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Los padres que suelen preocuparse porque sus hijos pasan muchas horas frente a las pantallas están de parabienes: estamos llegando a la era de la post- smartphone computing, donde las interfaces se diluyen, las interacciones tecnológicas se naturalizan y el cuadradito de vidrio que nos mantenía hipnotizados durante horas tiende a perder protagonismo. Los botones, los formularios y las ventanas con mensajes incomprensibles podrían comenzar a formar parte del pasado.

La consultora NTT DATA ya identificó esta tendencia en su informe Foresight 2024, donde la denomina ambient intelligent experiences. El informe detalla que el 73% de las personas cita la experiencia del cliente como el factor clave de compra.

Empieza una nueva era. “La tecnología comienza a actuar más como intermediaria entre la intención humana y la ejecución computacional”, asevera Sergio Aguilera, ingeniero en computación y docente de la Universidad de Belgrano.

“En el futuro inmediato el consumo tecnológico tenderá a ser más ubicuo y esto hará que el usuario interactúe con sistemas informáticos sin percibir una interfaz explícita: es el concepto de computación ambiental, en el que la tecnología se integra al entorno cotidiano y responde a estímulos contextuales”, explica.“

Tecnologías como la realidad aumentada, los wearables y los asistentes contextuales van a distribuir la experiencia digital en distintos dispositivos y momentos del día. La interacción será más ambiental y menos concentrada en una pantalla rectangular”, suma Matias Hilaire, CEO y cofundador de la software factory The App Master. “Ya no necesitamos aprender a usar una herramienta: la herramienta empieza a entendernos a nosotros y esto cambia la lógica de interacción”, describe.

Melisa De Carlo, de Baufest

“Vemos una transición desde la interfaz gráfica tradicional hacia modelos conversacionales y, sobre todo, agénticos: no desaparece la pantalla, pero se vuelve un elemento más en un ecosistema omnicanal”, describe César Adán, responsable de digital experience & Tangity para Iberia, IO y Latinoamérica y de consulting para Benelux y Francia de NTT DATA. “Hasta ahora el usuario navegaba interfaces, pero ya aparecen casos en que expresa una intención y un agente actúa por él y cambia lo que se presenta en la pantalla: la interacción deja de ser navegación y pasa a ser conversacional”, explica.

Hacia un mundo Zero UI

“En un plazo de uno a tres años las pantallas no desaparecen: se reubican, del teléfono a gafas, del monitor a un espacio tridimensional, del UI tradicional a una capa conversacional”, afirma Eduardo Laens, CEO de Varegos, especializada en automatización y ciencia de datos, docente universitario especializado en IA y autor del libro Humanware. “El tramo donde las pantallas dejan de ser el centro para la mayoría de interacciones cotidianas es más realista pensarlo en 5 a 10 años”, agrega.

“Transitamos hacia zero UI: la desaparición de la fricción entre el humano y el sistema”, remarca Antonio Safadi, head del centro de innovación y laboratorio de IA Santex Lab. “La tecnología se consumirá de forma omnipresente pero invisible: levantaremos la vista del celular para siempre, la IA no será un destino (una app), sino un copiloto que vive en tus lentes, en tu ropa o incluso en sensores de movimiento”, agrega.

“Zero UI funciona mejor cuando se cumplen tres condiciones: que la tarea sea frecuente y simple, como pagar, identificarse o pedir información básica, que el contexto sea claro para que el sistema interprete qué necesita la persona en ese momento exacto y que la experiencia siga siendo comprensible: aunque la interfaz sea invisible, las personas necesitan entender qué pasa detrás de escena para mantener la confianza y el control sobre la acción”, enumera Paula Pascolini, UX leader de la creadora de soluciones digitales Flux IT.

Connie Demuru, de Destí

“En edición, diseño arquitectónico o desarrollo de software, por ejemplo, el camino del boceto al diseño elaborado se recorre mediante perturbaciones verbales, no clics”, dice Ernesto Mislej, cofundador y chief data scientist de 7Puentes, empresa argentina con más de 17 años de experiencia enfocada en el desarrollo de soluciones basadas en IA. El ejecutivo también destaca otro fenómeno emergente: la IA como coach de especificación. “Herramientas como Claude Code o frameworks de spec-driven development no ejecutan lo que se les pide, sino que primero preguntan, desambiguan y descomponen la tarea hasta pueden construirla: es una interfaz de diálogo orientada a la planificación, más un co-diseñador que un asistente”.

Agentes nada secretos

La piedra angular de esta transformación son los agentes inteligentes. Impulsados por IA y capaces de tomar decisiones y ejecutarlas, su adopción no parece conocer límites. Según el World Economic Forum, los u$s 8500 millones que se invertirán en agentes a nivel mundial en 2026 se convertirán en u$s 45.000 millones en 2030.

“Cuando el asistente conoce las necesidades del humano y puede actuar con criterio, seguridad y límites claros, ahí comienza el futuro sin pantallas”Fabio Grigorjev, Evoltis.

“Primero vimos un declive de las aplicaciones: apps móviles hoy integradas a WhatsApp, un cambio que se fue dando en la medida en que los celulares se convirtieron en un cementerio” de aplicaciones sin usar”, relata Agustín Mendilaharzu, cofundador y CEO de Fex, experta en agentes de IA. “Durante años, mejorar la tecnología significó hacer pantallas más intuitivas, lindas o rápidas, pero hoy el paradigma es el opuesto: la mejor tecnología es la que no se ve y que opera por detrás sin molestar al usuario”, aporta. Y ofrece como ejemplo el proceso de carga de comprobantes con IA desarrollado por su compañía: un proveedor envía un comprobante por mail, la IA lo toma, extrae los datos, los valida contra el sistema de gestión del cliente y, si todo coincide, lo registra sin intervención humana. “Resolvemos el problema sin que el usuario tenga que dedicarle siquiera un segundo: sólo interviene cuando la IA tiene una duda y debe enseñarle cómo resolverla según el flujo puntual de esa empresa”, detalla Mendilaharzu.

Gabriel Antelo, de Globant

“No se trata sólo de cumplir, sino de anticiparnos y es ahí donde la tecnología, inteligentemente puesta al servicio de la persona, habilita lo que necesitamos antes de que se lo pidamos: el usuario deja de operar tecnología y empieza a vivir experiencias asistidas por ella, con una capa de personalización real que conecta y fideliza”, desarrolla Connie Demuru, CEO y cofundadora de Destí powered by BDO, especializada en experiencia del cliente. “En la nueva economía de la experiencia, el valor no está en la interfaz, sino en la inteligencia con la que una marca se integra a la vida de su cliente y reduce al mínimo su esfuerzo”, define.“Lo que antes era un IVR frustrante, hoy puede ser una conversación fluida”, resume Mislej.

Conociéndote… co-no-cién-do-te

Cada persona va a contar con un asistente personal con capacidades agénticas, capaz de comprender contexto, preferencias, restricciones y objetivos, y de actuar en su nombre”, advierte Fabio Grigorjev, chief artificial intelligence officer (CAIO) de Evoltis, empresa especializada en experiencia del cliente. La compañía cuenta con un laboratorio de exploración e innovación llamado Alpha Tech. “En lo personal, estoy experimentando con mi asistente Floyd: con un mensaje de texto seleccionó zapatillas de mi talla y dentro de mi presupuesto, considerando mis preferencias históricas y en pocas semanas realizará mi primera compra casi completa de supermercado, armará el carrito en base a consumo habitual y restricciones dejando únicamente la revisión final y el pago bajo mi control”, relata Grigorjev. “Cuando el asistente conoce mejor que nadie los deseos y necesidades de su humano y puede actuar en su nombre con criterio, seguridad y límites claros, ahí comienza el futuro sin pantallas”, concluye.

“La tecnología más poderosa no es la que se nota, como resumió Jony Ive, el hombre detrás del diseño de la mayoría de los productos de Apple, y si bien se refería al hardware, aplica a los pagos: los mejores son los que no existen para quien los hace”, apunta Nahuel Candia, CEO de Rebill, plataforma integral de gestión de pagos y suscripciones diseñada para empresas en Latinoamérica. “El que tiene que pagar ya no es solo un usuario con un celular: es un agente que no duerme, no olvida y no espera”, dice.

Eduardo Mislej, de Puentes

“Es cada vez más habitual estar a gusto en determinados espacios o sentir que los productos se alinean con nuestros deseos, tanto en el universo digital como en el físico: es porque la tecnología no sólo anticipa lo que queremos explorar y sugerir recomendaciones al vendedor, sino también ajustar el entorno, la iluminación, la música o el contenido digital, según el perfil de cada visitante”, describe Gabriel Antelo, vicepresidente global de Tecnología y Alianzas en Globant. En el mundo, la empresa aplicó estos conceptos en el Intuit Dome, el nuevo estadio de los Los Angeles Clippers. Se desarrolló una arquitectura tecnológica impulsada por IA y analítica en tiempo real que integra más de 500 funcionalidades interconectadas y que incluye una plataforma de identidad digital del fan, sistemas inteligentes de ticketing, ecosistemas de compras personalizados y aplicaciones que conectan la experiencia del público con la operación del estadio. “En los primeros seis meses, las ventas de alimentos y merchandising se aceleraron entre 4 y 8 veces y la satisfacción del público aumentó más de 35%”, dice Antelo.

Nuevos dispositivos para nuevas interacciones

La evolución de los dispositivos también impacta en este proceso. “Los teléfonos móviles empiezan a incorporar IA integrada, por lo que también funciona cada vez más como un intermediario inteligente entre la persona y los servicios digitales”, señala Melisa De Carlo, head de Digital Experience de la desarrolladora de productos digitales Baufest. La ejecutiva se refirió asimismo a la accesibilidad. “El lenguaje natural es una interfaz mucho más inclusiva porque permite que personas con distintos niveles de alfabetización digital puedan interactuar con la tecnología de forma más intuitiva”, remarca.

“El usuario actual es cada vez más exigente, compara dispositivos y no solo evalúa diseño o funcionalidades, sino la calidad, la precisión y la confiabilidad de los datos que recibe y en el ámbito del bienestar, la salud y el deporte, esto es crítico: los datos influyen en decisiones cotidianas sobre entrenamiento, descanso y hábitos”, apunta Solange Bonapelch, gerente de CBG Huawei Argentina. La empresa lanzó el Watch GT Runner 2, un dispositivo que convierte los datos en recomendaciones en tiempo real para el usuario, sin que este tenga que interpretar métricas complejas por sí mismo. Además, cuenta con sistemas propios como TruSense, que integran sensores ópticos, eléctricos y algoritmos para mejorar la exactitud en métricas como frecuencia cardíaca, SpO₂ o estrés, entre otros indicadores clave.

Empiezan a surgir conceptos como “AI on your face” y a acelerarse otros que llevan algunos años en el mercado, pero que hasta ahora no parecían haber dado con las tecnologías adecuadas, como la computación espacial.

De los ojos al cerebro

Los smart glasses ganan protagonismo, con propuestas que van desde los Ray-Ban de Meta hasta los ya transitados Vision Pro de Apple. Laens comparte algunos casos de uso ya productivos: los primeros empujan funciones como traducción en vivo para conversaciones en tiempo real “que anticipan una interfaz ambiental, con menos tecleo y más conversación y contexto”, dice. Los segundos fueron utilizados por la automotriz Porsche, junto a la consultora MHP, para entrenamientos de planta 3D inmersivos.

“Como me gusta correr maratones, tengo unos anteojos de Meta a los que les puedo dar la orden de filmar, tomar fotos, reproducir música o devolver estadísticas de ritmos y distancias con tan solo un comando de voz: la tecnología se vuelve menos visible, pero más presente”, relata Hilaire.

Y esto es sólo el principio. “Aparecen disrupciones aún más profundas, como el AI Pin de Humane, que se prende en la ropa y proyecta info en la mano o responde por voz. O el Neuralink de Elon Musk, que busca conectar el cerebro directo con la computadora para que sea necesario ni mover un dedo”, dice Safadi.

“En el futuro inmediato, el usuario va a interactuar con sistemas informáticos sin percibir una interfaz explícita: es el concepto de computación ambiental” Sergio Aguilera, Universidad de Belgrano.

Carlos Christian Sueiro, abogado y profesor de criminalidad informática, estudioso de este tema, pone el foco en los dispositivos ICC (interfaces cerebro-computadoras). Los del tipo invasivo nacieron en la década del ‘90 para permitir a personas con discapacidad motriz parcial o total controlar dispositivos con órdenes mentales a partir de reconocer las ondas cerebrales que producen nuestros pensamientos. “Actualmente, varias empresas comercializan ICC no invasivos en forma de bandas, vinchas, diademas o cascos neurales”, dice Sueiro, y cita a Emotiv, Neurosky, g-Tec, Brain Access, Brainlink, Bitbrain y OpenBCI. “Así, con solo pensarlo, es posible controlar autos, aeronaves, exoesqueletos, robots, videojuegos, drones y hasta mantener comunicación cibertelepática con otros usuarios de ICC”, enumera.

Como toda disrupción, aparecen numerosos aspectos que las empresas deben tener en cuenta para hacer que esta transición sea exitosa. “Este futuro suena muy atractivo, pero genera problemas vinculados al uso ético de la tecnología, la privacidad de los datos, que serán cada vez más sensibles, y al riesgo de ciberseguridad que conlleva, así como implicancias para las organizaciones, por ejemplo de qué manera reestructurar sus equipos de trabajo para esta nueva ola de experiencias por ser creadas”, detalla Jean del Pino, cofundador de BDP Group, especializada en marketing digital y growth.

Nahuel Candia, de Rebill

En principio, el cambio en la lógica de marketing y de la experiencia de cliente será radical. “El usuario ya no recorrerá el journey diseñado por la marca, sino que interactuará con su agente mientras la interface responde a sus necesidades”, dice Adán. “Un poco más adelante, ni participará de la interacción, por lo que las marcas deberán diseñar también journeys para agentes y no sólo para humanos”, destaca.

“El verdadero salto hacia una experiencia ‘sin pantallas’ no depende de un nuevo hardware, sino de la capacidad de desacoplar la lógica financiera de la interfaz: en lugar de que el usuario se adapte a la estructura de una plataforma bancaria para operar, las finanzas se integran orgánicamente en el flujo de vida o de negocio del usuario”, puntualiza Rodrigo Vidal, cofundador y CEO de Wallbit, banco digital global fundado por cuatro emprendedores argentinos que funciona en noventa países. “El desafío técnico no es la interfaz visual, sino la interoperabilidad y la seguridad en entornos donde una operación financiera puede ser ejecutada por un agente de IA, un dispositivo de voz o un flujo automatizado de pagos, sin que el usuario tenga que interactuar con un botón tradicional”, afirma.

Procesos y responsabilidades

Las empresas deben rediseñar procesos y responsabilidades para un mundo de sensores always-on”, explica Laens. Desde el punto de vista tecnológico, esto implica gestión de identidad, seguridad y gobierno de datos para inputs nuevos (audio, video, entorno), más integración con sistemas core y trazabilidad de decisiones de agentes. En términos de procesos, definir cuándo el agente puede ejecutar versus recomendar, cómo se audita, cómo se entrena al personal y cómo se mide el impacto. “En cualquier caso, la mirada ética no es opcional: privacidad por diseño (consentimiento de terceros captados por cámaras o micrófonos), minimización de datos, sesgos, propiedad intelectual y la gestión del riesgo de ‘automatizar errores’, cuando un modelo alucina y un agente lo convierte en acción”, concluye.“

La disposición a compartir información existe, pero está condicionada: los usuarios esperan beneficios concretos, como mejores precios, procesos más simples o experiencias realmente útiles”, indica Fernando Pedemonte, gerente multiindustrias de la consultora Sonda Argentina.

“Cada vez más empresas van a tener que diferenciarse a través de la experiencia que ofrecen: es probable que veamos algunas híbridas, en que lo digital aporta inteligencia y personalización y lo físico y lo humano brindan conexión emocional”, dice De Carlo. “También deberán encontrar un equilibrio entre crear experiencias cada vez más fluidas y mantener siempre claro qué datos se utilizan, cómo se toman las decisiones y dónde está el control final del usuario”, dice Hilaire.

“El usuario tiene que sentir que la IA es un compañero que está al lado de forma imperceptible y no una persona que lo está vigilando las 24 horas: si logramos esa transparencia, estaremos del otro lado”, sentencia Safadi. De todas formas, las dudas recién comienzan a aparecer sobre la mesa. “¿Quién responde cuando un agente mueve fondos sin supervisión humana? ¿Cómo se regula a una entidad que no tiene ciudadanía ni domicilio fiscal?”, se pregunta Candia.

Pantallas sobrevivientes

¿Todo estos significa que las pantallas tal como las conocemos están en vías quedar agolpadas en el mismo armario en el que están los reproductores de VHS, las caseteras y los teléfonos a disco? En principio, no tan pronto. “El cambio no será uniforme: muchos consumidores todavía prefieren la interacción humana o presencial, en especial en decisiones de compra más complejas, y persisten brechas de habilidades digitales y de confianza frente a sistemas automatizados”, analiza Pedemonte. “La evolución será gradual, híbrida y multigeneracional: durante varios años convivirán interfaces tradicionales con formas de interacción más contextuales, donde la tecnología estará presente incluso cuando no la veamos”, sentencia.“

La tecnología invisible no es una solución mágica para todo; requiere un criterio riguroso para entender cuándo una pantalla aporta valor y cuándo se convierte en una barrera para el usuario: el objetivo no es eliminar la tecnología, sino devolverle su misión elemental, la de mejorar la vida de las personas de forma imperceptible, ética y, sobre todo, humana”, dice Pascolini.

“La visualización estructurada de información sigue siendo fundamental para muchas actividades profesionales como programación, análisis de datos, ingeniería o diseño de sistemas”, enfatiza Aguilera. Mislej enumera contextos donde los dedos y las teclas siguen siendo la interfaz más eficiente. “Un cajero de supermercado tipeando montos, un programador ingresando código, un pianista ejecutando una partitura… en esos casos la acción directa es más precisa y más rápida que la verbalización”.

“Las pantallas no van a desaparecer, del mismo modo que el teclado no desapareció cuando surgieron el mouse o el touch, pero sí dejarán de ser el punto principal de interacción con la tecnología”, dice Hilaire. “La pantalla va a sobrevivir para las decisiones que realmente requieren criterio humano o para las interacciones digitales entre personas”, pronostica Mendilaharzu.

Tal vez Adán ofrece la versión más resumida para entender el futuro inmediato: “No hablaría del final de las pantallas, sino del final de su hegemonía”, concluye.