Etcheves:

Etcheves: "Prefiero arrepentirme por haberle creído a una mentirosa que a un violador"

La periodista –precursora del movimiento #NiUnaMenos–habla de su última novela, Errantes (Planeta) y su cambio de vida, en clave escritora full time y alejada de la pantalla. 

Cuatro desapariciones, 3 suicidios, el asesinato macabro de una trabajadora sexual, una muerte que lleva 40 años sin resolverse y, en el medio de este enorme caso policial, una periodista de televisión en busca de la verdad. Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia… de verdad. Porque hasta su nueva novela 'Errantes' (Planeta), Florencia Etcheves le había esquivado a la “literatura del yo”, resistiéndose a tener una periodista como protagonista de sus novelas. De hecho, hasta la mitad de su libro Carmen Hidalgo fue actriz, pero algo no funcionaba –“cosas del verosímil que no se sostenían”, argumenta– y decidió cambiarlo todo.

Lo que definitivamente no fue una coincidencia es la aparición en escena de Diego Gualdini, un personaje (es el productor que acompaña a Hidalgo en su investigación) puramente causal y “personal”. Explica Etcheves que “la primera nota que me hicieron, como escritora, me la hizo Diego Gualda. Y era como una especie de cábala, tipo Mirtha Legrand, que cada vez que yo sacaba una novela, él me hiciera la primera nota. Diego murió hace un año y yo todo el tiempo pensaba que cuando 'Errante's saliera, él no iba a estar. Y se me ocurrió que el personaje se llamara Diego, que tuvieran características similares. Le pedí permiso a su viuda para poder usar un nombre que estuviera ligado a él”, explica.

Tal vez la verdadera coincidencia haya sido el timing: por esa época, Etcheves estaba atravesando su “divorcio en buenos términos” con la pantalla de TN, una relación estable  de 2 décadas y de la que no había concebido separarse hasta un par de años atrás. “La deducción que saqué, no sé si será así o no, es que era como una suerte de despedida. La mitad de la novela la escribí cuando todavía trabajaba en TN y la otra mitad cuando ya estaba afuera”, reflexiona.  La periodista que entraba a un set y se sentía como en su casa (o como en el “útero materno”), que aprendió a manejarse, dónde pararse, cómo no cruzarse en cámara y bajar su tono de voz  para que no se escuche en el micrófono, ahora se entera de las noticias por tevé y se ve haciéndole preguntas a sus excompañeros por WhatsApp. Mientras la periodista real se iba alejando de la tevé, la de ficción comenzaba a emerger en la novela. ¿Coincidencia?

Pero (porque las cenizas quedan) todavía se pueden sospechar en la ‘Etcheves escritora full time’, rastros de su currículum televisivo: la exproductora del mítico  Enrique Sdrech, transformó su experiencia de  20 años cubriendo casos policiales –esas “miles y miles de pequeñas escenas en mi cabeza que me sirven para los libros”– en su zona de confort literaria.  “Me sale automático. El año pasado escribí un cuento para una antología romántica pero igual había un homicidio, porque no me cerraba la historia. Como que el texto me pedía un muerto”, se sincera divertida.

De su vida anterior, dice que lo que más extraña es el trabajo colectivo: “Me gustan las redacciones populosas, que tenemos que hacer fila para la máquina de café… ¡En el canal hicieron un amigo invisible y estoy ofendidísima que no me incluyeron!”, actúa. La faceta solitaria del trabajo de escritor le cuesta,  pero fue una elección consciente: “Yo estaba trabajando en un noticiero, con una producción increíble, me llevaba bárbaro con mis compañeros, nos divertíamos horrores… No la pasaba mal, no es que era una tortura, no tenía ningún conflicto con la pantalla, con nada… Así y todo, sentía que no estaba siendo feliz”. Ahora cuenta  las historias (o como dice Etcheves: “hablar de lo que yo quiero hablar y usar la historia como excusa”) desde afuera, pero ya sabía que iba a ser así.

Por otra parte, el cambio de vida le trajo firmas de libros en ferias literarias, sus títulos en los rankings de libros más vendidos y un nuevo entorno en el que se puede contar, entre otros, a escritoras como Claudia Piñeiro –una amiga “generosa hasta el infinito”, que lee sus novelas y la estimula a seguir escribiendo– y un nuevo “caminito” al que entró con pies de plomo, pero sin sacarlos del plato: “Yo no pertenezco al circuito literario de élite de la Argentina básicamente porque no tengo las condiciones para pertenecer a ese círculo. De los escritores y escritoras que pertenecen a ese círculo lo que tengo que hacer es aprender: leer sus libros, sus novelas, las entrevistas que les hacen, porque es interesante lo que cuentan de sus procesos de escritura”.

Si su trayectoria como periodista despertó algún recelo o prejuicio en esos círculos, dice que no se enteró. Aunque admite que tampoco le importa mucho, porque “circular en el ámbito de los egos” también es su ámbito, después de todo: “Todos los que trabajamos en televisión tenemos un ego alto. Trabajamos de exponernos, de que nos vean. Trabajamos con la mirada del otro”.

Tal vez los estereotipos vengan más desde una industria que, todavía hoy, separa ciertos géneros literarios según el género de sus autores, sin embargo Etcheves cree que esa tendencia está retrocediendo: “De a poco se va quitando ese prejuicio de que las mujeres escriben para mujeres y los varones escriben para toda la Humanidad. Que la palabra del varón es la que todos debemos leer y la palabra de la mujer es una palabra que sólo puede ser validada por otras mujeres. En el ranking de las 10 novelas más vendidas de octubre –en el que tengo el honor de haber estado–, las primeras 8 fueron escritas por mujeres. ¿Significa que sólo las mujeres fueron a comprar libros ese mes? ¿Por qué los varones no pueden leer una buena historia de amor? Tampoco los encasillemos a ellos. Me parece que los lectores y lectoras siempre están un paso más adelante”, analiza.

Fuiste una de las organizadoras del #NiUnaMenos, ¿Cómo ves la evolución del movimiento feminista?
Creo que en los últimos años venimos teniendo en nuestro país  muchas situaciones que hicieron que las mujeres, y muchos varones también, empezáramos a despertarnos. Uno de esos mojones fue la primera marcha de #NiUnaMenos, donde el  grito colectivo era 'basta de feminicidios'. Otro mojón muy importante fue el primer paro de mujeres, cuando fue el femicidio de Lucía Pérez en Mar del Plata, y esto de Thelma Fardín que tiene que ver con los abusos que durante muchísimos años se han callado muchas mujeres que no hablaron por miedo, por vergüenza, por temor a no ser escuchadas, a ser tratadas de locas, a no ser creídas, y que ahora sienten que hay una sociedad que les cree, que no las juzga ni señala. Es impresionante, después de lo de Thelma, la cantidad de mujeres grandes que empezaron a contar cosas que les pasaron tal vez hace 30 ó 40 años, que toda la vida sufrieron en silencio. Hoy, por suerte, las chicas jovencitas no naturalizan los abusos y los acosos como los naturalizamos nosotras en su momento.

¿Te parece que cambió algo a partir del caso de Thelma Fardín?
Creo que nos hace pensar mucho en cuando nos planteamos "¿Creo o no en esto?". Creerle a una mujer que está haciendo una denuncia es una posición política interna también. Nosotros no estuvimos en ese set o en esa habitación, no lo vimos con nuestros ojos. Pero yo la verdad que prefiero arrepentirme por haberle creído a una mentirosa que arrepentirme por haberle creído a un violador. Esa es mi posición política: yo creo.

Hablás del caso Lucía Pérez, ¿cómo ves el tratamiento de estos casos en la Justicia?
La Justicia tiene que estar a la altura de esas denuncias. No es lo mismo ir a denunciar una violación que ir a denunciar que te robaron un celular. En este punto no me quiero poner sexista, pero si una mujer va a denunciar un delito sexual, probablemente no se sienta cómoda contándole a un varón detalles de lo que le acaban de hacer. Entonces es interesante que existan comisarías de la mujer, con mujeres policías preparadas para recibir este tipo de denuncias, donde puede pasar muchas horas hasta que la víctima pueda articular un relato. Hay  que facilitarle a las mujeres el proceso de denuncia, para que sea lo menos revictimizante posible y para que no termine siendo, en vez de un alivio, otra carga más.

¿La política se está aggiornando a esta agenda de género?
No le queda otra. Desde un tiempo a esta parte los políticos, tanto hombres como mujeres, hablan de la agenda del feminismo: hablan de violencia, de femicidios, del aborto legal, y se les consulta sobre temas que antes ni siquiera estaba en sus labios. De palabra, la agenda feminista ya está en los partidos políticos y en la política. Ahora hay que empezar a pasar a la acción: los presupuestos que se tienen que dar en todo lo que tiene que ver con la prevención de la violencia, las líneas de atención a las mujeres, la Ley Micaela... Y la prevención, por supuesto, ahí es donde se marca lo que tiene que ver con la educación y con la ESI (NdR: Programa Nacional de Educación Sexual Integral) en las escuelas, que es fundamental porque les enseña a niños muy chiquititos lo que tiene que ver con la privacidad de su cuerpo, que nadie los puede tocar. Es la primera línea de batalla contra los pedófilos, ¿cómo nos vamos a perder semejante herramienta para nuestros hijos?

¿Creés que se mantienen las diferencias de género más allá de que el tema esté instalado?
Lo que me parece más perverso es que por ley no hay nada que a nosotras nos prohíba ganar lo mismo que un varón haciendo el mismo trabajo y, sin embargo, sucede. Por ley no hay nadie que nos obligue a tener que hacernos cargo de las tareas de cuidado y, sin embargo, eso sucede. No hay ninguna ley que obligue a las mujeres a ser menos en los puestos de poder en la Justicia y, sin embargo, sucede. Entonces, digo: ¿qué es lo que sucede? Por eso el tema del cupo para los cargos políticos: me parece que las mujeres tenemos que tener el mismo derecho que tienen los varones de ser pésimas en lo que hacemos. A nosotras se nos exige, además de tener que llegar,  ser maravillosas. Me parece que en algunas situaciones, en lo económico, en lo que tiene que ver con las brechas, con los puestos de poder y de decisión, estamos medio flojitos en lo que tiene que ver con la igualdad. Todas las reivindicaciones en casi todo lo que las mujeres que nos precedieron hace años consiguieron, fue poniendo el cuerpo. ¡Vamos por el poder!

Comentarios10
Mariano Di Maggio
Mariano Di Maggio 16/01/2019 12:01:14

No comparto para nada el titulo de esta nota. Difamar y arruinarle la vida al tipo no se compara con avalar a una mentirosa.

Joguibear Bubu
Joguibear Bubu 15/01/2019 07:01:54

actitud egoista,maliciosa y mesquina, soslaya el hecho que una falta acusacion de violacion destruye la vida de una persona inocente.

Louie Katerpouie
Louie Katerpouie 15/01/2019 05:49:46

JOSE LUIS FARDIN Condenado a 15 años de prisión por corromper a menor. EL VIOLADOR es el padre de Thelma Fraudin. Lo dijo la JUSTICIA. Yo no.

sebastianuribarri2 Uribarri
sebastianuribarri2 Uribarri 15/01/2019 04:45:22

Es decir que prefiere difamar a un hombre a una mujer. En fin... asi estamos.

Eduardo Vazquez
Eduardo Vazquez 15/01/2019 02:23:00

La verdad que el comentario de esta mujer es detestable. Se puede arruinar la vida de una persona alegremente

Teo Pereyra
Teo Pereyra 15/01/2019 02:21:53

Es un sofisma propio de una burra.

ernestodesanisidro
ernestodesanisidro 15/01/2019 01:56:20

De donde sacan a estos personajes tan mononeurales! Estudié en USA (Master) les puedo asegurar que todos los meses salen news respecto a condenas erroneas. Evidementemente alla y aca hay mucha gente discapacitada mental

Daniel Fernandez
Daniel Fernandez 15/01/2019 01:03:18

Pero si es falso el testimonio, la persona no seria un violador entonces nunca hubieras creído en un violador...

Andres Paa
Andres Paa 15/01/2019 12:58:52

Que poco justa esta mujer, solo discrimina al varon, no le importa que le arruinen la vida con una denuncia falta. Ojala no le pase a alguno que tiene cerca porque ahi va a ver que se siente.

Robert_Stansell Stansell
Robert_Stansell Stansell 15/01/2019 11:46:19

Se puede acusar a hombres gratuitamente total son descartables para estas FEMINISTAS. NO IMPORTA SI LE ARRUINAN LA VIDA