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La política exterior y la promoción comercial

EDUARDO SADOUS Embajador. Exsubsecretario de negociaciones económicas internacionales

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La política exterior y la promoción comercial

Tras casi quince años de aislamiento del mundo, como consecuencia de la tremenda crisis de 2001 y los posteriores gobiernos del matrimonio Kirchner, la Argentina ha recobrado, a partir del 10 de diciembre de 2015, un significativo protagonismo en un planeta signado por graves problemas políticos y sociales, y una creciente lucha por asegurarse la provisión de materias primas, en especial energía, alimentos y agua.

Este nuevo protagonismo se ha dado de la mano de una activa diplomacia presidencial que ha llevado al Presidente Mauricio Macri a visitar numerosos países de América, Asia y Europa con el fin de abrir mercados y promover inversiones, además de buscar la generación de confianza en la permanencia del modelo votado por el pueblo en 2015 y ratificado en las PASO hace pocos días.

Para ello es fundamental contar con un cuerpo profesional altamente calificado como lo es, sin lugar a ninguna duda, el Servicio Exterior de la Nación.

Lamentablemente es ésta la única burocracia con elevados niveles de competencia que ha sobrevivido en el Estado nacional, aunque con un costo alto, a la ofensiva kirchnerista que buscó colonizar todos los sectores del país.

Nuestro Servicio Exterior, totalmente profesionalizado desde que un gran argentino, el Dr. Carlos Manuel Muñiz creara el Instituto del Servicio Exterior de la Nación en la presidencia del Dr. José María Guido, no le va a la zaga a ningún cuerpo exterior de ningún país de la tierra.

Casi 40 años de experiencia en el mismo, desde el ingreso en 1973 a mi jubilación en 2012, habiendo recorrido todas las jerarquías, me han probado que, dadas las condiciones y directivas adecuadas, el Servicio Exterior de la Nación puede cumplir, y generalmente cumple, todas las instrucciones que recibe de las autoridades.

No hay que olvidar que la política exterior la fija el gobierno de turno y la diplomacia es un instrumento al servicio de ese gobierno y del Estado Nacional.

En el período en que tuve el honor de desempeñarme como Subsecretario de Negociaciones Económicas Internacionales, acompañando al Presidente Carlos Menem en numerosos viajes al exterior pude constatar que, para un país periférico como es la República Argentina, la inmensa mayoría de los temas que se discutían en sus encuentros con contrapartes de Europa, Asia y Africa, más de un 80%, eran temas económicos y comerciales.

Por ello, el reciente Decreto número 513 del 14 de julio de 2017 que transfiere al Ministerio de la Producción funciones que, desde la década de 1990 ejercía la Cancillería, que pasó a denominarse adecuadamente Ministerio de Relaciones Exteriores, Comercio Internacional y Culto, como todavía lo refleja la placa que se encuentra en el frente del Palacio San Martín, constituye, desde mi punto de vista, un retroceso en la profesionalización de nuestra política exterior.

Máxime, cuando son las Embajadas las que deberán realizar gestiones ante los gobiernos extranjeros, lo que implicará una división difusa de funciones que, sin ninguna duda, llevará a conflictos de competencias.

Es de esperar que este pase de funciones no lleve a la creación de un nuevo cuerpo en ese Ministerio de la Producción, lo que no sólo significaría el desaprovechamiento de los recursos humanos ya existentes en la Cancillería, sino que alimentaría aún más a nuestro elefantiásico e ineficiente Estado.

En la diplomacia, además de la capacitación, es fundamental la experiencia que solo da un largo y constante ejercicio profesional, aumentado por la transmisión de esas experiencias que normalmente recibimos de nuestros superiores.

Mi experiencia en Venezuela con la así llamada embajada paralela, compuesta por personajes sin ninguna calificación que solo buscaron el negocio particular y por su incapacidad llevaron a muchas empresas a la quiebra (el caso Sancor es paradigmático), me lleva a concluir que ningún cuerpo del Estado argentino está en mejores condiciones de realizar las funciones económicas y comerciales que la Cancillería.

Es de esperar que se revierta la decisión y el Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto, conducido hoy por un funcionario de carrera, lo cual demuestra el elevado concepto que se tiene en el Gobierno de los integrantes del cuerpo diplomático, recupere los temas de promoción comercial y de organización de ferias y exposiciones, devolviendo estas competencias al lugar de donde nunca debieron salir.

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