Con este presente en las empresas, no hay Mundial que aguante

Los CEOs más importantes del país miran los cambios en el equipo del presidente Mauricio Macri desde una platea preferencial, con distintos matices de optimismo sobre los nuevos titulares, aunque descontando un final de año difícil. No habrá Mundial que salve a los argentinos de la inquietud que genera este presente. No es por nada que este Día de la Bandera encontrará al país más focalizado en el desembolso del primer tramo del préstamo stand by por un total de u$s 50.000 millones que en las políticas de mediano plazo; son particularidades de esta Argentina golpeada por los errores propios y el contexto internacional.

 

Sólo un poco y sólo en parte, la devaluación calmó el malestar de las industrias nucleadas en la Unión Industrial, que conduce Miguel de Acevedo, y donde además, reinan aires de confianza en la gestión del flamante ministro de la Producción, Dante Sica, quien asumirá formalmente hoy así como Javier Iguacel, en Energía. "Nada podía ser peor que Cabrera", blanquearon en la mesa chica fabril donde habían quemado todas las naves con la gestión anterior. De todos modos, aunque mucho más comprometido con un perfil productivo, Sica conoce al detalle los bemoles de varios grandes industriales que pisan fuerte en la entidad empresaria, de hecho durante su gestión como secretario de Industria en el Gobierno de Eduardo Duhalde, supo protagonizar varias tensiones con el grupo Techint por el precio de la chapa en el mercado doméstico. Por estas horas hay infinitas reuniones y muchos nombres en danza en esa cartera. El nuevo titular de Producción además coincide con Cabrera en un punto que resultó clave en la puja con la UIA: cree que se puede producir y exportar mucho más. Lo mismo pensaba Cabrera, aunque Sica seguramente lo considera desde una perspectiva más conocedora del día a día en el quehacer fabril, y en especial, en las pymes y en los sectores sensibles.

En las grandes empresas petroleras, bancos, servicios y automotrices, descuentan que la principal batalla en el corto plazo es llevar el tipo de cambio hacia una mayor tranquilidad y, en el mediano, las cuentas se verían con más optimismo. Este año habrá, sin duda, frío en todos los bolsillos, incluso en los balances de las empresas. Hay algunos que le siguen prendiendo una vela a la obra pública que, al menos, en Capital Federal no se frenó y tampoco se atrasó en los pagos. Por ejemplo, así lo ven en Niro Construcciones, donde computan la construcción de las piletas olímpicas y parte de las viviendas que quedarán en la escenografía porteña una vez que pasen los juegos juveniles. Quien hace malabares desde las cuentas nacionales y hasta el momento le va bien es el ministro de Interior Rogelio Frigerio, aunque por delante tiene muchísimos nubarrones en el horizonte en especial de cara a las negociaciones con los gobernadores por el inminente y reñido presupuesto del año próximo.

Por el lado de Energía, hay mucha más tensión. No sólo por el nuevo tablero de subsidios y tarifas que debería repensar el flamante ministro, que no es poco de por sí, sino más bien por las dificultades que se vendrían en las áreas que parecían estar funcionando sin problemas, por ejemplo, Vaca Muerta. Hay un cambio de clima en torno a ese paradigma tripartito que el Gobierno suele usar como modelo. La ley de tarifas fue la culpable. El apoyo de los petroleros habría endurecido la postura del sindicato que comanda Guillermo Pereyra. Es un sector gremial de bajo perfil nacional hasta ahora, sin embargo, esto estaría cambiando vertiginosamente porque apuesta a jugar un rol más importante en la CGT. Si fuera así se abriría un frente nuevo e inesperado para el Gobierno justamente en un área que se esgrime hasta ahora como ejemplo de acuerdo productivo entre Gobierno, empresas y gremios. Las negociaciones que se vienen por la suba en el precio de las naftas, las distintas concepciones internas dentro del gremio petrolero en torno a la marcha del 25 que convoca la CGT y al recambio inminente en la conducción de la central Azopardo serían una combinación explosiva en el futuro inmediato y una papa caliente para la nueva conducción en Energía y para las inversiones comprometidas en energías renovables.

Por estas horas, hay muy pocas buenas noticias en materia de inversiones, donde prima el "wait and see". Por eso se celebró la llegada al país de los nuevos teléfonos Nokia, a través de HDM Global que junto con Etercor y otras cadenas de retail argentinas importarán, distribuirán pero también producirán en Tierra del Fuego tres modelos de celulares. Lo mismo estaría pasando aunque con cuentagotas en el sector financiero de banca digital. Justamente son áreas donde el sindicalismo tradicional no pisa fuerte y donde los gremios vinculados están en crecimiento junto a los sectores denominados no convencionales. Así las cosas, esta semana marcará con fuego el termómetro económico por venir en el resto del año. Un final de 2018 que, todos descuentan, será muy frío en materia de actividad económica y de generación de empleo pero donde la inflación estará encendida. Dependerá de la dupla Dujovne-Caputo / Caputo-Dujovne, si efectivamente como algunos analistas ya prevén, no hay ningún margen para seguir trasladando toda la devaluación a precios o, si por el contrario, un puñado de operadores continúa marcando la cancha al equipo económico y al bolsillo de los argentinos.

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