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El pádel no nació como un deporte pensado en un laboratorio ni como una disciplina diseñada desde cero por una federación. Su origen fue mucho más doméstico: una casa en Acapulco, México, un espacio demasiado chico para construir una cancha de tenis y una solución práctica que terminó cambiando la historia de los deportes de raqueta.

Según la Federación Internacional de Pádel, en 1969 Enrique Corcuera no disponía del espacio suficiente para una cancha de tenis reglamentaria en el patio de su casa de Las Brisas. En lugar de descartar la idea, construyó una superficie más pequeña, de 20 por 10 metros, cerrada por muros de tres metros de altura y con una red en el centro. Esa adaptación, nacida de una limitación concreta, se considera la primera cancha de pádel de la historia.

Por qué la falta de espacio terminó creando un deporte nuevo

La particularidad de aquella cancha fue que los muros dejaron de ser un obstáculo y pasaron a formar parte del juego. A diferencia del tenis, donde la pelota que supera los límites de la cancha corta el punto, en el pádel el rebote contra las paredes se volvió una herramienta táctica. Esa decisión hizo que el deporte fuera más dinámico, accesible y social, con partidos de dobles que podían jugarse en una superficie menor.

Hoy, el pádel atraviesa una nueva etapa de popularidad en clubes, canchas privadas y circuitos profesionales. Su atractivo combina ejercicio, estrategia y una curva de aprendizaje más amable que la de otros deportes de raqueta. Esa masividad impulsó además la producción de estadísticas, análisis especializados y nuevas formas de seguimiento de los torneos profesionales.

Foto: modificada con IA por El Cronista.

En ese contexto, disciplinas como el pádel también ganaron espacio dentro de plataformas deportivas reguladas como Betsson, donde forman parte de una oferta más amplia orientada a usuarios mayores de 18 años.

Para quienes siguen el deporte, conocer su origen también permite entender por qué el pádel tiene una lógica distinta: no se trata solo de pegar fuerte, sino de leer rebotes, ocupar espacios y anticipar la respuesta del rival.

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Este contenido patrocinado fue elaborado con inteligencia artificial generativa y contó con la supervisión, edición y validación de un periodista de El Cronista.