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Del acuerdo casi cerrado a rondas difíciles monitoreadas por Alberto

Hace unas semanas, cuando el destino de Kristalina Georgieva como jefa del FMI tambaleaba por la sospecha de haber realizado gestiones indebidas en su paso por el Banco Mundial, el presidente Alberto Fernández se animaba a decir que el acuerdo con el Fondo Monetario estaba casi cerrado. Por entonces, había un diálogo de nivel técnico entre el staff y el equipo de Martín Guzmán, que no mostraba demasiadas rispideces, aunque tampoco acuerdos sustanciales. En las últimas horas, en cambio, el primer mandatario reconoció que las discusiones estaban encaminadas, pero con las dificultades que imponen los intereses financieros que no interpretan las buenas intenciones de la Argentina.

Fernández subrayó que pudo mantener un diálogo franco con la titular del Fondo, en el que pudieron poner sobre la mesa las dudas y las intenciones de cada parte. Lo que quedó en evidencia es que el tiempo corre y la necesidad de contar con algún tipo de definición entre diciembre y marzo no va a ser posible si el Gobierno no pone algo más que reclamos en el tablero de negociación.

En ese sentido, un dato que no pasó inadvertido es que mientras Fernández viajó a Escocia para participar de la Cumbre contra el Cambio Climático, dejó a su ministro de Economía discutiendo en Roma con el apoyo táctico de Gustavo Béliz, el secretario de Asuntos Estratégicos. Hasta el momento no había tenido un rol relevante en la relación con el Fondo, ya que el Presidente le había encomendado hacer foco en los otros organismos internacionales. Béliz trabajó como director del Instituto para América Latina (Intal) del BID, organismo que aspiró a presidir con el impulso de Fernández. Conoce al detalle las entretelas de Washington y por esa razón había recibido la misión de monitorear parte de la maraña de fondos que recibe la Argentina.

Pero ahora tiene una tarea adicional. Como funcionario de máxima confianza del Presidente, Béliz será un canal adicional de ida y vuelta tanto para el Fondo como para la Casa Rosada. Si bien nadie espera que aporte una opinión técnica sobre temas cambiarios o fiscales, es evidente que el staff del FMI quiere algún tipo de garantía política de que lo que dice Guzmán cuenta con algún tipo de respaldo en el Poder Ejecutivo. Los técnicos del Fondo no saben qué responder cuando desde el directorio aparecen signos de interrogación alrededor de las declaraciones beligerantes de dirigentes del oficialismo como Máximo Kirchner.

Hay conciencia de ambas partes de que el acuerdo es igual de conveniente tanto para el Fondo como para el Gobierno. Un default sería incendiario para la comunidad internacional que acaba de apoyar el reclamo argentino de reducir las sobretasas. Ahora no hay marcha atrás. Solo falta poner números en serio y hacerlos cumplir.

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