Boom low cost

De bailar en los semáforos a tener más de 50 locales: qué pasó con Solo Empanadas

La cadena nació en 1999 y se viralizó con el boca a boca gracias a su campaña de empanadas bailarinas. Pero el boom llegó a su pico y tuvo que reconvertirse.

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En los albores de la crisis de 2001 empezaron a ganar terreno las alternativas de negocios low cost. Locales chicos y económicos que crecían a través de franquicias y le permitían a muchos convertirse en emprendedores en una época de bolsillos flacos. Así nacieron cadenas de pizzas y medialunas baratas las cuales se multiplicaron. Sin embargo, una de ellas se enfocó en las empanadas y se popularizó gracias a una estrategia de marketing que incluso hoy sigue en el recuerdo de muchos.

Que cambie el semáforo a rojo y tener que esperar de vuelta la luz verde puede ser uno de los instantes más monótonos y aburridos arriba de un auto. Pero todo podía cambiar cuando un ejército de personas disfrazadas de empanadas aparecían bailando en la senda peatonal y regalaban humeantes muestras gratis a los conductores. Solo Empanadas fue un fenómeno viral del boca a boca en la época pre-redes sociales. Esta campaña llevó a que casi todos en Buenos Aires conocieran a esta marca nacida en 1999.

Los inicios de Solo Empanadas

Alejandro Correa Mesones, Pablo Fuentes y José Mario Remón abrieron su primer local en Belgrano. Los primeros meses fueron a pulmón. Los tres hacían todo tipo de tareas, desde picar cebollas hasta atender el teléfono o repartir los pedidos. Incluso Remón tuvo que vender su auto para financiar aquella primera sucursal.

Las empanadas bailarinas fueron un fenómeno de boca a boca que popularizó a la marca.

El bajo precio por unidad, con promociones atractivas, y su calidad acorde hicieron crecer el interés por Solo Empanadas. A esto se le sumó el gran éxito de su campaña en los semáforos porteños. En poco tiempo llegaron a tener 15 locales y en ese momento los socios decidieron dejar el trabajo operativo para administrar la expansión de la marca.

Expansión internacional y crisis

Para 2004 la cadena contaba con 50 franquicias en operación y otorgaban alrededor de 10 licencias cada año. El próximo paso era abrirse a otros mercados de la región. Primero llegaron a Quito con una franquicia a mitad de ese año y unos meses después abrieron la segunda.

Las empanadas se enviaban por barco en contenedores con capacidad para 12.250 docenas. Estas se conservaban en cámaras de frío criogénico a 18 grados bajo cero. La idea era replicar esta misma metodología para las siguientes aperturas proyectadas en Estados Unidos, España, México, Brasil y Uruguay.

Alejandro Correa Mesones y Pablo Fuentes, dos de los fundadores de Solo Empanadas.

No obstante, el boom low cost empezó a decrecer. Se multiplicó la competencia por lo que diferenciarse se volvió más difícil. Y a medida que la economía se recuperaba, los consumidores compraban con menor frecuencia en estas cadenas.

En octubre de 2009 se declaró la apertura del concurso preventivo de Solo Empanadas SA. Siete meses antes, Franquicias Argentinas SA, perteneciente al mismo grupo y encargada de desarrollar las franquicias de la cadena, había solicitado también su apertura concursal. Un año después, la Justicia la declaró en quiebra.

La vuelta al baile

Después de un tiempo en un limbo, Solo Empanadas regresó de la mano de Divaflo SRL, dueña de las cadenas Morita, Kiosco de Empanadas, Todo relleno y Directo de fábrica.

En su regreso al "baile", Solo Empanadas volvió a apostar por los disfraces.

"Volvimos al baile", asegura el sitio oficial. Lejos de los grandes números de su boom, la marca se mantiene activa en varias provincias. Hoy cuenta con 21 sucursales de las cuales 5 están en la Ciudad de Buenos Aires y tiene presencia en Bariloche (1), Rosario (8) y Entre Ríos (2).

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