Una noche del mes de abril Donizete Guidini transportaba 30 toneladas métricas de café por una carretera rural en San Pablo cuando un auto lleno de hombres armados lo obligó a detenerse. Los secuestradores lo llevaron a punta de pistola a una estación de servicio cercana, robaron el camión y la carga, y dejaron a Guidini con los ojos vendados en un cañaveral.

Brasil, el mayor productor y exportador de café del mundo, ha lidiado durante mucho tiempo con el robo de granos por parte de pequeños delincuentes y bandas organizadas. Pero con los precios drásticamente elevados en comparación con años anteriores, los agricultores y los grupos industriales advierten que la temporada de cosecha, que va de mayo a septiembre, podría quedar en el recuerdo como el peor año de la historia reciente en materia de robos.

A principios de este año el precio de los granos de arábica -la variedad que se usa en cafés de alta gama-alcanzó su nivel más alto desde 1977 tras varias cosechas decepcionantes. Desde entonces, la presión disminuyó ligeramente, pero en lo que va de año los valores siguen siendo el doble del promedio de 2023. "La delincuencia es una actividad económica. Desde el momento en que se obtiene una cosecha de café de alto valor agregado, se convierte en un atractivo para los delincuentes", explica Guilherme Derrite, secretario de Seguridad Pública de San Pablo.

Con el inicio de la cosecha en Brasil, los grupos industriales de las principales regiones cafetaleras están implementando nuevas medidas de protección y exhortan a los productores a ser más vigilantes. En abril y mayo, Cocapec, una organización de productores de San Pablo, distribuyó por primera vez folletos a sus cerca de 3000 miembros para advertirles que tomaran medidas preventivas antes y durante la cosecha, como la instalación de cámaras, el refuerzo de portones y el control de acceso a los sectores de siembra y almacenamiento.

"No reaccione ante la violencia: en caso de robo, priorice la integridad física de todos los involucrados", decía el boletín de la cooperativa de café. En mayo Cocapec adoptó para mayor protección un servicio de seguro gratuito para los socios que transportan granos a las instalaciones de almacenamiento.

Algunos incidentes parecen sacados de una película de Hollywood: en junio, ladrones armados irrumpieron en una finca en Vermelho Novo, Minas Gerais, y robaron 95 bolsas de café, con un valor aproximado de 220.000 reales (40.000 dólares), mientras retenían a trabajadores agrícolas como rehenes. Otros incidentes pasaron inadvertidos, como las denuncias de arrebatos de cargamentos de los almacenes durante la noche o ladrones oportunistas que directamente arrancan los granos de los árboles.

Ciertos expertos dicen que el café es más difícil de rastrear que otros productos atacados por asaltantes en el Brasil rural, como ganado o equipo agrícola, lo que lo hace atractivo para los ladrones. Los grupos delictivos distribuyen rápidamente los granos robados a redes de compradores establecidos, con lo cual se limita la capacidad de las fuerzas legales para recuperarlo.

El aumento de los robos es solo el problema más reciente del sector cafetalero brasileño. A pesar de los altos precios y la fuerte demanda mundial, los productores brasileños vieron reducidos sus márgenes de ganancia debido al aumento en los costos de los fertilizantes, los cuellos de botella logísticos, la volatilidad de los precios y las complicaciones climáticas. La cosecha del año pasado fue una gran decepción, afectada por el calor excesivo y por la sequía, y la de este año no pinta mucho mejor para el arábica.

La situación es más positiva en Vietnam, el segundo mayor productor de café del mundo, que tiende a cultivar más la variedad de grano robusta, empleada en el café instantáneo.