de la Escuela de Salamanca y en el XVII en Italia.

El debate entre los partidarios del banco central y los defensores de la banca libre tuvo lugar durante el siglo XIX donde en el inicio existió una íntima conexión entre la escuela de la banca libre y la Escuela Bancaria, por un lado, y la Escuela Monetaria y la defensora del banco central, por otro lado.

En efecto, los defensores del ejercicio de la banca con encaje fraccionario en un primer momento abrazaron, con carácter general, la causa de una banca libre de todo tipo de interferencias (aunque a la postre –dado las recurrentes crisis de origen crediticio- ello llevara a una alianza con el Banco Central) para poder continuar con el ejercicio de su negocio basado en un encaje fraccionario.

Por otra parte, los miembros de la Escuela Monetaria (preocupados por la relación emisión de dinero e inflación), recelosos por la actividad de los banqueros, se inclinaron ingenuamente a favor de la regulación estatal, bajo el establecimiento de un Banco Central, el cual se suponía habría de evitar los abusos que la Escuela Bancaria pretendía justificar. De este modo, el debate quedó concentrado en dos modelos de sistema financiero: (a) uno de banca libre sin interferencia estatal y; (b) otro con un Banco Central que estaría a cargo de la regulación del sistema.

Sin embargo, pese a estas diferencias ambos grupos no pusieron en el centro del debate el sistema financiero de encaje fraccionario y ello quedó plasmado en la famosa Ley de Peel promulgada el 19 de Julio de 1844.

Si bien la Ley establecía que la emisión de papel moneda estaba monopolizada por el banco central y efectuada con un criterio de pleno respaldo de dinero metálico, se mantuvo el modelo de encaje fraccionario, por lo que se dejó vía libre para que los bancos privados expansionaran el dinero mediante la concesión de nuevos créditos y la creación desde la nada de los correspondientes depósitos, manteniéndose de esta manera los booms expansivos y las subsiguientes etapas de crisis y depresión, durante las cuales el Banco de Inglaterra se vio obligado una y otra vez a suspender las previsiones de la Ley de Peel y a emitir el papel moneda necesario para atender la demanda de liquidez de los bancos privados, evitando así, en la medida de lo posible, su quiebra.

Por lo tanto, es una ironía del destino que la Escuela Monetaria apoyara la creación de un banco central que, paulatinamente y sobre todo por culpa de la influencia negativa de la Escuela Bancaria, terminó siendo utilizado para justificar e impulsar políticas de descontrol monetario y desmanes financieros mucho peores que aquellos a las que originariamente se pretendía poner remedio.

Ahora bien, dado que todos los desastres monetarios tienen su origen ya sea en el uso político de la política monetaria del Banco Central y un modelo de banca con encaje fraccionario que amplifica los desmanes de la autoridad monetaria, con el correr del tiempo (y en especial a la luz de la Gran Depresión), el debate entre Banca Libre vs. Banco Central mutó hacia el contexto en el cual el sistema bancario opera con un encaje del 100% para los depósitos a la vista (lo cual es demanda de dinero) y una banca de inversión para canalizar el ahorro.

De este modo aparece de un lado la posición de la Escuela Austríaca con las ponencias de Mises, Hayek y Rothbard abogando por una banca libre con un encaje del 100% en los depósitos a la vista y una banca de inversión que logre canalizar el ahorro de la economía y por otro lado la Escuela de Chicago quienes abogaban por un modelo financiero similar, pero con la tutela de un Banco Central.

Así, Simons, Mints, Director, Knight, Schultz, Douglas, Hart y Angell su principal foco de atención radicaba en la finalidad básica de restaurar el completo control por parte del gobierno sobre la cantidad de dinero en circulación y su valor. Sin embargo, el modelo monetario propuesto por la Escuela de Chicago sigue dando el poder al Estado de falsificar dinero desde el Banco Central y con ello estafar a la población mediante una política monetaria basada en la inflación.

Así, a la luz del debate entre Banca Libre vs. Banco Central con y sin un sistema de encaje fraccionario, es que junto a mi colega Diego Giacomini proponemos una reforma financiera que avance hacia la eliminación del BCRA (modelo de banca libre) y un sistema financiero que opere respetando las formas del derecho (Simons, Allais, Rothbard, Hoppe y Huerta del Soto) basado en un encaje del 100% para los depósitos a la vista (almacén de valor) y una banca de inversión para canalizar el ahorro de los individuos acorde a sus preferencias en términos de retorno y riesgo.

En cuanto a la instrumentación de la reforma, esta tendría lugar en cuatro etapas:

(i) En la primera etapa se procedería a separar al sistema financiero entre el almacén de valor y la banca de inversión, donde los individuos dispondrían de un período de tiempo (asociado con la duration de la cartera crediticia de los bancos para minimizar el descalce temporal) para optar entre los distintos tipos de bancas. Así, quienes quieran disponer de su dinero frente a todo evento irán al almacén de valor donde pagarán una comisión para que guarden su dinero, mientras que los que quieran percibir un interés acudirán a la banca de inversión donde tendrán un abanico de alternativas ordenables en términos de renta y riesgo;

(ii) Una vez separada la banca y cubiertos todos los desajustes monetarios que podrían tomar lugar fruto de que el período de tiempo está basado en una medida promedio del sistema, se eliminaría la regulación del sistema financiero;

(iii) En simultáneo se lanzaría un sistema de competencia de monedas, de modo tal que cada uno de los individuos de la economía lleven a cabo las transacciones en la moneda que les resulte más conveniente;

(iv) Finalmente, a la luz del teorema de regresión monetaria y teniendo en cuenta la historia monetaria argentina algún instrumento monetario se impondrá sobre el resto (el dólar y/o el oro). Una vez que ello tome lugar se procederá a liquidar los activos y pasivos del BCRA, donde los pasivos monetarios remunerados serán calzados contra los créditos del Banco Central contra el Estado Nacional, mientras que la base monetaria irá contra las reservas internacionales expresadas en el instrumento monetario emergente.

Por lo tanto, la eliminación del modelo bancario con encaje fraccionario habrá dado fin a la posibilidad de corridas bancarias, mientras que la eliminación del BCRA quitaría a los políticos la posibilidad de falsificar dinero (inflación) que distorsiona el funcionamiento del sistema de precios, castigas al crecimiento y multiplica la cantidad de pobres e indigentes.


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