MIÉRCOLES 20/11/2019
Fred Kofman, el coach argentino que asesora a Google y LinkedIn sobre liderazgo

Fred Kofman, el coach argentino que asesora a Google y LinkedIn sobre liderazgo

Es economista, argentino y coach de los ejecutivos más exitosos de Silicon Valley, como el fundador de LinkedIn. Hoy ejerce como asesor de Desarrollo de Liderazgo en Google. Discípulo de Guido Di Tella, su hogar es un barco anclado en el mar Caribe, donde practica buceo por apnea y caza submarina.

Desde la suite en el piso 11 de un hotel cinco estrellas en Puerto Madero, la vista panorámica del Río de la Plata se impone. Es el último día que Fred Kofman, coach de alta gerencia y referente de liderazgo organizacional a nivel mundial, pasa en su Buenos Aires natal. Autor de los best sellers Metamanagement (2001) y La empresa consciente (2008), volvió al país para promover su nuevo libro, La revolución del sentido. Poder del liderazgo trascendente (Harper Collins). Nacido en 1960 y oriundo del barrio de Belgrano, se graduó en Economía en la UBA y fue profesor de Crecimiento Económico en la cátedra de Guido Di Tella, quien “fue un gran mentor para mí: me ayudó a ir a los Estados Unidos para hacer un doctorado en la Universidad de California, donde luego me quedé a vivir”, reconoce.

Actualmente, Kofman es asesor de Desarrollo de Liderazgo en Google, director del Centro de Liderazgo Consciente en el Instituto Tecnológico de Monterrey, y fundador y presidente del Conscious Business Center International. Antes, supo ser profesor en la Escuela de Management Sloan del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT). Y creó la consultora Axialent, a través de la cual impartió programas de liderazgo a más de 15 mil ejecutivos en todo el mundo con el objetivo de que “se transformen en líderes más humanos, conscientes e inspiradores”.

En 2013, fue designado vicepresidente de Desarrollo Ejecutivo y Filósofo de Liderazgo en LinkedIn. Coach de los ejecutivos más prominentes de Silicon Valley -como Reid Hoffman, el mismísimo fundador de Linkedin-, su hogar actual es un barco anclado en el mar Caribe, donde practica buceo por apnea y caza submarina. “Antes vivía en Mallorca, donde aprendí a navegar. Poco a poco me di cuenta de que cada vez que estaba en tierra ansiaba estar a bordo. ¡Tenía la picazón de ir al agua! Me gusta navegar, pero mucho más practicar buceo sin tanque de oxígeno y caza submarina. En cierto punto, es como el yoga: lo importante es estar relajado y tranquilo”.

¿Qué te llevó a escribir La revolución del sentido en este momento de tu carrera profesional?

Encontré un problema matemático en mis estudios cuando hice el doctorado de Berkeley. En ese momento no lo entendía así, pero era una contradicción entre el trabajo en equipo y los intereses individuales. Tardé 25 años en darme cuenta de que no se puede resolver matemáticamente, como intenta la mayoría de las compañías con un sistema de incentivos financieros. Descubrí lo mismo que César Luis Menotti en 1978: lo que hace la diferencia no son tanto los jugadores como el espíritu de equipo que los lleva a perseguir un bien más grande que el individual porque quieren, no porque les dan un incentivo que opera de afuera hacia adentro.

¿Los premios y castigos son antimotivacionales?

Exacto. Lo hacés porque querés, porque te sentís noble, porque estás motivado por tu propio interés. Cuando mis hijos se la pasaban jugando con la computadora, les decía: “Bueno, se las saco hasta que lean”. Leían, sí: pero a regañadientes y con rabia. Con premios y castigos logré que leyeran, pero no que quisieran leer.

¿Predicar con el ejemplo es la clave del liderazgo?

Un líder es quien inspira el compromiso interno. Justamente, líder no es quien tiene la autoridad formal sino moral. No ‘engancha’ al equipo desde afuera, como dándole la zanahoria a un burro, sino que invita a participar de un proyecto desde adentro, como una comunidad con valores y propósitos similares. Líder es quien inspira el compromiso interno con una misión trascendente. La compensación inmaterial más grande que da un líder es que la gente encuentre sentido a su vida colaborando en un proyecto más grande que ellos mismos. No todos tienen el mismo carisma, perseverancia, tenacidad, coraje y dones, pero cualquiera puede mejorar sus capacidades si entiende cómo.

Llevás décadas trabajando con líderes. ¿Cuál es el mayor error que todos cometen?

Mi trabajo no es tanto descubrir a los líderes, porque trabajo con profesionales que ya tiene autoridad material. Sea para bien o para mal, la empresa u organización te puede dar el poder de ser manager, pero nunca te hace líder. Es decir: te pueden dar permiso de contratar, de despedir, de promover o remover, pero nadie más que quienes te siguen pueden darte permiso para que los inspires.

Esa es mi definición: el líder logra lo que no se puede comprar y lo que no se puede conseguir vía amenazas. Imaginate que viene un ladrón y te dice: “Dame el dinero”. Le das la plata. Pero si te dice: “No, dámelo porque querés”. No hay arma en el mundo que pueda hacer que se gane tu respeto. Por eso es una contradicción tratar de liderar basándose en los premios y castigos, porque es un sistema que excluye el liderazgo. Para mí, “la revolución del sentido” es descubrir que el primer motivador que tiene la gente comprometida con ganar es justamente encontrar un sentido trascendente en su vida mediante la participación en una empresa. Implica ayudar a los colaboradores a descubrir su significatividad, un concepto vinculado con la supervivencia simbólica. Porque el miedo más grande que tiene un ser humano no es a morirse, sino a morirse sin haber dejado nada detrás, a pasar por la vida y que nadie lo recuerde.

¿Cómo se conjuga la gratificación monetaria con ese concepto de propósito espiritual?

El dinero es pura espiritualidad. Es una muestra de tu evaluación de aquello que necesitás para vivir. Si te vendo algo, vale para vos más de lo que me pagues porque no me lo comprarías si no fuera así. El dinero, justamente, es la medida del valor mínimo que recibís por lo que te doy. Entonces, si voy a trabajar para vos y te ofrezco mi esfuerzo, mi energía, por u$s 2 mil al mes, ese sueldo es tu reconocimiento de que lo que te aporto con mi esfuerzo vale para vos, para tu empresa. Y eso vale más que u$s 2 mil. Entonces, yo no gano esa cifra sino la oportunidad de alimentarme y de darle un techo a mi familia, por ejemplo. Por eso, para mí, el verdadero capitalismo es cuando la gente tiene la libertad de decidir si quiere o no participar de una transacción laboral. Entonces, para atraer gente a tu empresa, tenés que darles una oferta de valor, que tiene una parte monetaria, pero es mucho más que eso.

En tiempos de crisis, como la que atraviesa la Argentina, suena utópico plantear que el empleado puede elegir quedarse o irse de la empresa en función de la gratificación espiritual antes que de la material...

Totalmente. Por eso algunos se aprovechan. No hay muchas alternativas de empresas nobles que paguen razonablemente y, además, brinden una contención moral. Me contratan porque colaboro para que las organizaciones desarrollen una forma de conseguir el mejor talento y tenerlo totalmente motivado. Hace 30 años que me dedico a esto: si soy un chanta y un fraude, soy muy bueno porque engañé a mucha gente inteligente (risas).

¿Un consejo infalible?

Va a parecer raro… Pero mi consejo es el amor ágape, expresión de origen griego que implica un compromiso de vida con el florecimiento de los demás. Perfectamente un líder corporativo puede querer que sus equipos crezcan, que se lleven bien, que se traten amorosamente, que tengan manera de cuidar a sus familias. Cuando trabajás para un líder así, vas a dar todo porque lo vas a ver como alguien en quien confiar porque quiere tu bien y no quiere explotarte, porque quiere que des lo mejor porque es tu elección y no te lo saca a la fuerza. Como decían The Beatles: You can’t buy love!

Tiburones en tierra 

Cultor del buceo por apnea y la caza submarina, Kofman revela que “en una buena inmersión, puedo estar sin respirar hasta 3 minutos. Y si me quedo cerca de la superficie, hasta 5. Pero si bajo 20 metros, normalmente son 2. Los peces buenos están entre los 10 y 20 metros. Por eso hay que estar flotando en el agua la mayor parte del tiempo, mirando, quieto, entre los corales. Allá abajo tengo que mantenerme relajado porque estoy en el medio de la cadena alimenticia de las barracudas y los tiburones. Es algo que aplico cuando me reúno con ejecutivos poderosos”.

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