

El simbolismo, la religión, las comidas típicas y las costumbres que cada familia tiene para celebrar la Navidad hacen que sea una verdadera fiesta, de esas que se esperan todo el año. Sin embargo, hay que tener en cuenta que además del clásico festejo familiar hay distintas formas de rememorar esta festividad en diferentes puntos del país, y hacer de ella una experiencia verdaderamente inolvidable.
La calle de la Navidad
Mar del Plata tiene una propuesta muy especial, casi mágica, para celebrar la más importante de las fiestas religiosas. Se trata de una auténtica calle de la Navidad, que nos remonta allá por los años 70', cuando la familia Kroplis decidió adornar el jardín de su casa en la calle Olazábal con motivos navideños, rememorando viejas costumbres de su país de origen, Ucrania. Don Kroplis y su hija fueron los artífices de esta idea y su vivienda, llamada "la casita de navidad" y construida con maderas de la rambla, está desde aquel entonces abierta al público todos los años entre el 8 de diciembre y el 6 de enero. Afortunadamente, cada vez son más los vecinos de la -ahora- famosa calle Olazábal que se suman a esta iniciativa y decoran sus casas para formar parte de este paseo. Completan la propuesta shows musicales, desfiles en vivo y stands de artesanías y comidas.
Pesebre viviente en Caviahue
El cálido pueblo de Caviahue lleva a cabo una actividad navideña muy especial desde hace más de 15 años. Cada diciembre, rememorando el nacimiento de Jesús de Nazaret, se realizan allí distintas actividades para las familias de la región y turistas provenientes de todo el país. Pero el plato fuerte es la apertura de la celebración, que se lleva a cabo la noche del 24 en el Centro de Convenciones de Caviahue. La fiesta comienza con un show de fuegos artificiales que anuncia la llegada de Papá Noel, quien hace entrega de obsequios a todos los niños presentes. Luego se realiza la puesta en escena del Pesebre Viviente el que, a partir de una llamativa escenografía, iluminación y vestuario, transporta al espectador a través de los hechos de la Biblia, desde la creación del universo hasta el nacimiento de Jesús. La celebración culmina con un brindis y un gran baile de Navidad.
Cabe destacar que durante los mese de enero y febrero se realizan varias presentaciones de este espectacular pesebre para que puedan apreciarlo los turistas que visitan el lugar.
Ciudad de Navidad en Salta
El barrio de Villa las Rosas, situado en la capital salteña, es famoso desde hace casi 50 años por su celebración navideña única en el país: un pesebre viviente representado por más de 300 actores en un escenario natural. La convocatoria y el planeamiento de este espectáculo comienza varios meses antes cuando, una vez elegidos los participantes, los profesores comienzan a entrenarlos para su desplazamiento en escena y, fundamentalmente, sobre el cerro Capitán. Las presentaciones tendrán lugar todos los días entre el 25 de diciembre y el 6 de enero a las 21 horas, e incluirán efectos lumínicos y especiales, sonido digital, fuegos artificiales y música en vivo.
La Navidad jujeña
En la provincia de Jujuy, la Navidad tiene tres rasgos característicos: los pesebres, el baile de las cintas y las bandas de sikuris, grupos de más de 30 personas que interpretan música andina en las celebraciones religiosas.
La historia de los pesebres jujeños se remonta a 1898, cuando Don Toribio Tolaba armó el primero en su propia casa, situada donde hoy se alza la Casa de Gobierno de la provincia, frente a la Plaza Belgrano. Según cuenta la leyenda, un matrimonio de españoles proveniente de Cuzco le obsequió una imagen del Niño Jesús para que fuera adorado por todo el pueblo durante las fiestas. A comienzos del siglo XX, el pesebre de Don Tolaba ya era famoso congregando a muchos peregrinos que se acercaban a conocerlo. La construcción de la Casa de Gobierno en 1924 obligó a Don Toribio a trasladar la famosa imagen, primero hasta su nuevo hogar y luego, en 1935, a un oratorio situado sobre la margen izquierda del río Grande, cerca del arroyo Los Suspiros en el barrio Chijra. Tal es así que desde hace más de 100 años el antiguo pesebre es preparado por los descendientes de Don Tolaba cada Navidad para que los fieles y turistas puedan admirar la antigua imagen.
El otro plato fuerte de la Navidad jujeña es la Danza de las Cintas, un singular baile que se lleva a cabo en torno a un palo incrustado en el jardín de la casa o el atrio de la iglesia del barrio, cercano al pesebre a venerar. Se realiza desde el 20 de diciembre hasta el día de Reyes y participan grupos de ocho a 16 niños y niñas que sostienen una cinta de color que va unida a la punta del palo. El poste o árbol representa la llegada de la primavera y la fertilidad para fecundar los surcos, el ganado y las mujeres, por eso es decorado con los colores que simbolizan los frutos y se baila a su alrededor al son de villancicos. z we










