Carlos Núñez Cortés, el emprendedor detrás de Les Luthiers

Carlos Núñez Cortés, el emprendedor detrás de Les Luthiers

El alma innovadora de Les Luthiers –además de componer los grandes clásicos del grupo también persuadió a sus compañeros de grabar y filmar los espectáculos como estrategia de negocios– se retira después de 50 años con el grupo.

 A Carlos Núñez Cortés, uno de los cinco índices que conforman la historia de Les Luthiers, lo inquietan sus dedos meñique: le duelen. “Lo que sufro en las funciones”, explica, con una queja. Se levanta del sillón y se vuelve a sentar, ahora en el taburete del piano, un Steinway & Sons que se ha hecho amo y señor del living. Empieza a tocar la característica base de un blues, que acompaña a la obra Rhapsody in balls, en la que su compañero Jorge Maronna repite la melodía que él teclea. “La mano izquierda hace esto. Pero con esta, la derecha... Las cosas que tengo que hacer para reemplazar el quinto dedo cada vez que no puedo...”.

Para su operación falta tiempo. El quirófano de los próximos meses será emocional, una sala de la que buscará salir habiendo aprendido a vivir sin pertenecer a Les Luthiers. En septiembre, el grupo habrá cumplido sobre el escenario 50 años, decalustro en el que los cinco integrantes han entrado y salido de las obras con müllers, como han llamado a determinadas palabras o gestos que, una vez incorporados, los llevan o sacan de la plataforma de manera casi natural. Imperceptiblemente, Núñez Cortés fue advirtiendo los suyos: y eran para bajar su telón. “¿Cuántos más aplausos quiero? Me aplaudieron 50 años. Disfruté muchísimo. Compuse todas las obras que quise. Toqué en el Teatro Colón, con Daniel Barenboim y Martha Argerich. Viajé por todo el mundo. Ahora nos dan el premio Princesa de Asturias. Ya está. Listo”.

Se irá, aunque diga sentirse vigoroso. “Tengo energía como para seguir trabajando unos años más, creo”, afirma. Comunicó su decisión tiempo atrás. “Hace dos años que vengo hablando con mis compañeros acerca de una salida honrosa y ordenada, en la que nos demos el lujo de hacer un último concierto hermoso”. Capaces de recrear imposibles morisquetas con sus caras, sus colegas no pudieron disimular el malestar. O no quisieron. “Vi las caras de resistencia”, reconoce. El otro golpe fue la muerte de Daniel Rabinovich, Neneco, en agosto de 2015. “La gente ya absorbió el primer impacto”, opina. Dos nuevos integrantes, luego, se sumaron a la formación: Horacio Tato Turano y Martín O’Connor. “Muy bien lo reemplaza, pero no es Daniel”, comenta sobre este último. Tras su propia salida, Núñez Cortés adelanta que quien ingresará será Tomás Mayer Wolf, quien ya compartió horas con Les Luthiers. “Excelente músico, pianista, un tipo muy cálido al que quiero mucho. Ojalá le vaya bien, porque lo van a comparar conmigo”.

 

La razón de la locura

Cuando tomó la determinación —y la comunicó—, Núñez Cortés escribió un mismo correo electrónico a 30 personas de confianza, entre fans y otros conocidos, con una pregunta algo retórica: “¿Creen que vale la pena editar un libro con historias de las obras de Les Luthiers?”. Las respuestas, obvias, incitaron el comienzo de Memorias de un luthier (Planeta), edición que reúne anécdotas detrás de 50 de las 150 creaciones del grupo. La elección no es arbitraria: después de todo, el libro lleva su firma. “Eran las que tenían algo que decirme, que contarme, que tenían alguna anécdota interesante. Lo vengo escribiendo hace 50 años. Abrís cualquier página y te digo: ‘Esto lo escribí hace 25 años; esto otro tiene 30 años’”. Marcos Mundstock, uno de sus compañeros en la formación, valora el trabajo en el prólogo: “Pienso en su obsesión de coleccionista y cómo valoro y le agradezco, ahora, cosas que al principio me resultaban indiferentes. Por ejemplo, su empeño en grabar los espectáculos de Les Luthiers en video, o en organizar el archivo de partituras, o la base de datos de textos que nos resultan tan útiles a la hora de volver a poner en escena cualquier pieza del repertorio”.

El hábito de recopilación fue “gradual e imperceptible”, recuerda Núñez Cortés. Y, aunque no identifique un suceso puntual, le viene a la mente un nombre: Gerardo Masana, miembro fundador del grupo. “Un día, me acuerdo, estaba en su casa, mirando un instrumento. Vi que arriba de la mesa él tenía una hoja Canson grande, esas de 45 centímetros de largo, donde había pegado unos pocos recortes chiquitos”. Los protagonistas de los titulares ni siquiera eran Les Luthiers, sino I Musicisti, nombre primigenio de la agrupación. “Uy, Gerardo, qué lindo. ¡Tenés alguna copia de estos sueltitos del periódico?”, preguntó a su compañero. Los centímetros, años después, derivaron en metros cuadrados de una pieza colapsada de recuerdos. “Entera, dedicada a todo, todo, pero todo, de lo que se escribió en la prensa y en el mundo sobre Les Luthiers desde 1965 hasta hoy”. Si los conciertos eran fuera del país, a la mañana siguiente Núñez Cortés, tempranero, encaraba rumbo al puesto de diarios. “A ver lo que había salido. En la Argentina, inmediatamente me hice suscriptor de los recortes periodísticos”, rememora. Le llegaban todos los textos que tuvieran la palabra luthier entre sus líneas, aunque también recibía retazos encontrados por fans. “Junté todo. Pero también empecé a juntar cassettes con las funciones: las grababa casi todas. Después, empecé a darme cuenta de que era una locura, y entonces grababa una o dos funciones por gira o por ciudad. También tengo una habitación llena”.

Mundstock agradece que haya sido El Loco —sobrenombre de Núñez Cortés— quien propusiera iniciativas irreverentes en su momento pero hoy lógicas y todavía rentables. En ese entonces, muecas de descontento notó cuando sugirió editar un CD. “Muchachos, ¿ustedes saben que con esta obra, esta y esta, si las juntáramos y ensayáramos bien, podríamos grabar una cinta y después sacar un disco?”, consultó. La respuesta, tajante, no fue definitoria. “Si quieren escuchar, que vengan al teatro: nosotros estamos ahí”, le dijeron. Núñez Cortés fue a buscar a Alfredo Radoszynski, propietario del sello Trova, quien por esos días descubría a Piazzolla. “Lo que hacen ustedes es increíble”, atinó a decir el productor. Sonamos pese a todo fue lanzado en septiembre de 1971. El Loco, coherentemente, seguiría proponiendo locuras: grabar las actuaciones en video. “Ah, no. Eso sí que no. La gente va a poner el video y dejará de venir al teatro”, le argumentaron. Fueron 16 hasta el momento. El último, titulado Viejos hazmerreíres, fue editado el año pasado.

Se define como el fan número uno de Les Luthiers, y vivió esa vida paralela bajo el seudónimo Dr. Oscar, con el que se infiltraba en los foros de seguidores. “De los cinco, soy el que más contacto tuvo con la gente. Apadriné a todos los grupos que aparecieron a lo largo de nuestra historia. Siempre estuve presente en todos ellos”, comenta.

A su última función con el grupo —en el teatro romano de Mérida, España, el 29 de septiembre— llegarán esos fanáticos de varios lares del mundo. “Esa gente no va a pagar su entrada”, revela. Aunque le haya dolido el bolsillo a Lino Patalano, representante del grupo: “Carlos, no podemos dar 50 entradas”. Pero Núñez Cortés no se guardaría nada para el final: “Lino, no te estoy pidiendo 50 entradas. Andá y compralas”.

La familiaridad continuará después de la función. “Alquilaron un hotel para ellos solos”, destaca, entusiasmado. Llevará consigo 50 fotos en las que —la ocasión permite el ego— él sólo es el protagonista y las cuales sus fans deberán reconocer. “Se divide en cinco pasos: Carlitos personaje, bailarín, cantante, autor e instrumentista”, continúa. Habrá premios. “Escalonados”, anticipa. Y prosigue: “Con los que sé que ellos se mueren, pero se mueren: como la partitura de puño y letra de Lazy Daisy (NdR: estrenada en 1977). Ya le saqué fotocopia y la guardé. No sé quién disfruta más”.

 

Añoralgias

Extrañará cosas: lo sabe. “Los aplausos. Que se paren 2 mil personas, griten y te aplaudan: ése es el masaje narcicístico y la gratificación noche a noche. Y la risa: que vos digas algo y tengas al público descuajeringado, rendido a tus pies, muriéndose de risa, largando la risotada”. Podrá darse un gusto del que frecuentemente hablaba con Rabinovich. “¡Qué lindo sería...! Qué suerte tiene toda esta gente que viene a vernos. ¡Y nosotros, no!”, solían bromear. Aún no sabe cuándo será la primera vez. “No lo contemplé todavía”, aclara.

Por el momento, seguirá apoltronándose en su sillón y, junto a su mujer, hará la Claringrilla, tarde a tarde, mientras afuera cae el sol. “Con ella me divierto mucho. Nos encanta. La hacemos con ciertas reglas que inventamos: primero hacemos las definiciones impares, después volvemos a subir con las pares: una ella, una yo”.

La fascinación de Núñez Cortés por las palabras data de largo tiempo. Se convirtió en un verbívoro cuando descubrió el libro Verbalia, del catalán Màrius Serra, quien indaga en los juegos de palabras y diferentes esfuerzos de ingenio literario. “Cuando lo leí se me abrió un mundo increíble. Ya venía estudiando muchas cosas de literatura”, sostiene. El principiante lector, anonadado, se encontraba ante el mapa que le ayudaba a comprender el oro que guardaba la obra de Les Luthiers: dobles sentidos, metátesis, lipogramas, acrósticos, por citar algunos. “Pero se le piantó una”, dice. Aprovechando la fluida correspondencia con Serra, Núñez Cortés se lo hizo notar: “Querido Màrius: es increíble, pero no encontré un solo ejemplo de Homo Teleutones”.

Al recurso —la exageración de una última sílaba para lograr la rima— la había encontrado en la canción Añoralgias, recopilada por “un hombre nacido en el Norte”, el noruego Sven Kundsen. Lo caracterizan así: “Arqueólogo, musicólogo, viajero infatigólogo”.

Obsesionado, pasó años buscando el trasfondo lingüístico de las bromas de Les Luthiers. Al resultado, por lo menos lo pudo monetizar: en 2007 publicó Los juegos de Mastropiero (Emecé), libro en el que explica por qué los chistes del grupo entran como bocados en las panzas y, en algunas ocasiones, las hacen doler. “Hay gente que no entiende una palabra de lo que estás hablando. Y hay otra que las entiende todas: esa sale con la panza llena. La gente se ríe por las caritas que ponemos, por los instrumentos que tocamos, los guiones e, incluso, por algo que está en las antípodas del juego de palabras: el slapstick”, indica.

Para estirar lo que parece caduco en el corto plazo —los integrantes originales de la formación superan, todos, los 70 años—, se había barajado la idea de contar con una compañía que recorriera el mundo, al estilo Cirque du Soleil o Fuerza Bruta. “A mí eso no me gusta. Yo renuncio a los beneficios económicos y materiales que implicarían tener un clon trabajando para nosotros por todo el mundo y que me mandasen los derechos de autor, las regalías. Mi producto terminó acá. Y me quiero despedir bien”.

En algún momento Núñez Cortés se consideró, con grupo incluido, una “oveja negra” en el rebaño humorístico argentino. Ahora, es pura oscuridad. “Me cuesta mucho encontrar cosas que me conecten con humor o con la inteligencia,”, critica. Algo brilla, dice, pero por su ausencia. “Las últimas cosas que me hicieron reír —y qué ejemplos pongo— fueron Alberto Olmedo cuando se sentaba con Javier Portales y hacían de Borges y Álvarez, que era un humor bastante chabacano; o Polémica en el bar con Minguito. Y, si me voy un poquito más atrás, empiezo a recordar con mucha nostalgia a Telecataplúm. Esos programas de humor ya no existen. Ahora, se han convertido en los programas de la cámara oculta o los que filman otros programas”.

Fuera del escenario, su mente no podrá detener ese hábito intelectual irrefrenable de jugar con las palabras. Tampoco él querrá hacerlo. “El humor está presente en mi vida constantemente. Es una manera filosófica de enfrentar la vida. Uno se vuelve más humilde cuando se empieza a reír de sí mismo. Y es muy saludable. Se lo recomiendo a todo el mundo”, afirma. Finalmente, confiesa que buscará recuperar algunas cosas de Fryderyk Chopin, al que Alfred Corcot interpretó de una de las maneras más poéticas. Corcot decía que el quinto dedo era el más importante de la mano. Pianista, Núñez Cortés piensa poco en el piano: “Primero quiero ver si tengo suerte y me opero los meñiques”.

Comentarios3
Ricardo Arrizabalaga
Ricardo Arrizabalaga 12/09/2017 07:19:09

Que Dios te bendiga y muchas gracias!!!

German Ambroggio
German Ambroggio 07/09/2017 06:38:23

Los vi hace unos días en Córdoba y ya los extraño.- Geniales como siempre un lujo

Johan Sebastian Mastropiero
Johan Sebastian Mastropiero 05/09/2017 05:15:59

Gracias, maestro!

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